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sábado, 4 de enero de 2014

Algo más sobre los egregor



Eliphas Levi, entre otras cosas denomina a los egregor "príncipes de las almas", pero esto nos indica poco sobre su naturaleza, en mi opinión son más explícitas otras citas de su “Historia de la Magia” .

Por su parte Rizardo da Camino, en su "Diccionario Masónico", dice que es un "Cuerpo Místico que se forma con sus propias peculiaridades, después de la apertura del Libro Sagrado, cuando todos se unen con las mentes para el acto de crear".

También menciona el concepto el martinista ruso Gregory Ottonovich de Mebes en su obra “Curso Enciclopédico de Ocultismo” y los relaciona con la construcción colectiva, aunque en concreto con determinadas "construcciones" iniciáticas, religiosas o filósoficas, digamos que habría una interacción, éstas formarían construcciones egregóricas -por la unión, más bien, catarsis, de energías que provocan- y a su vez representarían egrégores y serían reforzadas por la construcción egregórica -en cierto modo los símbolos pueden ser "iconos egregóricos", el gallo para Francia o el león británico-. Observese que da Camino y Ottonovich no se contradicen.

El egregor como unión de energías humanas

Con esto enlazariamos con la idea de egregor como unión de energías en cierta medida fruto de la acción humana, más que elementos énticos como indica Eliphas Levi serían energías personificadas o identificadas con ciertos procederes colectivos humanos -lo cual, por otra parte, no impide necesariamente que adquieran una ontología derivada de ese constructo humano, en ese sentido podrían adquirir características entícas, lo cual no haría entrar en contradicción esta visión con la de Eliphas Levi-.

Todo ello tampoco estaría en contradicción con la conceptualización de egregor desde la Magia del Caos -la iniciada por Austin Osman Spare-, para la que el egregor es en primer lugar un centro de conciencia dévico, y por "dévico" se entiende las reacciones que en el espacio produce cualquier estado de conciencia humana.

Desde esa perspectiva se trataría de un ente primordial formado por un grupo de personas que "suman" o "materializan" en algo concreto -un "todo" o un "ente"- de sustancia mental o psíquica generada por la unión de sus estados de conciencia. Eso no implica, como antes decía, que una vez generado el ente no adquiera "vida" propia y, también, fuerza y voluntad propia. Siendo de ese modo independiente de quienes lo han creado o alimentado.

Constructo psíquico y arquetipo

A un nivel racional un egregor sería un cosntructo psíquico, algo así como "un ser psíquico de carácter colectivo" -definición ésta de la Magia del Caos-.

Podría definirse también como un alma grupal y arquetípica -recordemos que los arquetipos son, siguiendo a Jung, figuras creadas por el inconsciente colectivo, ciertamente Jung se queda en lo simbólico y aquí se da un paso más allá en la idea- estrechamente ligada a una comunidad -la que sea- que la ha generado y que hasta cierto punto esta vinculado -e incluso puede dirigir- el destino de esa comunidad.



Jorge Romero Gil



Bibliografía

Da Camino, Rizardo, Diccionario Masónico

De León, Moshé, El Zohar, Ediciones Obelisco (en curso de publicación)


Graves, R., y Patai, R., Los mitos hebreos, Editorial Losada, Buenos Aires, 1969


Graves, R., Los mitos griegos

Jung, C. G., Arquetipos e inconsciente colectivo, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona, 1970


Levi, Eliphas, Historia de la Magia

Ottonovich de Mebes, Gregory, Curso Enciclopédico de Ocultismo


Spare, Austin Osman, El libro del Placer




viernes, 6 de enero de 2012

Los Egregor




La palabra egregor deriva  del griego “egregoroi”, que también puede transliterarse por “grigori”, su significado es “vigilantes”. Dado que es una palabra griega en el Tanaj no aparece, pero en las versiones griegas añadidas a la Septuaginta original –la Torá- se encuentra en el Libro de las Lamentaciones y en los apócrifos Libros de los Jubileos y Libro de Enoc.

Definición de los Egregor como seres

Existen dos versiones respecto a que es un egregor, tanto de los apócrifos como de los derivados de los añadidos de la Septuaginta no se puede discernir gran cosa, si bien parecen mencionarse como seres.

En parte así lo entiende Eliphas Levi, si bien no exclusivamente, pues si en “El gran arcano” los considera “entes” que deben entenderse como peligrosos –por no decir en extremo peligrosos- a causa de la enorme energía o fuerza que tienen y su absoluta ignorancia de la existencia de lo humano –si sirve la metáfora, son tan peligrosos para los humanos, como los humanos para una hormiga: ambos pueden pisar al otro ser sin siquiera darse cuenta que lo hacen-. En su “Historia de la Magia” dice lo siguiente:

“Porque hay un medio compuesto, un medio natural y divino, a un tiempo corpóreo y espiritual, un dúctil mediador universal, un receptáculo común de las vibraciones móviles y las imágenes formales, un fluido y una fuerza que, en un sentido al menos, puede llamarse imaginación de la Naturaleza. Por mediación de esta fuerza cada aparato nervioso se comunica secretamente; de allí derivan la simpatía y la antipatía, los sueños, los fenómenos de la segunda visión y de la visión extranatural.”

Y apostilla:

“Esta fuerza es ciega, de por sí, pero la dirigen los Egrégores, es decir, los jefes de las almas o, en otras palabras, los espíritus energéticos y activos.”

(Eliphas Levi. “Historia de la Magia”, páginas 15-16)

Aquí la visión “entica” sin perderse se matiza, pues ya no nos encontramos exclusivamente ante un determinado tipo de seres sino de un “fluido y una fuerza” de la que, obviamente, se componen y la dirigen los “egrégores”.

Curiosamente esta concepción enlaza con la que presenta el Zohar cuando describe las fuerzas “angélicas” más básicas. En el Zohar se habla de las "siete moradas de los ángeles" -Zohar I40a-I40b- y en realidad lo que se hace allí es expresar funciones y atributos de la divinidad misma, no personificaciones, por eso hay que acudir a la textualidad, así puede leerse: "la primera región empezando por abajo es una porción de espacio en la que no hay luz alguna. Los ángeles que la habitan son como huracanes, que se dejan oir pero que no se ven; son invisibles y no tienen ni luz, ni tinieblas, ni color. Son inconscientes de su propia existencia al carecer la región de forma alguna"

¿Cabe pensar aquí que se habla literalmente? Cabe, pero sería un error, el Zohar no habla de planos o regiones físicas sino de cualidades, ahí hay una referencia a una fuerza primordial -en cierto sentido semejante a los egregor-, que se conecta con la idea de "emanación" -las sefirot son emanaciones de la "ratzón" o voluntad limitada de D_os-, lo que lleva directamente a la deidad, a Hashem.

Volviendo a Eliphas Levi, más adelante, vuelve a considerar a los egregor “inteligencias”, luego “entes con consciencia propia” –otra cosa es que la tengan o no de la existencia de lo humano- cuando dice:

“Si tal es el poder del hombre en el mundo que él domina, ¿cuál deberá ser el de las inteligencias que gobiernan a los soles? El último de los Egrégores, con un soplo y dilatando de repente las calorías latentes de nuestra tierra, podría destruirla y reducirla a una nube de polvo.”

(Eliphas Levi. “Historia de la Magia”, página 314)

Digamos que Alphonse Louis Constant (Eliphas Levi) entiende por una parte que se está hablando de una fuerza, de una energía, en cierto modo inconsciente pero, a la vez, consciente de sí misma, luego de algo con ontología propia, precisamente de ahí derivaría el riesgo para los humanos, del hecho de que pueda tomar sus propias decisiones, derroteros, sin siquiera darse cuenta de la mera existencia humana ni, por supuesto, de las intenciones o voluntad de quién o quienes la hayan convocado y puesto en marcha.

Tipos de egregores

Algunas clasificaciones hablan de tres tipos de egregores. El primer grupo lo formarían espíritus de la naturaleza que han logrado permanecer a lo largo del tiempo, este es un tipo "éntico", con consciencia de si mismo -a diferencia de lo que indicaba Eliphas Levi y parece desprenderse del Zohar-. Por otra parte estarían asociados a lugares concretos y elementos concretos, lo cual nos remite a ideas como la de ondinas, sirenas y otros seres míticos o deidades menores asociadas a un sitio determinado -los lares y penates, sin ir más lejos-. Este grupo, además, estaría vinculado a una cosa muy curiosa en relación a la goecia: la fe. En efecto, su existencia se condicionaría a los rituales que los mencionan y que al hacerlo... les dan vida, pero no solo al ritual sino a la creencia en la validez del mismo -cosa, básicamente, innecesaria en la goecia-.

Otro grupo de egregores dependerían única y exclusivamente de la capacidad humana de creación. Así estos serían fuerzas puramente psíquicas generadas por la mente humana, pudiendo ser creadas consciente o inconscientemente. Estos son los egregores que interesan a la magia del Caos y que interesaban a Austin Osman Spare, obviamente tanto una como otro pretendían dominar de forma consciente dicha creación, pero no tan solo la creación sino el manejo de esas fuerzas, cosa que consideran altamente difícil y arriesgada. Así su creación -según la magia del Caos- sería relativamente factible pero su control de una alta inestabilidad y nula seguridad. La generación inconsciente de los mismos podrían ser obra de un grupo humano concreto y vincularse, también, a lugares, pero en este caso de creación humana no lugares naturales, esos egregores de generación inconsciente se podrían situar en casas, obras o similares.

La tercera categoría es, hasta cierto punto, síntesis de las dos anteriores, se precisa la acción humana en la generación y depositar fe en que dicha generación producirá "fuerza espiritual", nuevamente esto es muy poco coincidente con la goecia, que contempla el factor fe como de muy escasa importancia en relación a los resultados. Coincidiría más con la goecia los planteamientos rituales, en cuanto que el ritual equivaldría a la forma o formula mediante la cual proceder a la generación de estas fuerzas o entes, ahora, como se ha dicho, la necesidad de depositar fe colectiva en el resultado de un ritual o ceremonial colectivo es del todo ajeno a la goecia. Aquí se mezclaría la necesidad de "gnosis" -en este caso dirigida a saber para que sirve y como se realiza el rito o ceremonia- y de fe -en la validez de lo que se práctica-. Hacia la búsqueda de tales teóricas fuerzas se dedican grupos iniciáticos "gnósticos" que entienden por "gnosis" un saber secreto, compartido solo por elegidos -luego es elitista- y que tienen "fe" en el mismo. La necesidad del factor "fe" aleja, curiosamente, de lo fundamental de la idea de "gnosis", la "gnosis" no precisa fe, de hecho la fe se asocia a lo milagroso, y lo milagroso, en puridad, no se asocia a lo mágico sino a lo religioso. Por eso mismo, es una incongruencia hablar de "gnosis" y necesidad de aplicar "fe". Digamos que resulta paradójico, lo cual, dicho sea de paso, forma parte del Universo -nos referimos a la paradoja-

Los Egregor entendidos como creación mental

Desde la Magia del Caos el concepto es diferente, digamos que más psicológico, seria algo definible a partir de lo arquetípico y de un inconsciente común. Ahora bien, ese inconsciente debiera surgir a un cierto nivel consciente para poder generar un egregor  -a es surgir desde lo inconsciente o subconsciente al control de lo consciente apunta la técnica de los sigilos perfilada por Austin Osman Spare y ampliamente utilizada en la Magia del Caos.

En ese sentido, seria una fuerza mental común la que facilitaría la generación de un egregor, para lo cual se necesitaría de una invocación colectiva que, más que invocación o evocación de algo preexistente generaría algo a partir de la voluntad de los participantes.

Debe recordarse que en toda hipótesis mágica esta se produce a partir de la voluntad y para satisfacer la voluntad –con total indiferencia de la intencionalidad de dicha voluntad-. Un “magus” no es alguien con tipo de poder alguno, en teoría, sencillamente es alguien que emplea determinadas técnicas en beneficio de sus objetivos. El “magus” no tendría así poder alguno más allá del que le otorguen sus conocimientos o sus capacidades –entendidas como “gnosis” no como “don”-.

Quedaría la cuestión de saber si, a partir de esa definición de egregor, desde un solo individuo existiría la capacidad de generarlo o convocarlo –recordemos la historia de Kelly y Lilith, sea cierta o no, ejemplificaría una generación individual o, en la hipótesis de Levi, una evocación individual-, aquí tendríamos que examinar la posibilidad si a partir de los sigilios de Spare y desde el inconsciente individual y personal se podría realizar lo propio que de una manera grupal.

Una fuente de energía

En cualquier caso parece dominar la idea de una fuente de energía que es convocada, evocada o invocada y que o bien tiene ontología propia o bien la adquiere –volvemos a indicar que esa ontología sería la que generaría los riesgos.

De alguna manera es como si un arquetipo, tal y como los define Jung, adquiriera consciencia de “ser” no simplemente de “modelo” –de tipología-, así se podría pasar de un personaje o una institución abstracta a algo con vida propia –sería algo así como cuando un novelista o narrador dice que “sus personajes adquieren vida en un momento dado, y parece que dicten ellos el transcurso de la narración, casi de manera ajena a como lo desencadenó inicialmente el autor-.

De ese modo desde un club de fútbol hasta un mito podrían “egregorizarse”.  En el sentido de que serían algo más que lo que inicialmente se había creado. Adquirir “vida propia” es una forma de adquirir un tipo de “consciencia” y, en ese sentido, de “yo”. Con lo cual cerraríamos el círculo de este particular “uróboros” y se fundirían o compatibilizarían el enfoque como “ente” de Eliphas Levi y el de “creación del pensamiento” a partir de lo inconsciente. Sin embargo, en ninguno de ambos casos… se precisaría fe, solo intervención y/o acción humana.


Jorge Romero Gil


Bibliografía

De León, Moshé, El Zohar, Ediciones Obelisco (en curso de publicación)

Graves, R., y Patai, R., Los mitos hebreos, Editorial Losada, Buenos Aires, 1969

Graves, R., Los mitos griegos

Levi, Eliphas, Historia de la Magia

Spare, Austin Osman, El libro del Placer



martes, 27 de diciembre de 2011

Lilith y la goecia




 Según la goecia existe una forma de llamar a Lilith, de convocarla, se dice que la invocación en cuestión es el texto de un mensaje, entregado por una ente sin identificar a Sir Edward Kelly en 1592 en el transcurso un ritual de adivinación, vaya, siguiendo el método de lo que en estos asuntos y casos se llama "canalización" -Kelly hizo de "canal" o "puente" de la entidad-.

El enoquiano

Kelly, junto con John Dee (Astrólogo y ministro de la Reina Isabel I de Inglaterra), dieron forma a lo esencial del lenguaje y los ritos enoquianos, afirmando que el idioma era antediluviano y que recibía su nombre por Enoch, también por ello lo consideraban adecuado para contactar con entes primigenios, dado que, en su teoría, el enoquiano humano era altamente parecido al lenguaje de esos seres, lo que lo convertía en vehículo ideal para el sistema de magia Enoquiana. Para variar, la reconstrucción de ese lenguaje se realiza -al menos presumiblemente- por la vía de la "canalización", aunque no es descartable que Dee y Kelly utilizasen documentación para ello -grimorios diversos, lo que no significa en absoluto que lo en estos pusiese fuese cierto, naturalmente-.

Edward Kelly

Edward Kelly era ayudante y discípulo de John Dee. Se dice que intentó poner en práctica la invocación que le había facilitado el ente, y que la visión parcial de la entidad invocada -ni siquiera su aparición o materialización completa- provocó un pánico incontrolable en el experimentado Kelly -se supone que acompañaba a Dee en sus prácticas rituales y en la convocación de espíritus-, que dejó a medias el ritual en cuestión, esfumándose aquello que estaba siendo convocado. Esto asustó de tal modo a Kelly que dejo de practicar ritos de magia de ese día en adelante.

Edward Kelly no llegó a identificar taxativamente a la entidad, recordemos que ante el horror que le despertó detuvo el rito sin terminarlo. Pero se dice -y Kelly lo sospechaba- que era el Egregor de Lilith el que se estaba materializando.

Es preciso indicar que Kelly –a diferencia de Dee- tiene mala fama, digamos que algunas versiones apuntan a que era un charlatán hábil y generalmente afortunado que, mediante diversos trucos y su propio carisma, convenció  a John Dee –figura importante en la corte de Isabel I de Inglaterra- de la veracidad de sus artes. Dee no debía ser, en realidad, demasiado difícil de convencer, tan solo hay que atender a su propia obra. El caso es que engañase Kelly o no a Dee, este último se dedicaba intensa y profusamente al ocultismo, como lo atestiguan sus intereses. 

 En 1564, Dee escribió la obra hermética Monas Hieroglyphica ("La mónada jeroglífica"), en la que presentó un glifo de su propio diseño, queriendo expresar la unidad mística de toda la creación. A partir de 1580 se vuelca casi completamente hacia el ocultismo y lo sobrenatural, conoce a Kelly en 1582 y se ocupa y preocupa por descubrir "el lenguaje de los ángeles", de ahí surgirá sus investigaciones sobre el enoquiano, que considerá el lenguake de Enoch y el idioma "antediluviano" y, por tanto, próximo a entes como ángeles o dáimón. No obstante, casualmente, el enoquiano, que se supone deriva de una canalización, siendo un idioma artificial sigue, demasiado casualmente, la estructura lingüística... del inglés. Ni en Kelly ni en Dee cabe descartar el engaño o el autoengaño, claro, que también se puede considerar sus escritos criticamente, y considerarlos a partir de lo que dicen, el problema del enoquiano es que lo que dice es que... su estructura es muy similar al inglés. Pero, a fin de cuentas, no sabemos si hablan algo ángeles y dáimón, aunque para eso primero debieran existir esos entes más allá del mundo de lo imaginario.

Egregor

Un Egregor se supone que es un espíritu o fuerza espiritual, cuya aparición es generada por la suma de energías físicas, emocionales y mentales almacenadas y desencadenadas por un ritual. La palabra proviene del término griego "egregoroi" y significa "velar", "guardar" o "estar de guardia". Parece ser que a Kelly se le ocurrió llamar al "Egregor de guardia" cuando la "guardia" la hacía Lilith, cosa que atemorizó un poquito a Kelly. Ignoramos exactamente porqué, dado que Lilith es una buena mala chica, sólo fastidia a quién se mete con ella, ¡a saber que intenciones llevaría Kelly"


Jorge Romero Gil


Bibliografía

Dee. John, Mysteriorum Liber Primus

Dee,John, Miysteriorum Liber Secundus

Dee. John, Mysteriorum Liber Tertius

Fell-Smith, Charlotte, John Dee, Constable & Comoany Ltd., Londres. 1909