
La goecia es magia occidental
propiamente dicha, es decir, en origen no hay componentes exóticos
ni procedentes de Oriente ni, tampoco, añadidos chamánicos o
similares procedentes de América ni formulas animistas
africanas.
Eso no significa que en las versiones más modernas
alguno de esos elementos se haya podido introducir, pero en origen su
esencia es Europea y Mediterránea, esos serían los entornos
geográficos y culturales en los que se desarrolla.
Goecia, pragmatismo e intrumentalismo
Se trata
de una magia ceremonial, ritual y formal, por lo cual aquí no entra
demasiado los estados anímicos del “magus” ni ningún tipo de
supuesta capacidad de “medium” o “canalización”, en todo
caso entraría en juego la habilidad y la destreza para llevar a cabo
las formulas y los rituales necesarios sin “defecto de forma”. La
teoría es, pues, que funcionará o no en relación a que se ejecute
bien o no, sin tener nada que ver en ello una cualidad intrínseca
del ejecutante ni el que ponga o deje de poner fe en ello.
De
hecho es contrario a la propia esencia de la goecia que el “magus”
vaya a quedar expuesto a la “posesión” de nadie ni al dominio de
nadie, ni temporal, ni periódica, ni permanentemente, por una
sencilla razón: una de las bases teóricas de la goecia es que el
“magus” es “quién manda”. Dicho de otro modo, en todo
momento ha de controlar los entes, energías o fuerzas que vaya a
utilizar, que invoque o evoque. El “magus” no es siervo de nadie
más que de sí mismo así que no se pondrá al servicio de nadie. Si
precisa invocar un poder para controlar a otro al que está llamando
lo hará, le dará totalmente igual que poder sea éste, no estará
sometiéndose a él o adorándolo, solo lo estará utilizando de la
misma manera que estará utilizando al convocado -pues se convoca,
invoca o evoca para un fin funcional e instrumental, el que
sea-.
Por ello encontramos en los grimorios -que es dónde
básicamente se recoge la goecia, en realidad no hay ningún
“tratado” específico de la misma, hay diferentes obras de
diferente tipo, con patrones comunes de las que se pueden inferir
cosas- constantes referencias a entidades ángelicas, la propia
divinidad -normalmente la judía o cristiana, porque normalmente la
mayoría de grimorios son de época medieval y algo posteriores, es
decir, poca cosa hay, aunque alguna de una época en la que el
cristianismo no era la religión dominante, cultual, cultural y
socialmente en Europa- o demonios de diferentes tipos, categorías y
supuestos poderes. La cuestión es que el “magus” usa a unos y a
otros y no reconoce a ninguna de esas teóricas potestades como
“señor” -por eso mismo se equivoca Lavey cuando al comienzo de
su “Biblia Satánica”en el prefacio dice lo siguiente de los
grimorios:
“Este
libro fue escrito porque, con muy pocas excepciones, todo tratado o
libro, todo "grimoire" secreto, todas las "grandes
obras" del pasado sobre el tema de la magia, no son otra cosa
que fraudes santurrones - desvaríos culpabilizados y farfulleos
esotéricos de los cronistas de la tradición mágica, incapaces, o
bien no dispuestos a presentar una visión objetiva sobre el
tema.”
Es
injusto con ello si se refiere a los auténticos grimorios -los
realizados entre la Edad Media y el siglo XVII, poco más o menos-
porque en realidad, estos, muestran lo que Nietzsche hubiera llamado
una “subversión total de los valores”, los grimorios no se
escriben para rendir pleitesía a ente alguno, ni malévolo ni
benévolo -de hecho no se les considera ni una ni otra, ese es un
factor que no se tiene en cuenta, se les considera más o menos
energías o fuerzas a utilizar, nada más, las personificaciones en
el fondo, son puramente alegóricas y simbólicas-, no “se quedan a
medias”, y si se menciona en ellos a Jesucristo, el Dios cristiano
o el D_os de Israel es única y exclusivamente con la finalidad de
utilizarlos, de usar su poder -de intimidación, de salvaguarda del
“magus” e incluso para coaccionar, como detalladamente explican
ciertas fórmulas-. Eso es altamente subversivo en su fondo, porque
el dominio no se reconoce a esos “dominus” sino que el “dominus”
real es el “magus” que los usa. De la misma manera tampoco se por
al servicio de ningún ente más o menos demoníaco invocado o
evocado, lo que se hace es servirse también de él, en este caso y
generalmente para conseguir cosas o que éste proporcione cosas o se
constituya en una fuente de poder para el celebrante.
Goecia: un ejmplo de fórmula
Esto se
observa en todo formulario de “contrato con el Diablo” -que los
hay, y curiosamente adoptan las formas jurídicas de Occidente, casi
podríamos ver en ellos un tipo muy especial y particular de arcaico
contrato “civil”, se ajusta bastante a formas que hubiera
aceptado sin mayores problemas el Iuris Civilis de Roma-. En el
ritual previo a esos contratos y en las formulas que se presentan se
prevé que el ente pedirá el alma del convocante -es decir, que le
reconozca como señor y el “magus” se convierta en su siervo-,
pero... se da la fórmula ritual por la cual se rechazará tal
pretensión primero y, después, se someterá al ente en cuestión...
al poder del “magus”, estos entes acaban claudicando -si hemos de
hacer caso a los grimorios- con estas palabras -u otras muy
parecidas-: “¿Por
qué vuelves a atormentarme? Si me dejas en reposo, te daré el
tesoro* más precioso (*o lo que se haya pedido)”.
Es decir, primero quieren “mandar” y tener al “magus” como
siervo -generalmente pidiendo el alma- y al final son ellos quienes
solicitan que a cambio de no ser “atormentados” con el poder que
exhibe el “magus” se pondrán al servicio de éste. Se pactan al
final unas condiciones -es decir, hay también contraprestación-
pero estas son muchísimo más favorables al “magus”, menos
“draconianas” y, en el fondo, es un reconocimiento de la sumisión
del ente en cuestión. La contraprestación suele ser simbólica, del
tipo “me consagres una moneda todos los primeros lunes de cada mes
y que no me llamarás sino un día de cada semana”, con esa cesión
del espíritu, ente o fuerza invocada o evocada se cierra el pacto y
el “magus” pronuncia una fórmula parecida a ésta: “Contento
estoy de ti por el presente; te dejó en reposo y te permito que te
retires adonde mejor te plazca, sin hacer ruido ni dejar el más
mínimo hedor. Piensa también en tu compromiso a mi pacto, porque si
faltas a él un momento, puedes estar seguro de que te atormentaré
eternamente”.
Naturalmente
cabe preguntarse cual es el medio por el cual el ente es doblegado,
bien, en principio es el uso instrumental de los poderes rivales y
superiores al del espíritu llamado -ya hemos dicho que estos
adoptaran, normalmente, la forma de cualquier nombre del Dios
cristiano, del D_os de Israel o de la figura de Jesús, que son las
“entidades opuestas” a los entes convocados, el uso y mención de
estos es completamente instrumental y es la salvaguarda del “magus”-,
ahora bien, dado que estamos hablando de una magia ceremonial, formal
y ritual -y en todos esos sentido obedece a una concepción
absolutamente pragmática, y a su muy “sui generis” manera
podríamos llamar racional- el asunto no se resume a mencionar esos
“nombres de poder” y ya está, se necesita otras cosas -por
ejemplo, trazar algo así como un perímetro que aisle al “magus”
del ente mientras duran sus tratos y hasta que se cierra el pacto que
es... de sumisión del ente- y se necesita, sobre todo, una “llave”,
esa “llave” no es otra cosa que lo que realmente obligará y
forzará al ente, esa “llave” está “impregnada” con los
poderes que le doblegarán y que permiten decir al “magus” cosas
como “puedes estar seguro de que te atormentaré eternamente”,
esa llave estará presente en el grimorio, de hecho es el grimorio
mismo y sus formulas, por eso es subversivo a diferencia de lo que
entiende Lavey, está utilizando y sirviéndose de Dios mismo -en
teoría, en el fondo el “magus” tampoco lo reconoce en condición
de tal, es tan solo un poder para usar, oponer y controlar a otro
poder, en ese sentido es meramente una “fuerza mayor” ante la que
se ve obligada inclinarse la “fuerza menor”- DENTRO del grimorio
-en sus formas y formulas- para someter y no someterse al ente
convocado.
En la mayoría de ocasiones -aunque no en todas- se
alude al más famoso y legendario grimorio: “Las Claviculas
Salomonis”. Por ejemplo, en las formulas presentadas aquí como
muestra a “Contento
estoy de ti por el presente; te dejó en reposo y te permito que te
retires adonde mejor te plazca, sin hacer ruido ni dejar el más
mínimo hedor. Piensa también en tu compromiso a mi pacto, porque si
faltas a él un momento, puedes estar seguro de que te atormentaré
eternamente” se
añade “con las
grandes y poderosas palabras de la Clavícula del rey Salomón, por
las que se fuerza a obediencia a los espíritus rebeldes"
(esta fórmula está basada en la Gran Clavícula de Salomón, aunque
la que se presenta en el Gran Grimorio de Roboan es bastante
parecida). Es decir, en las formas y formulas contenidas en el
grimorio -aquí la Clavicula Salomonis”- reside el poder que obliga
al ente llamado y subyudado -a pesar suyo-.
Diferencias entre satanismo y goecia
Por eso mismo
considerar a la goecia como “satanismo” o al “magus” como
satanista es un error grave, conceptualmente y en su desarrollo
práctico -aclaremos, “teórico desarrollo práctico”, nadie dice
que eso vaya a funcionar, yo al menos no lo digo, solo describo lo
que es y lo que dicen esos grimorios y esos “métodos”- la goecia
no tiene nada que ver con el satanismo.
El satanismo implica
ponerse al servicio de un ente teóricamente el opositor del Dios
cristiano y lo que se obtenga, supuestamente, será en pago a ese
servicio, de la misma manera que el cristianismo es ponerse al
servicio del Dios cristiano y lo que se obtenga, supuestamente, será
también en “pago” -aunque los cristianos lo llamen posiblemente
de otra manera- a ese reconocimiento y servicio.
En ese
sentido el “magus” y la “goecia” no solo no son “desvaríos
culpabilizados y farfulleos esotéricos” como
les acusa Lavey sino que están claramente por encima de su
planteamiento: al “magus” no le manda nadie ni sirve a nadie, él
manda y él se sirve, no reconoce a Señor alguno, en puridad puede
decirse que él mismo es su propio “dominus”, no otro.
Puede
tener mayor razón Anton Szandor Lavey cuando añade al párrafo
citado -también en el Prefacio de su “Biblia Satánica”- lo
siguiente: “Escritor
tras escritor, en sus esfuerzos de declarar los principios de la
"magia blanca" y "magia negra", lo único que han
conseguido es confundir y nublar el tema hasta tal punto que el
aspirante a estudiante de hechicería termina ante un tablero de
Ouija, parado dentro de un pentagrama esperando a que se le aparezca
un demonio, lanzando débilmente al aire fichas del I Ching como si
fuesen rosquillas rancias, barajando naipes para predecir un futuro
que ha perdido todo significado, dando conferencias con el fin
garantizado de inflar su ego - a la vez que hace lo mismo con su
cartera - y en general quedando como un tonto ante los ojos de
quienes en verdad saben” Decimos
que puede tener mayor razón porque aquí... ya no se describe la
goecia, ni la ouija, ni el I Ching, ni el tarot, ni cualquier otro
añadido orientalizante o no tienen nada que ver con la goecia, la
goecia se resume, remite y mide exclusivamente por lo contenido en
heterogéneo “corpus” de los variados grimorios que encontramos
redactados, como se ha indicado, entre la Edad Media y el siglo XVII
-y muchos de estos últimos son reelaboraciones de otros medievales-.
Lavey tiene razón cuando viene a llamar falsos a esas obras, solo
que eso no son grimorios y eso no es goecia, y, tampoco, la goecia es
ni quiere ser satanismo -si Lavey hacia teatro o quería realmente
ser satanista es otro asunto, pero la goecia ni lo quiere ni lo
es-.
El aspirante a “satanista” no sé pero el aspirante a
“estudiante de hechicería” y de ahí a “magus” no tiene la
menor intención ni de acabar ante un tablero de ouija ni, tampoco,
de asumir ningún “pensamiento
Satánico, desde un punto de vista verdaderamente Satánico" palabras con las que acaba Lavey su Prefacio. Si Lavey pensaba que la
goecia era eso... se equivocaba de medio a medio. Muchísimo más que
Samuel Liddell MacGregor Mathers, Aleister Crowley o Austin Osman
Spare, o que autores antiguos como Johann
Weyer con su "De Praestigiis Daemonum" o Jean Bodin que
versiona la obra de Weyer con el título de “Démonomanie des
sorciers”, todos los cuales sabían lo que era la “goecia”, que
variantes se le podían añadir o introducir sin alterarla -en ese
sentido destacará Spare que será el fundador de la magia del Caos-
y que... nada tenía que ver con adorar o servir a nadie y menos que
a ninguno a Satanás o cualquier ente a los que se va a
instrumentalizar y de... los que se va servir.
La "Clavícula Salomonis"
La “Clavícula
Salomonis” antes nombrada es más un mito que una realidad, y no
porque no existan esos textos, sino porque hay una notable variedad
de textos que se acogen a esa denominación. Textos que a veces son
coincidentes y otras no ¿Pueden ser complementarios? Es posible,
pero el caso es que no son los mismos, por ejemplo, no dice lo mismo
la edición en castellano de “Iroe el mago”, publicada en Amberes
en 1721 que la versión reconstruida a principios del siglo XX de la
“Clave Mayor del rey Salomón” por MacGregor Matthers o que el
“Goetia” o “Clave Menor del rey Salomón” comenzada por
MacGregor Mathers y terminada por Crowley -que, sin embargo, sí se
asemeja notablemente a la "Pseudomonarchia daemonum" de
Weyer que es un apéndice del "De Praestigiis Daemonum"-.
No
cabe equivocarse, las evocaciones al rey Salomón son falsas, es
decir, todo texto que se incluye bajo el título “Clavícula
Salomonis” -sea la mayor, sea la menor, sea su conjunto- no
provienen del famoso y tal vez mítico rey, son integramente de
factura medieval y de retoque renacentista y de los siglos siguientes
pero... no van más allá del medioevo europeo. Sencillamente se
acogen a la leyenda que supone que la sabiduría de Salomón y el
favor divino le permitía servirse a voluntad de espíritus y
demonios si, por ello, que estos le dominasen a él sino al revés
-curioso eco del aparente hecho de que en la corte salomónica se
permitía sin mayor problema el culto a Baal lo mismo que al D_os de
Israel, cosa que se sigue del texto bíblico, como decimos la figura
de Salomón pudiera ser o no ser real, a día de hoy se busca
confirmación arqueológica del mismo pero aún no se ha encontrado,
en concreto se buscan sus posibles caballerizas o establos, pero eso
es otra historia-, en la versión islámica Salomón tendrá fama de
tener genios a su servicio -y por genios no nos referimos a
brillantes consejeros reales sino literalmente a los entes mágicos
descritos en el Corán y en la literatura islámica-.
En
cualquier caso el conjunto de grimorios -parecidos, iguales o
complementarios- que se acogen al nombre “Clavícula Salomonis”
no provienen del celebre rey -ni de su entorno y época- sino de la
Europa medieval.
Citamos a continuación algunas de las más
celebre de estas obras: "Pseudomonarchia daemonum", "Verus
Jesuitarum Libellus", "Le Petit Albert", "Grimorium
Verum", "L'art de commander les esprits du Grand Grimoire",
"Le Grand Grimoire", "Douze Anneaux (Lansdowne MS
1202)", "Oedipus Aegyptiacus", "De Heptarchia
Mystica", "Heptameron", "Liber Juratus",
"Goetia", "Anecdota Atheniensia", "Lemegeton",
"Ars Notoria", "Archidoxis of Magic", "Theosophia
Pneumatica", "Grimorio de Armadel", "Livre
Troisieme. Concernant les Esprits & leurs pouvoirs",
"Chyromantie ac phisionomie anastasis", "Steganographia",
"Liber Consecrationum", "De Praestigiis Daemonum et
Incantationibus ac Venificiis", "Livre des esperitz",
et al.
Características de la goecia
Se ha dicho al comienzo que la goecia tenía un
carácter ceremonial, ritual y formal -esto último en el sentido de
fórmulas a pronunciar de determinada manera y no otra, es decir, se
trata de “pronunciar o realizar una fórmula sin defecto de
forma”-, aquí no entra ninguna capacidad “extrasensorial”,
“mediumnica” o “especial” de cualquier otro tipo similar del
“magus”, solo entra su conocimiento de la materia que trate, su
capacidad y … sus instrumentos -el básico, naturalmente, es el
grimorio o su equivalente, es decir, allí donde se encuentren las
fórmulas a realizar-.
El conjunto puede definirse como “litúrgico”
porque en realidad es el mismo concepto el que se maneja -una fórmula
ritualizada más o menos concreta, fija y estereotipada para
establecer contacto con determinados entes, fuerzas o energías-.
Entendemos que es ceremonial en el sentido de que contempla un
conjunto de ritos o rituales, es ritual en el sentido de que hay
ritos específicos para acciones específicas y es formal porque
siempre se materializa -en el sentido de llevarse a cabo- a través
de fórmulas realizadas “sin defecto de forma” -por lo cual la
forma vale tanto o más que el fondo-. Las palabras “ceremonial”
y “ritual” pueden ser sin mayor problemas sinónimas, pero aquí
hacemos la distinción de lo ceremonial como el conjunto de ritos
posibles, y reservamos “ritual” como el rito específico y
concreto a realizar en cada caso, pero, en puridad, podría hacerse a
la inversa, dejamos esa decisión al ánimo deconstructivo de cada
cual.
Jorge Romero Gil
Bibliografía
Bodin,
Jean:“Démonomanie des sorciers” -versión facsimil en mezcla de
francés y latín del "De Praestigiis Daemonum" de Weyer-
Crowley,
Aelister: “Goetia”
Crowley, Aelister: “Liber AL Vel
Legis”
Dee,
John: “La heptarquía mística”
Dee,
John: “El jeroglífico monádico”
“Gran Grimorio del
Papa Honorio”, publicado en Roma en 1760.
“Gran Grimorio o
Dragón Rojo”, traducción
al español de la Edición de 1845 en francés editada por B. Renault
Iroe
el Mago: “Clavicula Salomonis”, edición en castellano publicada
en Amberes en 1721
Lavey,
Anton Szandor,: “Biblia Satánica”, Ediciones Martínez Roca,
2008
MacGregor
Mathers, Samuel Liddell: “Clave Mayor del rey Salomón”
MacGregor
Mathers, Samuel Liddell: “El libro de la magia sagrada de
Abramelin”, Editorial Kier, Buenos Aires, 1987.
MacGregor
Mathers, Samuel Liddell: “El Grimorio de Armadel”
Spare,
Austin Osman: “El libro del placer”, 1913 (edición en castellano
de 2007)
Weyer, Johann: “Pseudomonarchia daemonum”
-Apéndice del "De Praestigiis Daemonum", en latín y
castellano-