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sábado, 4 de enero de 2014

Algo más sobre los egregor



Eliphas Levi, entre otras cosas denomina a los egregor "príncipes de las almas", pero esto nos indica poco sobre su naturaleza, en mi opinión son más explícitas otras citas de su “Historia de la Magia” .

Por su parte Rizardo da Camino, en su "Diccionario Masónico", dice que es un "Cuerpo Místico que se forma con sus propias peculiaridades, después de la apertura del Libro Sagrado, cuando todos se unen con las mentes para el acto de crear".

También menciona el concepto el martinista ruso Gregory Ottonovich de Mebes en su obra “Curso Enciclopédico de Ocultismo” y los relaciona con la construcción colectiva, aunque en concreto con determinadas "construcciones" iniciáticas, religiosas o filósoficas, digamos que habría una interacción, éstas formarían construcciones egregóricas -por la unión, más bien, catarsis, de energías que provocan- y a su vez representarían egrégores y serían reforzadas por la construcción egregórica -en cierto modo los símbolos pueden ser "iconos egregóricos", el gallo para Francia o el león británico-. Observese que da Camino y Ottonovich no se contradicen.

El egregor como unión de energías humanas

Con esto enlazariamos con la idea de egregor como unión de energías en cierta medida fruto de la acción humana, más que elementos énticos como indica Eliphas Levi serían energías personificadas o identificadas con ciertos procederes colectivos humanos -lo cual, por otra parte, no impide necesariamente que adquieran una ontología derivada de ese constructo humano, en ese sentido podrían adquirir características entícas, lo cual no haría entrar en contradicción esta visión con la de Eliphas Levi-.

Todo ello tampoco estaría en contradicción con la conceptualización de egregor desde la Magia del Caos -la iniciada por Austin Osman Spare-, para la que el egregor es en primer lugar un centro de conciencia dévico, y por "dévico" se entiende las reacciones que en el espacio produce cualquier estado de conciencia humana.

Desde esa perspectiva se trataría de un ente primordial formado por un grupo de personas que "suman" o "materializan" en algo concreto -un "todo" o un "ente"- de sustancia mental o psíquica generada por la unión de sus estados de conciencia. Eso no implica, como antes decía, que una vez generado el ente no adquiera "vida" propia y, también, fuerza y voluntad propia. Siendo de ese modo independiente de quienes lo han creado o alimentado.

Constructo psíquico y arquetipo

A un nivel racional un egregor sería un cosntructo psíquico, algo así como "un ser psíquico de carácter colectivo" -definición ésta de la Magia del Caos-.

Podría definirse también como un alma grupal y arquetípica -recordemos que los arquetipos son, siguiendo a Jung, figuras creadas por el inconsciente colectivo, ciertamente Jung se queda en lo simbólico y aquí se da un paso más allá en la idea- estrechamente ligada a una comunidad -la que sea- que la ha generado y que hasta cierto punto esta vinculado -e incluso puede dirigir- el destino de esa comunidad.



Jorge Romero Gil



Bibliografía

Da Camino, Rizardo, Diccionario Masónico

De León, Moshé, El Zohar, Ediciones Obelisco (en curso de publicación)


Graves, R., y Patai, R., Los mitos hebreos, Editorial Losada, Buenos Aires, 1969


Graves, R., Los mitos griegos

Jung, C. G., Arquetipos e inconsciente colectivo, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona, 1970


Levi, Eliphas, Historia de la Magia

Ottonovich de Mebes, Gregory, Curso Enciclopédico de Ocultismo


Spare, Austin Osman, El libro del Placer




martes, 6 de marzo de 2012

El Necronomicón




Sin duda uno de los más famosos libros inexistentes -y malditos- es el Necronomicón o “Libro de los Nombres Muertos” fruto de la notable fantasía de H. P. Lovecraft, esa obra es telón de fondo de sus relatos de terror y sus oníricos mundos de pesadilla, sabemos, obviamente, que no existe Arkham ni ninguna Universidad alli -en lógica consecuencia-, que es donde Lovecraft sitúa uno de sus escasos ejemplares, pero pese a todo hay quién insiste en dar vida al libro -aduciendo que Lovecraft deseaba desvelarlo mediante sus novelas- y decir que era real.

No obstante no cabe duda de que es invención de Lovecraft, es un relato sobre relato o meta-relato, pero el fenómeno parece interesante, tanto el que se refiere al contenido del "Libro de los nombres muertos" como las especulaciones sobre el mismo en el mundo real.

Veamos primero que datos ofrece H. P. Lovecraft a partir de un borrador que elaboró y tituló “Historia del Necronomicón”:

Cronología del Necronomicón

“Su título original es Al-Azif, siendo azif la palabra usada por los árabes para describir ese sonido nocturno (producido por los insectos) que supuestamente es el aullido de demonios.

Escrito por Abdul Alhazred, un poeta loco de Sanna, Temen, país que prosperó durante el período de los califas omeyas, aproximadamente en el 700 d.C. Visitó las ruinas de Babilonia y los secretos subterráneos de Menfis, y paso diez años en solitario en el gran desierto meridional de Arabia (el Roba El Khaliyeh o “espacio vacio” de los antiguos, y el desierto Dshns o “carmesí”, de los árabes modernos) que se considera habitado por espíritus custodios malignos y monstruos mortales. Los que fingen haber entrado en él cuentan muchas maravillas extraordinarias e increíbles de este desierto. En sus últimos años Alhazred vivió en Damasco, donde escribió el Necronomicón (Al-Azif), y de su muerte o desaparición (728 d. C.) se contaron cosas terribles y contradictorias. Ibn Khalikan (su biografo del siglo XII) dice que fue atrapado por un monstruo invisible a plena luz del día y devorado horriblemente ante un gran número de testigos paralizados por el terror. De su locura se cuentan muchas cosas. Afirmó haber visto la legendaria Irem, o Ciudad de los Pilares, y haber encontrado bajo las ruinas de una ciudad anónima del desierto los horribles secretos y anales de una raza más vieja que la humanidad. Tan solo era un musulmán corriente, que adoraba a entidades desconocidas que llamaba Yog-Sothoth o Cthulhu.

En el 950 d. C. el Azif, que había circulado considerablemente si bien de modo subrepticio entre los filósofos de la época, se tradujo en secreto al griego por Theodorus Philetas de Constantinopla con el título de Necronomicón. Durante un siglo impulsó a algunos experimentadores a realizar terribles tentativas, hasta que fue prohibido y quemado por el patriarca Miguel. Después de esto sólo se supo de él furtivamente, pero Olaus Wormius lo tradujo al latín en la Edad Media, y el texto en latín fue impreso dos veces; una en el siglo XV en letra gótica (evidentemente en Alemania) y otra en el XVII (probablemente en España). Ambas ediciones carecen de marcas de identificación, y se ha establecido su época y localización únicamente por medio de las pruebas tipográficas internas. La obra, tanto en latín como en griego, fue prohibida por el Papa Gregorio IX en 1232 poco después de su traducción al latín, lo que llama la atención.

El original árabe se perdió en la época de Wormius, como éste indica en su prefacio (hay, no obstante, un relato incierto acerca de un ejemplar secreto aparecido en San Francisco durante el presente siglo, para después perecer en las llamas) y nada se sabe de la copia griega (que fue impresa en Italia entre el 1500 y el 1550) desde el incendio de una librería de un vecino de Salem en 1692. Una traducción realizada por el Dr. Dee nunca llegó a imprimirse y sólo se conservan fragmentos recuperados del manuscrito original. De los textos en latín existentes, se sabe que uno (del siglo XV) está en el Museo Británico guardado bajo llave, mientras que otro (del siglo XVII) está en la Bibliothèque Nationale de París. En la Biblioteca Windener de Harvard, en la Biblioteca de la Universidad de Miskatonic en Arkham, y en la Biblioteca de la Universidad de Buenos Aires hay un ejemplar del siglo XVII. Probablemente existan en secreto muchas otras copias, y se rumorea con insistencia que una copia del siglo XV forma parte de la colección de un famoso millonario norteamericano. Un rumor aún más impreciso da fe de la preservación de un texto griego del siglo XVI en la familia Pickman de Salem; pero si se conservaba, desapareció con el artista R. U. Pickman, que desapareció en 1926. El libro está perseguido por las autoridades de la mayoría de los países, y por todos los estamentos de las organizaciones eclesiásticas. Su lectura provoca terribles consecuencias. Se dice que R. W. Chambers sacó la idea de su novela “El rey de amarillo” de los rumores de este libro (que conocen muy pocos entre el público en general).

CRONOLOGÍA

Uno – Abdus Alhazred escribe el Al-Azif en Damasco en el 730 d. C.
Dos – Theodorus Philetas lo traduce al griego como Necronomicón en el 950 d. C.
Tres – Quemado por el patriarca Miguel en el 1050 d. C. (el texto griego, el texto árabe ya ha desaparecido para entonces).
Cuatro – Olaus traduce el griego al latín, en el 1228 d. C.
Cinco – Prohibidas las ediciones en latín y griego por Gregorio IX, en el 1232 d. C.
Seis - ¿14..? Impresa una edición en letra gótica en Alemania.
Siete - ¿15..? Impresa una edición en griego en Italia.
Ocho - ¿16..? Impresa una edición en latín en España.”

(H.P. Lovecraft, El Necronomicón, páginas 251 y 252, Ediciones La Factoría de Ideas, Madrid, 2004).

La leyenda

De este material se hacen las leyendas, no existe la Universidad de Miskatonic ni ninguno de los manuscritos o impresos relatados, es todo fantasía de Lovecraft, no obstante, la fantasía se empeña a salir de su marco y se introduce en el del mito, naciendo así la leyenda urbana, poco aportaremos en ésta salvo señalar lo curioso del fenómeno que en sí misma constituye.

Algunos apuntes, el título Al-Azif se conoce su origen por el propio Lovecraft, en efecto alude al zumbido de ciertos insectos, sólo que es la onomatopeya que de ese sonido sacaba Lovecraft de... los recuerdos de los veranos de su infancia en Nueva Inglaterra, así mismo lo explico el autor. Es curiosa la mención al patriarca Miguel Cerulario, en efecto, sucedieron hechos notables en la Constantinopla de los años 1050 a 1054 pero fueron el cisma entre la Iglesia de Roma y la Ortodoxa griega a partir de la cuestión del filioque, lo que Cerulario hizo fue depositar en el altar de Hagia Sofia el texto con las bulas que excomunicaban a los legados papales que, a su vez, habían excomulgado al partriarca ecuménico. Este episodio histórico también es usado, curiosamente, a la hora de formular la cronología de otro texto imaginario, como es el Libro de Nod o “Evangelio de los Vampiros”, pero esa es otra historia...


Jorge Romero Gil



Bibliografía

AA.VV.: El Necronomicón, Ediciones La Factoría de Ideas, Madrid, 2004

Chupp, S. y Gragert, D., D.: El libro de Nod, Ediciones La Factoría de Ideas, Madrid.


 

domingo, 5 de febrero de 2012

Las fuentes de la magia occidental



Algunas de las obras de Samuel Liddell MacGrebor Mathers, fundador de la “Golden Dawn” o “Aurora Dorada”, son, según declaración del propio autor, recopilaciones e interpretaciones a partir de diferentes fuentes que, en su mayor parte, él indica.

Una reconstrucción a partir de diversas fuentes

Sucede eso en el “Goetia” o la “La Clave Menor de Salomón” –también conocida por “Lemegeton”- y, también, con “La Clave Mayor de Salomón rey”.

Es decir, ambas obras son reconstrucciones siguiendo el criterio interpretativo de MacGregor Mathers -y, en el caso del "Goetia" de Aleister Crowley, que lo finalizó tras la muerte de MacGregor- de fuentes distintas, que no forman ningún “corpus” completo sino que su nexo de unión es un tema o, más bien, una referencia legendaria a una obra no menos legendaria supuestamente relacionada con el rey Salomón.

En el prefacio de “La Clave Mayor de Salomón rey” el mismo MacGregor Mathers ya indica que, tirando a largo, lo más parecido a “textos unitarios” en sus fuentes es algún que otro texto francés, cuya antigüedad no pasa del siglo XVII:

“La Clave del Rey Salomón, salvo por algunas copias incompletas y mutiladas publicadas en Francia en el siglo XVII, nunca ha sido publicada, sino que ha permanecido por siglos en manuscritos inaccesibles salvo para pocos investigadores afortunados, para quienes se abrieron los nichos más recónditos de las bibliotecas. Por esto me considero altamente honrado al ser el individuo que tuvo la fortuna de presentarla a la luz del día.”

(S.L. MacGregor Mathers, “La Clave Mayor de Salomón rey”, Londres, 1888)

Eso significa que, en puridad, no existe ninguna obra concreta u original que pueda considerarse, en sí misma, cualquiera de las dos claves del rey Salomón, sino diferentes obras basadas en una temática, que, muy probablemente, tiene un origen absolutamente mítico en cuanto a la relación de su supuesta autoría original.

La datación de las fuentes de la magia occidental


Es complicado alcanzar una definición que referir al concepto “magia occidental”, dado la variedad de sus componentes, tanto temporal como materialmente; los precedentes se remontan posiblemente a ciertos sincretismos entre ritos religiosos y creencias precristianas, con una fortísima influencia del cristianismo. Sino en cuanto a creencia sí en cuanto a su Universo y, sobre todo, al factor sociológico que imprime esa creencia y que podemos reducir al concepto “Cristiandad”, que comienza a generarse en la Alta Edad Media y se estabiliza y concreta durante el conjunto de la Edad Media o, lo que podríamos llamar, la “Edad Media plena”.

De ello se derivan todas las alusiones a figuras propias del cristianismo, desde Dios Padre hasta Lucifer, en los diferentes textos, más o menos, fragmentarios y, más o menos copiados.

Así no hay grimorio ni parte de grimorio que no incluya una invocación protectora a la divinidad cristiana, eso sí, curiosamente, puesta al servicio del “Magus”, de la misma manera que lo son los entes o poderes evocados. En ese sentido, podemos considerar a la magia occidental “estandarizada” de la Edad Media “magia cristiana”, pues su cosmovisión se funde con la cristiana –aunque sus finalidades sean diferentes-.

Esa fusión se produce en mayor medida cuanto más actual es el documento, por ejemplo, resultan menos "cristianos", menos claros y más intrigantes los conjuros que figuran en parte del “Codex Gigas”, que los fragmentos o versiones que tenemos de grimorios impresos o escritos del siglo XVI en adelante.

La conexión hebrea

Todo grimorio muestra –como se ha dicho, más cuanto más moderno es- una conexión con el cristianismo, pero no solo con él, cabe recordar que las dos reconstrucciones de MacGregor Mathers –la Clave Mayor y la Menor de Salomón-, se refieren a un monarca de Israel, notablemente legendario y con una curiosa fama, pues sin perder la santidad o el favor de la divinidad se le considera tan sabio que es capaz de manejar a su servicio “espíritus impuros” –en el cristianismo- o de difícil ubicación –como es el caso de los “genios” que figuran en el Corán, y que el Islam sitúa al servicio o bajo control del rey-.

Ese rastro es, sin duda más antiguo, y se remonta a una época –es el recuerdo mitificado de eso- en el que el reino de Israel disfrutó de cierta tolerancia religiosa, aceptando sin demasiados problemas la versión cananea de cultos mesopotámicos – a Baal o a Isthar/Astarte/Inanna-.

Por otra parte, sin tener nada de mágico pero sí de conocimiento iniciático, nos encontramos que justo es durante el siglo XIII cuando se alcanza, por la mística judía, el punto de plenitud de la cábala, con la elaboración del "Zohar", que viene a complementarse con el algo más antiguo "Sepher Yetzirah".

Desde la “magia occidental” o “magia cristiana” nunca ha acabado de entenderse que eso no era magia, sino una forma muy concreta de mística, a partir, curiosamente de un exhaustivo y particular empleo de la semántica, centrada básicamente en el análisis cabalístico de la Torá.

La magia occidental que aparece en los grimorios suele referirse a “manuscritos latinos traducidos del hebreo” y se inventa para ello fuentes de conexión imaginaria, con supuestos “magos” o “rabinos” hebreos que habrían traducido esos teóricos textos hebreos más antiguos al latín o cualquier otra lengua occidental, sin ir más lejos eso pasa con las dos claves de Salomón y otros grimorios.

Ese tipo de equivoco sigue presente en autores y recopiladores decimonónicos, importantes figuras dentro del ocultismo, especialmente sucede con Eliphas Levi; no nos atrevemos a decir si en figuras algo más modernas como Samuel Lidell MacGregor Mathers o Aleister Crowley sucede eso, uno y otro con mayor distancia del cristianismo como para ver, tal vez, lo espurio de la “conexión hebrea”.

No obstante, en sus reconstrucciones de esas recopilaciones mágicas respetarán las formulas encontradas, aunque, en ocasiones, se irán a buscar fuentes también teóricamente antiguas –aunque desprendidas de la relación con el cristianismo o el judaísmo-, como es patente en el caso de Crowley, su “thelema” y el “Libro de la Ley” y Egipto. 


Jorge Romero Gil


Bibliografía

Anónimo, Clavícula Salomonis, Edición en castellano de 1721

Codex Gigas, Edición digital en formato pdf y, también, disponible online en el sitio web de la National Librery of Sweden

Crowley, Aleister, El Libro de la Ley

Goetia. Compiled and translated by S.L. MacGregor Mathers Editing and Additional Material by Aleister Crowley

Levi, E., Dogma y Ritual de la Alta Magia

MacGregor Matthers, S.L., La Clave Mayor de Salomón Rey.
 
MacGregor Matthers, S.L. y Crowley, A., Goecia. La Clave Menor del Rey Salomón. El Libro de los Espíritus, Editora y Distribuidora Yug, 1992.

Moshé, de León, El Zohar, Ediciones Obelisco, Barcelona (publicado hasta el volumen XII)

Regardie, I., La Aurora Dorada. Un Compendio de las enseñanzas, ritos y ceremonias de la Orden de la Aurora Dorada. Revisada y aumentada. Editada en cuatro volumenes. Luis Carcamo Editor, Madrid.

The History of Codex Gigas, online en el sitio web de la National Librery of Sweden
 
 
 

jueves, 2 de febrero de 2012

Los orígenes del tarot



La idea del origen egipcio de las cartas del tarot no es más que una fábula surgida a finales del siglo XVIII de la Era Común. A partir, curiosamente, de la Ilustración y del caldo de cultivo que ésta significó para el pensamiento y todo tipo de especulaciones, es, igualmente, en ese momento, cuando todo lo legendario y "exótico" se remitía al antugo Egipto, digamos que aún no había llegado el momento de la India y el Tibet, del karma, el nirvana y los dharmas, eso sucederá con posterioridad.

Origen del tarot

Se podría discutir alrededor del origen italiano o francés de la baraja -que, durante la Edad Media, era simple y llanamente un juego de naipes, no en vano los llamados "arcanos menores" son prácticamente idénticos a la actual baraja española, en absoluto se usaba como forma o técnica de mancia-. 

Así se pueden mencionar a ciertas versiones italianas del siglo XV que pueden disputar a la Francia medieval la base de esas cartas, pero la versión sobre procedencias egipcias y, desde ahí, a otros orígenes más antiguos, míticos y extravagantes es, sencillamente, una leyenda generada alrededor del primer esoterismo moderno que, como tantas otras cosas, surgió al calor de la Ilustración y las inquietudes especulativas que ésta despertaba.

Con propiedad se puede decir que, históricamente hablando, tirando a largo, el tarot tiene orígenes medievales. Y se puede decir eso a partir de la evidencia documental, es decir: de los hechos -pruebas- no de las especulaciones.

De la existencia de juegos de naipes italianos hay evidencia documental, así en “Sermo perutilis de ludo” o “Ludis inductio” (manuscrito italiano en latín, fechado entre 1450 y 1470) se habla de los tipos de juegos y la descripción de los naipes:

“Ad cujus evidentiam queritur, quis invenit ludum? Respondeo quod tria sunt genera ludorum fortunae, viz.: Taxillorum, Cartularum, et Triumphorum (…) “Altare erit banchum. Lapis consecratus erit tabulerium. Calix erit cyathus vini. Hostia erit ducatus aureus. Missale nostrum erit taxillus: carte hujus missalis erunt cartule et triumphi (…) “Primus dicitur El bagatella (et est omnium inferior). 2, Imperatrix. 3, Imperator. 4, La papessa (O miseri quod negat Christiana fides). 5, El papa (O pontifex cur, &c. qui debet omni sanctitate polere, et isti ribaldi faciunt ipsorum capitaneum). 6, La temperantia. 7, L'amore. 8, Lo caro triumphale (vel mundus parvus). 9, La forteza. 10, La rotta (id est regno, regnavi, sum sine regno). 11, El gobbo. 12, Lo impichato. 13, La morte. 14, El diavolo. 15, La sagitta. 16, La stella. 17, La luna. 18, El sole. 19, Lo angelo. 20, La justicia. 21, El mondo (cioe Dio Padre). 0, El matto sie nulla (nisi velint)”.

Siendo casi de la misma época el tarot de Visconti-Sforza. La datación de este tarot es cercana al año 1450. Por ello se sostiene que se trata de la baraja más antigua de todas las existentes -en cuanto baraja propiamente dicha, referencias las hay más antoguas-. Se trata de un tarot cortesano y de lujo, y en su confección se utilizó la fibra de oro.

El tarot más clásico es el de Marsella -que, a pesar de su nombre, posiblemente tenga su origen en los maestros carteros de Toulouse y usa los palos de la baraja española para los arcanos menores-.

Las figuras del tarot de Marsella se fijan en el siglo XVIII-XIX, no antes, y se basan en otras versiones del siglo XV. Aunque hay referencias anteriores a barajas de naipes, por ejemplo, la prohibición en los estatutos de 1337 de la abadía de Saint Victor, cercana a Marsella, del uso de cartas por parte de los religiosos. Lo demás deriva de eso, como indica Jodorowsky en “La vía del Tarot”.

Especulaciones que en sus aspectos míticos -tales como orígenes, atlantes, lemures, de Thule o de Agartha- han sido corregidas y aumentadas por el esoterismo de corte New Age. Esoterismo que surge a partir de fundamentos muy vagos -prácticamente nulos fuera del campo de la fe- , y, generalmente realizando una mezcla extrañísima de formas orientalizantes y occidentales. Formulaciones que en sus aspectos orientales -lo tomado del budismo o el hinduismo- denotan un profundísimo desconocimiento, tanto del Canon Pali como de los textos védicos e hinduistas. Con todo lo cual realizan un cóctel realmente extraño y, en no pocas ocasiones, de escasa coherencia.

A partir de aquí, y en lo relacionado con el tarot, comienzan a mencionar la existencia de documentos secretos y saberes herméticos que mostrarían ese remoto origen. Sucede que los documentos son tan secretos y los saberes tan herméticos que resulta que...no aportan una sola prueba, es decir, dar alguna validez a esas versiones es -como en el resto de sus creencias, cuestión de fe.

Court de Gebelin y "Le Monde Primitif"

Las relaciones con el antiguo Egipto o con la cábala -otra cosa que se suele decir- son pura fantasía. El llamado "tarot egipcio" actual no es más que una derivación de las figuras del tarot clásico de Marsella, derivación que tiene su origen en la obra de Court de Gébelin "Monde Primitif" (1781), quién realiza especulaciones gratuitas y sin fundamento acerca de un supuesto Libro de Thot "salvado de las ruinas de un templo milenario"...

Así quién barajó -nunca mejor dicho- lo del supuesto "Libro de Thot" fue Court de Gébelin, mientras que Waite intentó relacionarlo con la cábala. Una y otra cosa especulaciones completamente gratuitas

Ciertas hipótesis ocultistas sobre que los gitanos llevaron esas cartas al antiguo Egipto -cuando, por otro lado, el origen de los gitanos no es Egipto, sino la India- y que supuestas ordenes secretas guardan esas "versiones originales", no es que mueva a escepticismo, es que darles crédito -cuando todo dato comprobado y comprobable dice otra cosa- viene a ser como pensar que lo escrito  por Tolkien sucedieó realmente en un remotísimo pasado. O caer en lo mismo que los que se dedican a buscar el "auténtico Necronomicon", cuando es una ficción literaria de H. P. Lovecraft.

Sin embargo, lo de Court de Gébelin o lo de Waite no son "saberes secretos" sino datos públicos. En ese sentido sí es gnosis (en cuanto conocimiento) y no lo "hermético", que, justamente, especula con lo desconocido.

Elementos del tarot

El tarot esta trufado de elementos cristianos, junto a otros que no lo son, muy propios del imaginario medieval de la Europa Occidental o “Cristiandad” -como  a veces se la conoce-. Sí alguna de sus figuras evoca algo “mágico”, en lo simbólico, es magia occidental y alquimía – la rueda de la Fortuna, la Muerte, el Diablo, etc.- y eso en los arcanos mayores, los menores son, simplemente, los palos de la baraja.

Baraja que se utilizaba como juego de naipes y en absoluto como medio de adivinación. Por ejemplo, la prohibición, recogida por Jodorowsky, en relación a los estatutos de 1337 de la abadía de Saint Victor, esta dirigida a “jugar a cartas”, no a la realización de mancia alguna. Tanto los datos como la simbología del tarot son bastante significativos acerca de sus orígenes en la Europa medieval.

Centrándonos en los símbolos de los arcanos mayores, lo que hay son huellas de cristianismo -ya mencionadas- y, tal vez, de catarismo -no olvidemos a Tolouse en la génesis de los naipes-, pero eso último también nos vuelve a situar en la Edad Media europea, respecto a esa posibilidad, curiosamente, Court de Gébelin, arroja algún dato en su “Le Monde Primitif”: “ En Provence, on en appella les Valets Tuchim. Ce nom désignoit une race de voleurs qui, en 1361, avoient causé dans ce Pays & dans le Comtat Venaissin, un ravage si horrible, que les Papes furent obligés de faire prêcher une Croisade pour les exterminer. Les Cartes ne furent introduites dans la Cour de France que sous le Successeur de Charles V” . On craignit même en les y introduisant, de blesser la décence, & on imagina en conséquence un prétexte: ce fut celui de calmer la mélancolie de Charles VI. On inventa sous Charels VII le Jeu de Piquet. Ce Jeu fut cause que les Cartes se répandirent, de la France, dans plusieurs autres parties de l'Europe."

Cierto es que los últimos registros de procesos inquisitoriales contra los cátaros en Occitania se datan hasta 1330 e.c. Pero, obviamente, la larga trayectoria del catarismo occitano, de más de trescientos años, alguna impronta pudo dejar también los naipes. Muy poco se sabe de sus doctrinas -digamos que el Santo Oficio trabajó a fondo-, pero en sus jerarquías no había diferenciación de sexos, en ese sentido, la carta de “La Papesse”, pudiera ser significativa. Como también el color del personaje: blanco. De todas maneras, esto sería muy especulativo.

Los naipes en la literatura medieval francesa

Por otra parte al inicio del capítulo XX de su “Gargantúa”, François de Rabelais, da un exhaustivo detalle de todo tipo de juegos, incluyendo los naipes, cuando habla de los juegos de Gargantúa:

“Puis tout lordement grignotant d'un transon de graces, se lavoit les mains de vin frais, s'escuroit les dens avec un pied de porc et devisoit joyeusement avec ses gens; puis, le verd estendu, l'on desployoit force chartes, force dez et renfort de tabliers. Là jouoyt:

(Puis marmottant, tout alourdi, une bribe de prière, il se lavait les mains de vin frais, se curait les dents avec un pied de porc et devisait joyeusement avec ses gens. Ensuite, le tapis vert étendu, on étalait force cartes, force dés, force tablettes et alors il jouait:)”

au flux (au flux),
à la prime (à la prime),
à la vole (à la vole),
à la pille (à la pille),
à la triumphe (à la triomphe),
à la picardie (à la Picardie),
au cent (au cent),
à l'espinay (à l'épinet),
à la malheureuse (à la malheureuse),
au fourby (au fourbi)...(...)”

Rabelais el Thélème y el esoterismo
 
Curiosamente existe un vínculo entre Rabelais y Crowley: la idea y la palabra “Thélème” -”Thelema” en la versión de Aleister Crowley-, amén de las propias cartas de las que hablamos, podría decirse que Crowley no podía faltar a esa cita.

En cuanto al origen definible del tarot, se puede seguir a Jodorowsky, con independencia de como se valore el tarot y su funcionalidad como mancia o, cuando menos, instrumento que muestra cosas de la psique humana,. Alejandro Jodorowsky realiza una labor de investigación, que demuestra  que esas cartas no va más allá de la Edad Media. No hay otras pistas más antiguas de los naipes en sí, de los que ni siquiera puede deducirse, de esas fuentes, su utilización en mancias o meramente lúdica.

Lo único que consta en atribuciones esotéricas a los naipes o bien orígenes remotos son las infundadas especulaciones de Court de Gébelin y de Waite y eso situan a esas hipótesis entre lo mistérico y lo legendario, pero en el siglo XVIII e.c. y en el marco especulativo del Siglo de las luces,. Eso sí, en la vertiente del pensamiento especulativo irracional.

Así, en 1772, Antoine Court de Gébelin comenzó a publicar Le Monde primitif (el Mundo Primitivo), obra que queda inacabada, en su octavo tomo dice lo que sigue:

«Si anunciáramos que en nuestros días existe una Obra de los antiguos Egipcios que ha escapado de las llamas que destruyeron sus bibliotecas formidables, una obra que contiene la doctrina más pura de los Egipcios sobre algunos argumentos interesantes, ¿quién no estaría impaciente por conocer un libro tan precioso y extraordinario?

»Y si añadiéramos que este libro está muy difundido por toda Europa y que desde hace siglos va de mano en mano, estamos seguros de que la sorpresa aumentaría y probablemente llegue a su máximo si dijéramos que nadie ha sospechado jamás que este libro —que tenemos como si no lo tuviéramos, y del que nadie ha intentado descifrar ni una sola hoja— es egipcio y que el resultado de tanta sabiduría exquisita se mira como una baraja de figuras extrañas privadas de sentido, ¿quién no pensaría que estamos bromeando o que nos queremos aprovechar de la credulidad de los lectores?

»Sin embargo, este hecho es cierto: este Libro Egipcio, el único superviviente de sus magníficas bibliotecas, existe en nuestros días. Es tan conocido que ningún erudito se ha preocupado de él, nadie antes que nosotros ha sospechado su ilustre origen (…) Este Libro tiene un nombre: el juego del tarot»
 

(Antoine Court de Gébelin, Le Monde primitif)

En su  ensayo, Court Gébelin, sigue explicando su hipótesis egipcia del origen del tarot, y de que modo este había sido preservando, ocultando sus auténticas capacidades bajo el aspecto de un simple juego. Gébelin, en otro artículo, hace una referencia enigmática -ya comienzan los secretismos-, en relación un tal M. le C. de M. que insistía en la origen egipcio, y sostenía que el juego tenía capacidades adivinatorias.

Según ese M. le C. M., el tarot  era el libro secreto de Ta-Rosh, en el que Athothes, supuesto hijo de un supuesto faraón egipcio llamado, habría encriptado y escondido algunas bases de más antiguos saberes ocultos.

Lo interesante del asunto es que, el propio Court de Gébelin, confesaba que no había investigado nada en absoluto, ni fuentes documentales, ni libros, ni siquiera las cartas, decía que sólo había necesitado tomar vino, durante una fiesta de la nobleza, para que en unos quince minutos se produjese tamaña y tan notoria iluminación.

El  supuesto libro de Thot es, una simple especulación sin ninguna base de Court de Gébelin, cosa que reconoce tranquilamente él mismo. Igual ocurre con Waite y la cábala, que nada tiene que ver con naipes o el tarot y, cuyo origen,  se encuentra en una vertiente del misticismo del judaísmo rabínico. El Zohar, que es uno de sus pilares, pese a pretender remontarse al siglo II e.c. es, casi con seguridad, del siglo XIII  e.c..
Más allá de Court de Gébelin y Waite, conforme ha pasado el tiempo, la escalada de cierto ocultismo -más serio y menos serio- ha ido conformando pandemoniums aún mayores, casi recordando el muy literario episodio del final de “El Péndulo de Foucault” de Umberto Eco:
 
“Conclusión, nosotros inventamos un Plan inexistente y Ellos, no sólo se lo tomaron en serio, sino que también se convencieron de que hacia mucho tiempo que formaban parte de él, o sea que tomaron los fragmentos de sus proyectos, desordenados y confusos, como momentos de nuestro Plan, estructurado conforme a una irrefutable lógica de la analogía, de la apariencia, de la sospecha.
Pero si se inventa un plan y los otros lo realizan, es como si el Plan existiese, más aún, ya existe.

A partir de ese momento, enjambres de diabólicos recorrerán el mundo en busca del mapa”

 
(Umberto Eco, “El Péndulo de Foucault”, págs 560-561)

“Ellos”, en diferentes enjambres, se van moviendo en un paroxismo de especulación y fantasía, así,  resulta que el tarot era de ¡Agharta, Lemuria, Thule o la Atlántida! Unos dicen que habían dos barajas, una "blanca" y otra "negra". Vaya, la versión en naipes de la teurgia y la goecia.
 
Invocando tales magias no podía faltar Eliphas Levi, que ve al tarot por todos lados en su  “Dogma y Ritual de la Alta Magia”:
 
“En las letras de las palabras AZOTH E INRI escritas cabalísticamente, y en el monograma de Cristo, tal y como estaba bordado sobre el lábaro, y que el cabalista Postel interpreta por la palabra ROTA, de la que los adeptos han formado el TARO O TAROT, repitiendo después la primera letra para indicar el circulo y dar a comprender que la palabra está invertida.”
 
Ni, por supuesto, el muy notable Aleister Crowley, que elabora su propia versión en colaboración con la pintora Frieda Harris, al que llaman el “tarot de Thot”, volviendo con ello a los orígenes invocados por Court de Gébelin.
 
Todo argumento al respecto de esas fantasías es siempre nulo -cuando menos Gébelin confiesa, ingenuamente, que su “iluminación” se produce en quince minutos, en una fiesta y mientras ingiere vino...no deja de ser una explicación-. Las “pruebas” siempre se remiten a los rosacruces o alguna secta hermética que, en definitiva, ni pueden mostrar ni demostrar nada -el argumento es circular: las “pruebas” existen, pero como son “secretas” y las tienen “organizaciones secretas”, pues, no se pueden enseñar-. Obviamente tal argumentación no se sostiene fuera de la fe, en este caso en un determinado y un tanto extravagantes origen del tarot.
 
Juego de cartas del que todo apunta su origen occidental, medieval y, si acaso hay mezcla de algo más allá del juego mismo, serían motivos cristianos, alquímicos y fruto de cultos o creencias locales o regionales apenas teñidas por un leve matiz cristiano, cuando no abiertamente “heréticas” como el catarismo.
 
Sea como sea, fruto de Occidente y, sea como sea...de su imaginación. A fin de cuentas, si se tiene en las manos una lista de la lavandería, lo más probable, es que sea una lista de la lavandería. Por analogía, si se tiene un juego de cartas, lo más probable, es que se trate de un juego de cartas. Después, la acción humana, podrá convertir lo primero en una conspiración templaria y lo segundo en una mancia. ¿Acaso importa lo que fuesen en origen?


Jorge Romero Gil


Bibliografía

Eco, U., El Péndulo de Focault, Ediciones Círculo de Lectores

Court de Gebelin, A., Le Monde Primitif

Jodorowsky, A., La vía del tarot

Levi, E., Dogma y Ritual de la Alta Magia

Rabelais, F., Gargantúa