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sábado, 4 de febrero de 2012

Canalizaciones y mediumnidad



La canalización es una de las supuestas manifestaciones de la mediumnidad. En puridad se trataría de una de las variantes de los fenómenos que afectarían a las personas que, teóricamente, dispondrían de la capacidad de médium.

Un médium sería una persona que tendría una sensibilidad especial que le permitiría entrar en contacto con otros hipotéticos planos dimensionales o espirituales. En ese sentido, sería un “vehículo” por el cual se podría comunicar con dichos planos y los hipotéticos entes que se encontrarían en ellos. La comunicación podría establecerse por voluntad del médium o del ente, en ambos casos el médium estaría en estado de trance, lo que cambiaría es la iniciativa de la comunicación.

Las canalizaciones


Las canalizaciones se producirían de forma no intencionada por la persona poseedora de la

mediumnidad sino por voluntad del ente contactante. De esa manera el ente iría al encuentro de un vehículo por medio del cual establecer una comunicación, en general, se supone, que para transmitir un mensaje.

De hecho, casi todo caso de canalización que se ha hecho público suele ir acompañado de un mensaje o una revelación; otra formula cercana –por no decir idéntica- a la canalización serían las prácticas de escritura automática y, en general, toda forma de hipotético contacto que implique médium como vehículo, estado de trance, y algún resultado más o menos inteligible y material de ese teórico contacto –escritura automática, pintura, un mensaje concreto, etc.-.

Aquí interesa observar algunos casos conocidos cuyas resultantes serían más que mensajes revelaciones si se ha de creer lo que dicen sus protagonistas. También hay que algunos de esos protagonistas han dado versiones distintas respecto al origen de esas revelaciones –tan diferentes como que según la versión esgrimida existiría o no canalización.

Helena Balvatsky y Kuthumi


Helena Petrovna Blavatsky es conocida por ser, sino la fundadora, como mínimo figura fundamental de la Teosofía, piezas clave de sus obras son “Isis desvelada” y “La Doctrina Secreta”; pues bien, la propia Madame Blavatsky atribuyó la creación de parte de esos textos a un supuesto contacto con un tal “Maestro Kuthumi”, cosa que se ha interpretado como una canalización por parte de un presunto ente espiritual.

La Teosofia tiene claroscuros, una importante parte del conjunto de la obra de Helena Blavtasky puede entenderse como un ejercicio de religiones comparadas, con resultados de notable alcance.

Sin embargo, cuestiones como el ejercicio de la mediumnidad –sea por la vía de la canalización o del espiritismo, cosa, esta última, muy popular en ciertos círculos a finales del siglo XIX- restan seriedad al trabajo de Blavatsky, aún más cuando parte de sus estudios los atribuye a algo exterior a ella y de difícil catalogación –y aún más difícil comprobación-.

De hecho, los problemas de credibilidad de Helena Blavatsky no vinieron ni por su labor en las religiones comparadas, ni por su contribución, a partir de ahí, al esoterismo moderno, sino por esas otras pretensiones o atribuciones “énticas”.

Si bien, Blavatsky, describía sus contactos no como un proceso de “mediumnidad pura” sino como “tulku”, según ella mediante ese método gúrus y mahatmas vivos que de forma astral le trasmitían lo que debía escribir.

Eso mismo ha facilitado alguna interpretación que identifica a “Kuthumi” con una figura que ejerció influencia en Blavatsky, no necesariamente por esa vía del “tulku” sino por sus encuentros personales, se trataría de Sardar Singh Thakur Sandhanwalia (1837-1887), figura importante tanto en el independentismo indio como en los movimientos de renovación de la religión sij. Según esa interpretación “Kuthumi” no sería sino una referencia alegórica a esa persona.

Aunque Madame Blavatsky no llegó a aclarar tal punto, solo dijo que “tulku” no implicaba contacto con “espíritus de los muertos”.

Aleister Crowley y Aiwass


El caso de canalización más conocido en el caso de Aleister Crowley es el que él mismo atribuyó a un ente llamado “Aiwass” que, según Crowley, contactó con él en su noche de bodas en el El Cairo, en 1904, para trasmitirle el contenido del “Liber Al Vel Legis” o “Libro de la Ley”, que expone las bases del concepto de “Thelema”; según Crowley –o Aiwass, según a quién se le desee dar crédito o mérito- y su famoso y fundamental principio “haz lo que quieras”.

El Aiwass de Crowley tiene un perfil egipcio –no en vano contacta en El Cairo-, mientras que el Kuthumi de Blavatsky lo tiene hindú, de hecho, el lenguaje empleado por Crowley en el “Libro de la Ley”, las alusiones al antiguo Egipto y sus divinidades son constantes, desde su mismo comienzo:

1. ¡Had! La manifestación de Nuit.
2. La develación de la compañía del cielo.
3. Todo hombre y toda mujer es una estrella.
4. Todo número es infinito; no hay diferencia.
5. ¡Ayúdame, oh, guerrero señor de Tebas, en mi develación ante los Niños de los hombres!

 

No obstante, tenemos otra versión menos misteriosa y, digamos, más mundana del contenido de esa obra, es del propio Crowley, que se remite a Rabelais y a su utopía de la abadia de “Thélème” que aparece en su obra “Gargantúa”. Si bien Rabelais da un contenido de fondo bastante distinto a su “thélème”, en relación al sentido de “haz tu voluntad”, que al que muestra Crowley.

Otros casos de supuestas revelaciones

Existen otros casos que aducen la idea de canalización como forma de trasmisión de uno u otro contenido o revelación.

Uno muy conocido, y bastante más reciente que los expuestos anteriormente, seria el caso del llamado “Libro de Urantia”, teóricamente anónimo en relación al vehículo de la canalización e incluso en la supuesta autoría, dado que se atribuye a “diversos entes” que hacen el contacto y la teórica revelación.

Aunque se indica como recopiladores de su contenido a William Sadler y su familia entre 1923 y 1939, fue publicado por primera vez en 1955 en los Estados Unidos, y a su alrededor se ha creado una Fundación no exenta de polémica. Pero eso, como diría Kipling, es otra historia. 


Jorge Romero Gil


Bibliografía

Blavatsky, Helena Petrovna, Isis desvelada

Blavatsky, Helena Petrovna, La Doctrina Secreta

Crowley, Aleister, El Libro de la Ley

Fundación Urantia, El Libro de Urantia

Rabelais, F., Gargantúa

Regardie, I., La Aurora Dorada. Un Compendio de las enseñanzas, ritos y ceremonias de la Orden de la Aurora Dorada. Revisada y aumentada. Editada en cuatro volumenes. Luis Carcamo Editor, Madrid.



 

jueves, 22 de diciembre de 2011

Thelema. Algunas variantes




Nietzsche no necesita el cristianismo, lo que quiere es que éste desaparezca y olvidarse de él. Lavey, sin embargo, lo necesita, básicamente al Dios cristiano -tal vez con otro deidad enfrente funcionase, pero precisa un Dios al que enfrentar a su Señor-, porque Lavey basa su culto en una dualidad, en unos opuestos.

La postura de Nietzsche no precisa nada del cristianismo, solo desea su eliminación, una vez desaparecido las bases de su filosofía incluido el elitismo siguen no solo intactas sino que saldrían reforzadas en ciertos aspectos. Sin embargo, Lavey, resulta que...se quedaría sin base alguna en la que sostener la postura de su Señor, sin enemigo ¿como va a haber guerra? ¿como sostener una perpetua dualidad sobre uno? Es imposible.

Thelema

Quería comentar un poco el lema de "haz lo que quieras" -utilizado por Rabelais, Crowley y Lavey entre otros-, y sobre el que he estado dándole algunas vueltas. Eso tiene relación con el término "thelema" que significa, en griego, "voluntad", cabe traducirlo, también, por "hacer tu voluntad" y, por eso, la derviación a "haz lo que quieras" o "hacer lo que se quiera".

Pero, a partir de eso, y entre otras muchas, se pueden mencionar las tres derivaciones –por orden cronológico- de Rabelais, Crowley y la de Lavey,

Rabelais

El "thelema" de Rabelais se expone a partir del capítulo LII de Gargantúa, ese "thelema", es un canto a la libertad individual y...colectiva, libertad dentro de una sociedad -por eso imagina una abadia de thelema y unos thelemitas, una y otros muy peculiares para su época, los siglos XV y XVI EC-. Aquí reproduzco un fragmento de esa obra:

“Tenían empleada su vida, no según leyes, estatutos ni reglas, sino según su franco arbitrio.

Se levantaban de la cama cuando buenamente les parecía; bebían, comían, trabajaban, dormían cuando les venía en gana; nada les desvelaba y nadie les obligaba a comer, beber ni hacer cosa alguna; de esta manera lo había dispuesto Gargantúa. En su regla no había más que esta cláusula: «Haz lo que quieras».

Porque las gentes bien nacidas, libres, instruidas y rodeadas de buenas compañías, tienen siempre un instinto y aguijón que les impulsa a seguir la virtud y apartarse del vicio; a este acicate le llaman honor. Cuando por vil sujeción y clausura se ven constreñidos y obligados, pierden la noble afición que francamente los inducía a la virtud y dirigen todos sus esfuerzos a infringir y quebrantar esta necia servidumbre, porque todos los días nos encaminamos a lo prohibido, y constantemente ambicionamos lo que se nos niega.

Por efecto de esta libertad, llegaron a la plausible emulación de hacer todos lo que a uno le fuera grato; si alguno o alguna decía bebamos, todos bebían; si decían juguemos, todos jugaban; si decían vamos a pasear por el campo, todos paseaban. Si decían vamos a cazar, las damas, montadas en sus bellas hacaneas, con su palafrén y su guía, llevaban cada una en su mano enguantada delicadamente un esmerillón o un alcotancillo; los demás pájaros los llevaban los hombres.

Tan noblemente estaban educados, que entre ellos no había uno solo que no supiera leer, escribir, cantar, tocar instrumentos de música, hablar cinco o seis idiomas y componer en prosa o verso. Jamás se han visto caballeros tan discretos, tan galantes, tan ágiles a pie y a caballo, tan fuertes para remar y para manejar todas las armas, como los que allí había.

Cuando para alguno, por llamamiento de sus deudos o cualquiera otra causa, llegaba la hora de salir fuera, llevaba consigo una de las damas que de antemano le había escogido por suyo, y por consecuencia, estaban ya juntos y casados; si en Theleme habían vivido en inclinación y amistad mutua, las continuaban con aumento en el matrimonio, tanto que llegaban hasta el fin de sus vidas habiéndola pasado toda como el primer día de novios.

(François Rabelais, “Gargantúa”, Capítulo LVII)

Otras visiones de “haz lo que quieras”

El Thelema descrito anteriormetne, el “haz lo que quieras” de Rabelais, es muy diferente ese concepto de 
"thelema" del de Crowley y del de Lavey.

Aleister Crowley genera una religión -diría que por mera estética- y su "thelema" es un "haz lo que quieras" del todo individualista, elitista y aristocrático.

Siguiendo su estela nos encontramos con otro personaje notable, que no es Lavey, sino Austin Osman Spare, que profundiza -aparcando el estilismo egipcio de Crowley- en la idea elitista y aristocrática pero… desde una vía caótica, digamos que si Crowley –aunque sea por cuestión de estilo- “adorna” sus propuestas y las viste a partir de Aiwass, Spare deja claro en su “El libro del Placer” que no hay nada preestablecido que seguir, que todo fluye, que el fluir es caótico y que toda construcción es una artificio, a partir de eso propone sus sigilos: del reconocimiento de la pura creatividad humana –con independencia de que ésta pueda pulsar determinadas cosas y causar determinados efectos, pero en última instancia, el elemento causal, en Spare, es humano-. Austin Osman Spare es el creado de la Zos Kia, que es la base de la llamada “magia del Caos” –que prescinde de religión alguna, ni siquiera por necesidades estéticas o elitistas genera nada en ese campo, cosa que sí intentó hacer Crowley.-

Anton Szandor Lavey también genera una religión, pero no a partir del "haz lo que quieras" sino integrando a éste en ella. Su "thelema", ya no es siquiera individualista sino del todo egótico. Pero en el sentido más absurdamente “malo” del término –es que Lavey no sabe siquiera ser malvado, no es más que un vendedor, eso sí: muchos compraron su producto-.

Lavey da carta de naturaleza al Dios del que dice abominar, en el fondo, además, sin enterarse, es cristiano, su Satanás es cristiano, igual que su oponente

"Thelema", pues,  puede entenderse de diversas maneras, no es la misma la de Rabelais, que la de Crowley o la versión de vodevil de Lavey.

El indirecto “thelema” de Nietzsche

Pero nos queda una versión del “haz lo que quieras” esbozada pero no mencionada explícitamente, porque en la obra a la que nos hemos referido aquí –y por ahora- de este autor, El Anticristo, no formula textualmente la idea pero la presenta implícitamente, veamos un fragmento que deja poco espacio a la duda:

"¿Se comprende fácilmente, se quiere comprender qué fue el Renacimiento? Fue la transmutación de los valores cristianos, fue una tentativa, hecha por todos los medios, con todos los instintos, con todo el genio, para conducir a la victoria los valores contrarios, los valores nobles... Hasta ahora no ha habido mas que esta gran guerra, hasta ahora no ha habido posición de problemas más decisiva que la obrada por el Renacimiento, mi problema es su problema...: ni tampoco ha habido una forma de asalto más sistemática, más derecha, más severamente desencadenada sobre todo el frente así como contra el centro. Atacar en el punto decisivo, en la sede del cristianismo, poner allí en el trono los valores nobles, o sea introducirlos en los instintos, en las más profundas necesidades y deseos de los que tenían allí su sede... Yo veo ante mí una posibilidad de fascinación y de encanto de aquellos, completamente subterránea: me parece que esta posibilidad resplandece en todos los estremecimientos con una belleza refinada, que en ella obra un arte, tan divino, tan diabólicamente divino, que en vano se encontraría a través de milenios una segunda posibilidad semejante: veo un espectáculo tan rico de sentido, y, al mismo tiempo, tan maravillosamente paradójico, que todas las divinidades del Olimpo habrían prorrumpido en una carcajada inmortal: “¡César Borja papa!” ¿Se me entiende? Pues bien: ésta habría sido la victoria que hoy yo solo deseo...; ¡con ésta, el cristianismo quedaba abolido!..."

(Friedich Nietzsche, "El Anticristo", página 89)

La anterior es una visión aún más aristocrática que la de Crowley del “haz lo quieras”, lo es más porqué la de Crowley es, ante todo, particularista, y la de Nietzsche, pese a proclamar su soledad, es generalista, podríamos llamarla sociológicamente aristocrática, lo cual, de paso… genera una paradoja en Nietzsche que Crowley resuelve… no planteándola.

¿Y Lavey? Pues Lavey toca el piano, pura y simplemente eso.


Jorge Romero Gil


Bibliografía

Lavey, Anton Szandor: La Biblia satánica, Editorial Martínez Roca, 2008

Nietzsche, Friedich: El Anticristo, Edimat Libros, Madrid

Rabelais, François: Gargantúa

Spare, Austin Osman: El libro del placer

Urbano Calle, Emilio: Adoradores del diablo: De la Biblia a las sectas satánicas, Editorial Oberon, 2003.