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sábado, 4 de enero de 2014

Algo más sobre los egregor



Eliphas Levi, entre otras cosas denomina a los egregor "príncipes de las almas", pero esto nos indica poco sobre su naturaleza, en mi opinión son más explícitas otras citas de su “Historia de la Magia” .

Por su parte Rizardo da Camino, en su "Diccionario Masónico", dice que es un "Cuerpo Místico que se forma con sus propias peculiaridades, después de la apertura del Libro Sagrado, cuando todos se unen con las mentes para el acto de crear".

También menciona el concepto el martinista ruso Gregory Ottonovich de Mebes en su obra “Curso Enciclopédico de Ocultismo” y los relaciona con la construcción colectiva, aunque en concreto con determinadas "construcciones" iniciáticas, religiosas o filósoficas, digamos que habría una interacción, éstas formarían construcciones egregóricas -por la unión, más bien, catarsis, de energías que provocan- y a su vez representarían egrégores y serían reforzadas por la construcción egregórica -en cierto modo los símbolos pueden ser "iconos egregóricos", el gallo para Francia o el león británico-. Observese que da Camino y Ottonovich no se contradicen.

El egregor como unión de energías humanas

Con esto enlazariamos con la idea de egregor como unión de energías en cierta medida fruto de la acción humana, más que elementos énticos como indica Eliphas Levi serían energías personificadas o identificadas con ciertos procederes colectivos humanos -lo cual, por otra parte, no impide necesariamente que adquieran una ontología derivada de ese constructo humano, en ese sentido podrían adquirir características entícas, lo cual no haría entrar en contradicción esta visión con la de Eliphas Levi-.

Todo ello tampoco estaría en contradicción con la conceptualización de egregor desde la Magia del Caos -la iniciada por Austin Osman Spare-, para la que el egregor es en primer lugar un centro de conciencia dévico, y por "dévico" se entiende las reacciones que en el espacio produce cualquier estado de conciencia humana.

Desde esa perspectiva se trataría de un ente primordial formado por un grupo de personas que "suman" o "materializan" en algo concreto -un "todo" o un "ente"- de sustancia mental o psíquica generada por la unión de sus estados de conciencia. Eso no implica, como antes decía, que una vez generado el ente no adquiera "vida" propia y, también, fuerza y voluntad propia. Siendo de ese modo independiente de quienes lo han creado o alimentado.

Constructo psíquico y arquetipo

A un nivel racional un egregor sería un cosntructo psíquico, algo así como "un ser psíquico de carácter colectivo" -definición ésta de la Magia del Caos-.

Podría definirse también como un alma grupal y arquetípica -recordemos que los arquetipos son, siguiendo a Jung, figuras creadas por el inconsciente colectivo, ciertamente Jung se queda en lo simbólico y aquí se da un paso más allá en la idea- estrechamente ligada a una comunidad -la que sea- que la ha generado y que hasta cierto punto esta vinculado -e incluso puede dirigir- el destino de esa comunidad.



Jorge Romero Gil



Bibliografía

Da Camino, Rizardo, Diccionario Masónico

De León, Moshé, El Zohar, Ediciones Obelisco (en curso de publicación)


Graves, R., y Patai, R., Los mitos hebreos, Editorial Losada, Buenos Aires, 1969


Graves, R., Los mitos griegos

Jung, C. G., Arquetipos e inconsciente colectivo, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona, 1970


Levi, Eliphas, Historia de la Magia

Ottonovich de Mebes, Gregory, Curso Enciclopédico de Ocultismo


Spare, Austin Osman, El libro del Placer




martes, 20 de agosto de 2013

La Goecia



La goecia es magia occidental propiamente dicha, es decir, en origen no hay componentes exóticos ni procedentes de Oriente ni, tampoco, añadidos chamánicos o similares procedentes de América ni formulas animistas africanas.

Eso no significa que en las versiones más modernas alguno de esos elementos se haya podido introducir, pero en origen su esencia es Europea y Mediterránea, esos serían los entornos geográficos y culturales en los que se desarrolla.

Goecia, pragmatismo e intrumentalismo

Se trata de una magia ceremonial, ritual y formal, por lo cual aquí no entra demasiado los estados anímicos del “magus” ni ningún tipo de supuesta capacidad de “medium” o “canalización”, en todo caso entraría en juego la habilidad y la destreza para llevar a cabo las formulas y los rituales necesarios sin “defecto de forma”. La teoría es, pues, que funcionará o no en relación a que se ejecute bien o no, sin tener nada que ver en ello una cualidad intrínseca del ejecutante ni el que ponga o deje de poner fe en ello.

De hecho es contrario a la propia esencia de la goecia que el “magus” vaya a quedar expuesto a la “posesión” de nadie ni al dominio de nadie, ni temporal, ni periódica, ni permanentemente, por una sencilla razón: una de las bases teóricas de la goecia es que el “magus” es “quién manda”. Dicho de otro modo, en todo momento ha de controlar los entes, energías o fuerzas que vaya a utilizar, que invoque o evoque. El “magus” no es siervo de nadie más que de sí mismo así que no se pondrá al servicio de nadie. Si precisa invocar un poder para controlar a otro al que está llamando lo hará, le dará totalmente igual que poder sea éste, no estará sometiéndose a él o adorándolo, solo lo estará utilizando de la misma manera que estará utilizando al convocado -pues se convoca, invoca o evoca para un fin funcional e instrumental, el que sea-.

Por ello encontramos en los grimorios -que es dónde básicamente se recoge la goecia, en realidad no hay ningún “tratado” específico de la misma, hay diferentes obras de diferente tipo, con patrones comunes de las que se pueden inferir cosas- constantes referencias a entidades ángelicas, la propia divinidad -normalmente la judía o cristiana, porque normalmente la mayoría de grimorios son de época medieval y algo posteriores, es decir, poca cosa hay, aunque alguna de una época en la que el cristianismo no era la religión dominante, cultual, cultural y socialmente en Europa- o demonios de diferentes tipos, categorías y supuestos poderes. La cuestión es que el “magus” usa a unos y a otros y no reconoce a ninguna de esas teóricas potestades como “señor” -por eso mismo se equivoca Lavey cuando al comienzo de su “Biblia Satánica”en el prefacio dice lo siguiente de los grimorios:

Este libro fue escrito porque, con muy pocas excepciones, todo tratado o libro, todo "grimoire" secreto, todas las "grandes obras" del pasado sobre el tema de la magia, no son otra cosa que fraudes santurrones - desvaríos culpabilizados y farfulleos esotéricos de los cronistas de la tradición mágica, incapaces, o bien no dispuestos a presentar una visión objetiva sobre el tema.”

Es injusto con ello si se refiere a los auténticos grimorios -los realizados entre la Edad Media y el siglo XVII, poco más o menos- porque en realidad, estos, muestran lo que Nietzsche hubiera llamado una “subversión total de los valores”, los grimorios no se escriben para rendir pleitesía a ente alguno, ni malévolo ni benévolo -de hecho no se les considera ni una ni otra, ese es un factor que no se tiene en cuenta, se les considera más o menos energías o fuerzas a utilizar, nada más, las personificaciones en el fondo, son puramente alegóricas y simbólicas-, no “se quedan a medias”, y si se menciona en ellos a Jesucristo, el Dios cristiano o el D_os de Israel es única y exclusivamente con la finalidad de utilizarlos, de usar su poder -de intimidación, de salvaguarda del “magus” e incluso para coaccionar, como detalladamente explican ciertas fórmulas-. Eso es altamente subversivo en su fondo, porque el dominio no se reconoce a esos “dominus” sino que el “dominus” real es el “magus” que los usa. De la misma manera tampoco se por al servicio de ningún ente más o menos demoníaco invocado o evocado, lo que se hace es servirse también de él, en este caso y generalmente para conseguir cosas o que éste proporcione cosas o se constituya en una fuente de poder para el celebrante.

Goecia: un ejmplo de fórmula

Esto se observa en todo formulario de “contrato con el Diablo” -que los hay, y curiosamente adoptan las formas jurídicas de Occidente, casi podríamos ver en ellos un tipo muy especial y particular de arcaico contrato “civil”, se ajusta bastante a formas que hubiera aceptado sin mayores problemas el Iuris Civilis de Roma-. En el ritual previo a esos contratos y en las formulas que se presentan se prevé que el ente pedirá el alma del convocante -es decir, que le reconozca como señor y el “magus” se convierta en su siervo-, pero... se da la fórmula ritual por la cual se rechazará tal pretensión primero y, después, se someterá al ente en cuestión... al poder del “magus”, estos entes acaban claudicando -si hemos de hacer caso a los grimorios- con estas palabras -u otras muy parecidas-:
“¿Por qué vuelves a atormentarme? Si me dejas en reposo, te daré el tesoro* más precioso (*o lo que se haya pedido)”. Es decir, primero quieren “mandar” y tener al “magus” como siervo -generalmente pidiendo el alma- y al final son ellos quienes solicitan que a cambio de no ser “atormentados” con el poder que exhibe el “magus” se pondrán al servicio de éste. Se pactan al final unas condiciones -es decir, hay también contraprestación- pero estas son muchísimo más favorables al “magus”, menos “draconianas” y, en el fondo, es un reconocimiento de la sumisión del ente en cuestión. La contraprestación suele ser simbólica, del tipo “me consagres una moneda todos los primeros lunes de cada mes y que no me llamarás sino un día de cada semana”, con esa cesión del espíritu, ente o fuerza invocada o evocada se cierra el pacto y el “magus” pronuncia una fórmula parecida a ésta: “Contento estoy de ti por el presente; te dejó en reposo y te permito que te retires adonde mejor te plazca, sin hacer ruido ni dejar el más mínimo hedor. Piensa también en tu compromiso a mi pacto, porque si faltas a él un momento, puedes estar seguro de que te atormentaré eternamente”.

Naturalmente cabe preguntarse cual es el medio por el cual el ente es doblegado, bien, en principio es el uso instrumental de los poderes rivales y superiores al del espíritu llamado -ya hemos dicho que estos adoptaran, normalmente, la forma de cualquier nombre del Dios cristiano, del D_os de Israel o de la figura de Jesús, que son las “entidades opuestas” a los entes convocados, el uso y mención de estos es completamente instrumental y es la salvaguarda del “magus”-, ahora bien, dado que estamos hablando de una magia ceremonial, formal y ritual -y en todos esos sentido obedece a una concepción absolutamente pragmática, y a su muy “sui generis” manera podríamos llamar racional- el asunto no se resume a mencionar esos “nombres de poder” y ya está, se necesita otras cosas -por ejemplo, trazar algo así como un perímetro que aisle al “magus” del ente mientras duran sus tratos y hasta que se cierra el pacto que es... de sumisión del ente- y se necesita, sobre todo, una “llave”, esa “llave” no es otra cosa que lo que realmente obligará y forzará al ente, esa “llave” está “impregnada” con los poderes que le doblegarán y que permiten decir al “magus” cosas como “puedes estar seguro de que te atormentaré eternamente”, esa llave estará presente en el grimorio, de hecho es el grimorio mismo y sus formulas, por eso es subversivo a diferencia de lo que entiende Lavey, está utilizando y sirviéndose de Dios mismo -en teoría, en el fondo el “magus” tampoco lo reconoce en condición de tal, es tan solo un poder para usar, oponer y controlar a otro poder, en ese sentido es meramente una “fuerza mayor” ante la que se ve obligada inclinarse la “fuerza menor”- DENTRO del grimorio -en sus formas y formulas- para someter y no someterse al ente convocado.

En la mayoría de ocasiones -aunque no en todas- se alude al más famoso y legendario grimorio: “Las Claviculas Salomonis”. Por ejemplo, en las formulas presentadas aquí como muestra a
“Contento estoy de ti por el presente; te dejó en reposo y te permito que te retires adonde mejor te plazca, sin hacer ruido ni dejar el más mínimo hedor. Piensa también en tu compromiso a mi pacto, porque si faltas a él un momento, puedes estar seguro de que te atormentaré eternamente” se añade “con las grandes y poderosas palabras de la Clavícula del rey Salomón, por las que se fuerza a obediencia a los espíritus rebeldes" (esta fórmula está basada en la Gran Clavícula de Salomón, aunque la que se presenta en el Gran Grimorio de Roboan es bastante parecida). Es decir, en las formas y formulas contenidas en el grimorio -aquí la Clavicula Salomonis”- reside el poder que obliga al ente llamado y subyudado -a pesar suyo-.

Diferencias entre satanismo y goecia


Por eso mismo considerar a la goecia como “satanismo” o al “magus” como satanista es un error grave, conceptualmente y en su desarrollo práctico -aclaremos, “teórico desarrollo práctico”, nadie dice que eso vaya a funcionar, yo al menos no lo digo, solo describo lo que es y lo que dicen esos grimorios y esos “métodos”- la goecia no tiene nada que ver con el satanismo.

El satanismo implica ponerse al servicio de un ente teóricamente el opositor del Dios cristiano y lo que se obtenga, supuestamente, será en pago a ese servicio, de la misma manera que el cristianismo es ponerse al servicio del Dios cristiano y lo que se obtenga, supuestamente, será también en “pago” -aunque los cristianos lo llamen posiblemente de otra manera- a ese reconocimiento y servicio.

En ese sentido el “magus” y la “goecia” no solo no son “
desvaríos culpabilizados y farfulleos esotéricos” como les acusa Lavey sino que están claramente por encima de su planteamiento: al “magus” no le manda nadie ni sirve a nadie, él manda y él se sirve, no reconoce a Señor alguno, en puridad puede decirse que él mismo es su propio “dominus”, no otro.

Puede tener mayor razón Anton Szandor Lavey cuando añade al párrafo citado -también en el Prefacio de su “Biblia Satánica”- lo siguiente:
“Escritor tras escritor, en sus esfuerzos de declarar los principios de la "magia blanca" y "magia negra", lo único que han conseguido es confundir y nublar el tema hasta tal punto que el aspirante a estudiante de hechicería termina ante un tablero de Ouija, parado dentro de un pentagrama esperando a que se le aparezca un demonio, lanzando débilmente al aire fichas del I Ching como si fuesen rosquillas rancias, barajando naipes para predecir un futuro que ha perdido todo significado, dando conferencias con el fin garantizado de inflar su ego - a la vez que hace lo mismo con su cartera - y en general quedando como un tonto ante los ojos de quienes en verdad saben” Decimos que puede tener mayor razón porque aquí... ya no se describe la goecia, ni la ouija, ni el I Ching, ni el tarot, ni cualquier otro añadido orientalizante o no tienen nada que ver con la goecia, la goecia se resume, remite y mide exclusivamente por lo contenido en heterogéneo “corpus” de los variados grimorios que encontramos redactados, como se ha indicado, entre la Edad Media y el siglo XVII -y muchos de estos últimos son reelaboraciones de otros medievales-. Lavey tiene razón cuando viene a llamar falsos a esas obras, solo que eso no son grimorios y eso no es goecia, y, tampoco, la goecia es ni quiere ser satanismo -si Lavey hacia teatro o quería realmente ser satanista es otro asunto, pero la goecia ni lo quiere ni lo es-.

El aspirante a “satanista” no sé pero el aspirante a “estudiante de hechicería” y de ahí a “magus” no tiene la menor intención ni de acabar ante un tablero de ouija ni, tampoco, de asumir ningún
“pensamiento Satánico, desde un punto de vista verdaderamente Satánico" palabras con las que acaba Lavey su Prefacio. Si Lavey pensaba que la goecia era eso... se equivocaba de medio a medio. Muchísimo más que Samuel Liddell MacGregor Mathers, Aleister Crowley o Austin Osman Spare, o que autores antiguos como Johann Weyer con su "De Praestigiis Daemonum" o Jean Bodin que versiona la obra de Weyer con el título de “Démonomanie des sorciers”, todos los cuales sabían lo que era la “goecia”, que variantes se le podían añadir o introducir sin alterarla -en ese sentido destacará Spare que será el fundador de la magia del Caos- y que... nada tenía que ver con adorar o servir a nadie y menos que a ninguno a Satanás o cualquier ente a los que se va a instrumentalizar y de... los que se va servir.

La "Clavícula Salomonis"

La “Clavícula Salomonis” antes nombrada es más un mito que una realidad, y no porque no existan esos textos, sino porque hay una notable variedad de textos que se acogen a esa denominación. Textos que a veces son coincidentes y otras no ¿Pueden ser complementarios? Es posible, pero el caso es que no son los mismos, por ejemplo, no dice lo mismo la edición en castellano de “Iroe el mago”, publicada en Amberes en 1721 que la versión reconstruida a principios del siglo XX de la “Clave Mayor del rey Salomón” por MacGregor Matthers o que el “Goetia” o “Clave Menor del rey Salomón” comenzada por MacGregor Mathers y terminada por Crowley -que, sin embargo, sí se asemeja notablemente a la "Pseudomonarchia daemonum" de Weyer que es un apéndice del "De Praestigiis Daemonum"-.

No cabe equivocarse, las evocaciones al rey Salomón son falsas, es decir, todo texto que se incluye bajo el título “Clavícula Salomonis” -sea la mayor, sea la menor, sea su conjunto- no provienen del famoso y tal vez mítico rey, son integramente de factura medieval y de retoque renacentista y de los siglos siguientes pero... no van más allá del medioevo europeo. Sencillamente se acogen a la leyenda que supone que la sabiduría de Salomón y el favor divino le permitía servirse a voluntad de espíritus y demonios si, por ello, que estos le dominasen a él sino al revés -curioso eco del aparente hecho de que en la corte salomónica se permitía sin mayor problema el culto a Baal lo mismo que al D_os de Israel, cosa que se sigue del texto bíblico, como decimos la figura de Salomón pudiera ser o no ser real, a día de hoy se busca confirmación arqueológica del mismo pero aún no se ha encontrado, en concreto se buscan sus posibles caballerizas o establos, pero eso es otra historia-, en la versión islámica Salomón tendrá fama de tener genios a su servicio -y por genios no nos referimos a brillantes consejeros reales sino literalmente a los entes mágicos descritos en el Corán y en la literatura islámica-.

En cualquier caso el conjunto de grimorios -parecidos, iguales o complementarios- que se acogen al nombre “Clavícula Salomonis” no provienen del celebre rey -ni de su entorno y época- sino de la Europa medieval.

Citamos a continuación algunas de las más celebre de estas obras: "Pseudomonarchia daemonum", "Verus Jesuitarum Libellus", "Le Petit Albert", "Grimorium Verum", "L'art de commander les esprits du Grand Grimoire", "Le Grand Grimoire", "Douze Anneaux (Lansdowne MS 1202)", "Oedipus Aegyptiacus", "De Heptarchia Mystica", "Heptameron", "Liber Juratus", "Goetia", "Anecdota Atheniensia", "Lemegeton", "Ars Notoria", "Archidoxis of Magic", "Theosophia Pneumatica", "Grimorio de Armadel", "Livre Troisieme. Concernant les Esprits & leurs pouvoirs", "Chyromantie ac phisionomie anastasis", "Steganographia", "Liber Consecrationum", "De Praestigiis Daemonum et Incantationibus ac Venificiis", "Livre des esperitz", et al.

Características de la goecia

Se ha dicho al comienzo que la goecia tenía un carácter ceremonial, ritual y formal -esto último en el sentido de fórmulas a pronunciar de determinada manera y no otra, es decir, se trata de “pronunciar o realizar una fórmula sin defecto de forma”-, aquí no entra ninguna capacidad “extrasensorial”, “mediumnica” o “especial” de cualquier otro tipo similar del “magus”, solo entra su conocimiento de la materia que trate, su capacidad y … sus instrumentos -el básico, naturalmente, es el grimorio o su equivalente, es decir, allí donde se encuentren las fórmulas a realizar-.

El conjunto puede definirse como “litúrgico” porque en realidad es el mismo concepto el que se maneja -una fórmula ritualizada más o menos concreta, fija y estereotipada para establecer contacto con determinados entes, fuerzas o energías-. Entendemos que es ceremonial en el sentido de que contempla un conjunto de ritos o rituales, es ritual en el sentido de que hay ritos específicos para acciones específicas y es formal porque siempre se materializa -en el sentido de llevarse a cabo- a través de fórmulas realizadas “sin defecto de forma” -por lo cual la forma vale tanto o más que el fondo-. Las palabras “ceremonial” y “ritual” pueden ser sin mayor problemas sinónimas, pero aquí hacemos la distinción de lo ceremonial como el conjunto de ritos posibles, y reservamos “ritual” como el rito específico y concreto a realizar en cada caso, pero, en puridad, podría hacerse a la inversa, dejamos esa decisión al ánimo deconstructivo de cada cual.

 
Jorge Romero Gil

 
Bibliografía


Bodin, Jean:“Démonomanie des sorciers” -versión facsimil en mezcla de francés y latín del "De Praestigiis Daemonum" de Weyer-

Crowley, Aelister: “Goetia”

Crowley, Aelister: “Liber AL Vel Legis”

Dee, John: “La heptarquía mística”

Dee, John: “El jeroglífico monádico”

“Gran Grimorio del Papa Honorio”, publicado en Roma en 1760.

“Gran Grimorio o Dragón Rojo”, tr
aducción al español de la Edición de 1845 en francés editada por B. Renault

Iroe el Mago: “Clavicula Salomonis”, edición en castellano publicada en Amberes en 1721

Lavey, Anton Szandor,: “Biblia Satánica”, Ediciones Martínez Roca, 2008


MacGregor Mathers, Samuel Liddell: “Clave Mayor del rey Salomón”

MacGregor Mathers, Samuel Liddell: “El libro de la magia sagrada de Abramelin”, Editorial Kier, Buenos Aires, 1987.

MacGregor Mathers, Samuel Liddell: “El Grimorio de Armadel”

Spare, Austin Osman: “El libro del placer”, 1913 (edición en castellano de 2007)

Weyer, Johann: “Pseudomonarchia daemonum” -Apéndice del "De Praestigiis Daemonum", en latín y castellano-

domingo, 11 de marzo de 2012

Goetia. El Libro de los Espírirtus del Mal (VI)



Después de Purson prosiguen las descripciones de algunas características de supuestas potestades, sigamos, también, con ellas.
Ahora nos referiremos a Márax o Morax, Ipos, Aim o Aini o Halloryn y Naberius o Cerbero, nuevamente se observa que sus atributos no les hacen aparecer como maléficos sino que tal atribución lo es solo ontológica –es su única explicación-, explicación, por lo demás, escasamente explicativa o, cuando menos, que diluye esa maldad –por el propio hecho de ser intrínseca- y la convierte en discutible. Por enésima vez debe volverse a la idea –en el fondo ajena a la filosofía de fondo de los grimorios, no tanto a la aparente- de los “ángeles caídos” para hallar refugio explicativo.

Márax proporciona conocimientos científicos y aporta esos familiares –especies de “demonios mascota”- especializados en plantas y piedras preciosas, cosa que, seguramente, tiene su provecho se le representa de manera zoomórfica.

Ipos cuenta también con una apariencia zoomórfica, león, ganso y liebre son sus características, la cabeza de león representa fiereza pero nobleza, también valentía, no en vano patrocina la combinación de arrojo e ingenio.
Aim otorga ingenio lo que también va unido a la astucia de su parte reptilinea, su cuerpo es de hombre pero como Bael tiene tres cabezas, serpiente, ternera y humano, monta una serpiente y porta una tea que le permite generar destrucción.

Naberius o Cerbero, su aspecto es totalmente zoomórfico aunque no tiene nada que ver con el homonimo can de la mitología griega, su forma es la de una grulla negra, animal con un notable simbolismo, como Bael tiene la voz ronca y, nuevamente, lo que proporciona son beneficios –habilidad en ciencias oficios y artes-. A continuación vemos que nos dice de ellos el Goetia.

EL LIBRO DE LOS MALOS ESPÍRITUS
SHEMHAMPHORASH

21. MÁRAX (Morax en algunos códices). Gran Conde y Presidente. Aparece como un gran toro con rostro de hombre. Su oficio es proporcionar conocimiento sobre astronomía y todas las ciencias liberales. También proporciona buenos familiares que conocen las virtudes de las plantas y piedras preciosas. Gobierna 30 legiones. Éste es su sello que se usa como se ha indicado.



22. IPOS. Es un Conde y poderoso Príncipe y aparece en la forma de un ángel con cabeza de león, pies de ganso y cola de liebre. Conoce las cosas del presente, pasado y futuro. Hace a los hombres ingeniosos y arrojados. Gobierna 36 legiones. Su sello debe usarse en su invocación.



23. AIM. Llamado también Aini y Halloryn, fuerte Duque que aparece con un hermoso cuerpo de hombre pero con tres cabezas, la primera de serpiente, la segunda de un hombre con dos estrellas en la frente y la tercera de ternero. Monta sobre una serpiente y lleva una tea con la que causa gran destrucción. Da ingeniosidad en todas las formas y contesta en forma verdadera todas las cosas secretas que se le preguntan. Rige sobre 26 legiones de espíritus inferiores. Su sello se usa para la invocación.



24. NABERIUS. También llamado Cerbero, es un valiente Marqués que aparece en forma de una grulla negra que flota alrededor del círculo. Cuando habla lo hace con voz ronca. Proporciona habilidad en las artes y ciencias pero en especial en el arte de la retórica. Restablece dignidades y honores perdidos. Rige sobre 19 legiones de espíritus. Su sello debe usarse para su invocación.



Ahora presentamos la versión en inglés

THE BOOK OF EVIL SPIRITES

SHEMHAMPHORASH

(21.) MARAX. - The Twenty-first Spirit is Marax. He is a Great Earl and President. He appeareth like a great Bull with a Man’s face. His office is to make Men very knowing in Astronomy, and all other Liberal Sciences; also he can give good Familiars, and wise, knowing the virtues of Herbs and Stones which be precious. He governeth 30 Legions of Spirits, and his Seal is this, which must be made and worn as aforesaid, etc.

(22.) IPOS. - The Twenty-second Spirit is lpos. He is an Earl, and a Mighty Prince, and appeareth in the form of an Angel with a Lion's Head, and a Goose's Foot, and Hare's Tail. He knoweth all things Past, Present, and to Come. He maketh men witty and bold. He governeth 36 Legions of Spirits. His Seal is this, which thou shalt wear, etc,.

(23.) AIM. - The Twenty-third Spirit is Aim. He is a Great Strong Duke. He appeareth in the form of a very handsome Man in body, but with three Heads; the first, like a Serpent, the second like a Man having two Stars on his Forehead, the third like a Calf. He rideth on a Viper, carrying a Firebrand in his Hand, wherewith he setteth cities, castles, and great Places, on fire. He maketh thee witty in all manner of ways, and giveth true answers unto private matters. He governeth 26 Legions of Inferior Spirits; and his Seal is this, which wear thou as aforesaid, etc.

(24.) NABERIUS. - The Twenty-fourth Spirit is Naberius. He is a most valiant Marquis, and showeth in the form of a Black Crane, fluttering about the Circle, and when he speaketh it is with a hoarse voice. He maketh men cunning in all Arts and Sciences, but especially in the Art of Rhetoric. He restoreth lost Dignities and Honours. He governeth 19 Legions of Spirits. His Seal is this, which is to be worn, etc.



Jorge Romero Gil



Bibliografía

Goetia.Compiled and translated by S.L. MacGregor Mathers Editing and Additional Material by Aleister Crowley

MacGregor Mathers, S.L. y Crowley, A., Goecia. La Clave Menor del Rey Salomón. El Libro de los Espíritus, Editora y Distribuidora Yug, 1992.

Regardie, I., La Aurora Dorada. Un Compendio de las enseñanzas, ritos y ceremonias de la Orden de la Aurora Dorada. Revisada y aumentada. Editada en cuatro volumenes. Luis Carcamo Editor, Madrid


sábado, 10 de marzo de 2012

Goetia. El Libro de los Espíritus del Mal (V)



Siguiendo con el Goetia y su exposición de los espíritus infernales nos encontramos tras Zepar a otras entidades, nos centraremos aquí en Botis, Bathin, Sallos y Purson, tal como los describen Samuel Lidell MacGregor Mathers y Aleister Crowley

Botis, Bathin, Sallos y Purson
Botis es Gran Presidente y Conde, Bathin es Duque, Sallos es Duque y Purson es un Gran Rey. De nuevo vemos un organigrama feudal de fondo, todos ellos andan ligados a un emperador –Lucifer-, lo hacen a pesar de ejercer un “imperium” propio y tener unas diferentes posiciones en un organigrama nobiliario estricto, pero eso es una pista de la época de composición de esta versión del grimorio: la Edad Moderna y, a lo sumo, la Baja Edad Media.

Vemos como la posición nobiliaria tiene poco que decir más allá de lo honorifico aunque el hecho en sí de la nobleza otorga cargos, en una jerarquía nobiliaria estricta Purson estaría por encima de Bathin y Sallos –duques- y no digamos ya de Botis –conde-, no es así, es más, Botis, que ostenta el título de conde, parece quedar por encima de sus colegas infernales a partir de la función: Gran Presidente.

Todos responden al monarca absoluto que es Lucifer –el Gran Emperador-, sin embargo aunque ya es monarca absoluto el propio título de emperador se concibe en la estructura de la pirámide feudal, de ahí la autonomía real de sus subordinados.

Estas transiciones y mezclas nos hablan, con toda seguridad de los vínculos del feudalismo del Antiguo Régimen, que se debate entre los privilegios feudales y el absolutismo monárquico, lo que concuerda con las fechas de “textos impresos” que maneja MacGregor Mathers, esto es el siglo XVIII o, como mucho el XVII EC.

La ambigüedad sobre la “maldad” de estos cuatro entes es total, ni una sola de sus características puede calificarse a priori de “malas”, luego no pueden ser malos por sus atributos o acciones –no especificadas- lo son meramente por el imaginario cristiano y porque se les califica de “malos espíritus” a partir de éste.


EL LIBRO DE LOS MALOS ESPIRITUS

SHEMHAMPHORAS


17. BOTIS. El Diecisieteavo Espíritu es Botis, Gran Presidente y Conde. Aparece al principio como horrible serpiente, después toma la forma humana al mandato del mago, tiene grandes dientes y dos cuernos. Lleva una espada filosa y puntiaguda en la mano. Dice todas las cosas del pasado y las del futuro y concilia amigos y enemigos. Rige sobre 60 legiones y su sello debe usarse en la forma indicada.





18. BATHIN. Duque fuerte y poderoso, aparece como un hombre fuerte y poderoso con cola de serpiente montando un caballo de color claro. Conoce las virtudes de las plantas y piedras preciosas y puede transportar a los hombres de un país a otro en un instante. Rige 30 legiones. Su sello debe usarse en la forma indicada.


19. SALLOS. Sallos o Saleos es un Duque grande y poderoso que aparece en la forma de un soldado montado en un cocodrilo, con corona ducal sobre su cabeza, pero apacible. Provoca el amor entre hombre y mujer. Gobierna 30 legiones. Éste es su sello.


20. PURSON. Gran Rey. Aparece en forma de un hombre con cabeza de león llevando una serpiente en la mano y montado en un oso. Llega precedido por muchas trompetas resonantes. Conoce todas las cosas ocultas, descubre los tesoros, y sabe todas las cosas pasadas, presentes y futuras. Puede tomar un cuerpo ya sea humano o aéreo y contesta todas las cosas terrestres y divinas y sobre la creación del mundo. Proporciona buenos "familiares" y gobierna 22 legiones pertenecientes parte al Coro de las Virtudes y parte al de los Tronos. Su sello debe usarse en la invocación.


A continuación la versión en inglés:

THE BOOK OF EVIL SPIRITS

SHEMHAMPHORASH


(17.) BOTIS. - The Seventeenth Spirit is Botis, a Great President, and an Earl. He appeareth at the first show in the form of an ugly Viper, then at the command of the Magician he putteth on a Human shape with Great Teeth, and two Horns, carrying a bright and sharp Sword in his hand. He telleth all things Past, and to Come, and reconcileth Friends and Foes. He ruleth over 60 Legions of Spirits, and this is his Seal, etc.

(18.) BATHIN. - The Eighteenth Spirit is Bathin. He is a Mighty and Strong Duke, and appeareth like a Strong Man with the tail of a Serpent, sitting upon a Pale Coloured Horse. He knoweth the Virtues of Herbs and Precious Stones, and can transport men suddenly from one country to another. He ruleth over 30 Legions of Spirits. His Seal is this which is to be worn as aforesaid.


(19.) SALLOS. - The Nineteenth Spirit is Sallos (or Saleos). He is a Great and Mighty Duke, and appeareth in the form of a gallant Soldier riding on a Crocodile, with a Ducal Crown on his head, but peaceably. He causeth the Love of Women to Men, and of Men to Women; and governeth 30 Legions of Spirits. His Seal is this, etc.


(20.) PURSON. - The Twentieth Spirit is Purson, a Great King. His appearance is comely, like a Man with a Lion’s face, carrying a cruel Viper in his hand, and riding upon a Bear. Going before him are many Trumpets sounding. He knoweth all things hidden, and can discover Treasure, and tell all things Past, Present, and to Come. He can take a Body either Human or Aërial, and answereth truly of all Earthly things both Secret and Divine, and of the Creation of the World. He bringeth forth good Familiars, and under his Government there be 22 Legions of Spirits, partly of the Order of Virtues and partly of the Order of Thrones. His Mark, Seal, or Character is this, unto the which he oweth obedience, and which thou shalt wear in time of action, etc.


Jorge Romero Gil

Bibliografía

Goetia.
Compiled and translated by S.L. MacGregor Mathers Editing and Additional Material by Aleister Crowley


MacGregor Mathers, S.L. y Crowley, A., Goecia. La Clave Menor del Rey Salomón. El Libro de los Espíritus, Editora y Distribuidora Yug, 1992.


Regardie, I., La Aurora Dorada. Un Compendio de las enseñanzas, ritos y ceremonias de la Orden de la Aurora Dorada. Revisada y aumentada. Editada en cuatro volumenes. Luis Carcamo Editor, Madrid
 





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domingo, 5 de febrero de 2012

Hermes Trimegisto, los "Tres Iniciados" y el Kybalión



Hermes Trimegisto es una deidad sincrética greco-egipcia, fusión de Hermes y Tot. Su nombre significa “Hermes Tres Veces Grande”. Sucede que, curiosamente, el sincretismo parece haberse realizado o definido con posterioridad al Antiguo Egipto y al helenismo. De tal manera que la asociación de figuras en algunas ocasiones se hace entre Hermes y Tot, y en otras entre Abraham y Tot.

Los orígenes del culto hermético

El rastreo de sus orígenes lleva tan sólo a la Edad Media, con él sucede como con los grimorios o la misma cábala, son fruto del pensamiento místico, mágico o esotérico medieval que quiere remontarse, como recurso de autoridad, a fuentes más antiguas.

Los grimorios, en general, quieren remontarse al mito del rey Salomón, la cábala –que surge como una corriente mística del judaísmo rabínico entre los siglos X y XIII de la era común - se quiere remontar a Simeón Bar Joyai –el auténtico responsable de la fundación del judaísmo rabínico y la pervivencia del propio judaísmo, tras la destrucción del Segundo Templo, en la segunda mitad del siglo I de la era común-, y Hermes Trimegisto, siendo también medieval, desea remontarse a una mezcla de religiosidad griega y egipcia.

Occidente y Oriente

En general, para Occidente, y hasta finales del siglo XIX lo más exótico y “misterioso” se centraba en Egipto, allí acude la imaginación de Court de Gebelin en el siglo XVIII EC (Era Común) para reivindicar el halo adivinatorio del tarot, cuando esos naipes tienen su origen en la Edad Media europea y eran usados… únicamente como juego –de hecho, los llamados “arcanos menores” son, ni más ni menos que los palos de la baraja española con alguna ligera añadidura-.

Desde finales del siglo XIX el “aura” de los saberes arcanos y, más o menos, ocultos y/o iniciáticos se desplaza más hacia oriente; es cuando empieza la fascinación por el hinduismo o el budismo –puede que más por el segundo que por el primero- que, curiosamente, seguirá desplazándose hacia oriente, y el taoísmo mezclado con códigos como el Bushido.

Respecto a lo hermético en el primer capítulo del “Kybalión” sus autores lo sitúan en una casi indefinida antigüedad Egipcia, siguiendo la tradición occidental desde Court de Gebelin hasta el “descubrimiento” del budismo y el hinduismo por Madame Blavastsky –entre otros-, el “Kybalión“ indica en su capítulo I:

“Desde el antiguo Egipto han venido las enseñanzas fundamentales y secretas que tan fuertemente han influido en los sistemas filosóficos de todas las razas y de todos los pueblos, durante centurias enteras. El Egipto, la patria de las pirámides y de la Esfinge, fue la cuna de la Sabiduría Secreta y de las doctrinas místicas. Todas las naciones han sacado las suyas de sus doctrinas esotéricas. La India, Persia, Caldea, el país de los medos, China, Japón, Asiria, la antigua Grecia y Roma, y otros no menos importantes países, se aprovecharon libremente de las doctrinas formuladas por los hierofantes y Maestros de la tierra de Isis, conocimientos que sólo eran transmitidos a los que estaban preparados para participar de lo oculto.

Fue también en el antiguo Egipto donde vivieron los tan grandes adeptos y Maestros que nadie después ha sobrepasado, y que rara vez han sido igualados en las centurias que han transcurrido desde los tiempos del Gran Hermes. El Egipto fue la residencia de la Gran Logia de las fraternidades místicas.”


Los textos herméticos


Los textos herméticos son claramente europeos –pese a su disfraz- así la “Tabla Esmeralda” tiene un gran componente alquímico –típico del Medioevo occidental- y el “Corpus Hermeticum” filosófico.

En ciertos textos herméticos como el “Diálogo de Asclepio” hay una coincidencia considerable con los grimorios a la hora de controlar y dominar supuestos entes demoníacos. Ya en el siglo XVI EC (Era Común) Isaac Casaubon pone de manifiesto ciertos datos que niegan la antigüedad atribuida a esos textos “herméticos”.

Es en la Edad Media, y durante el Renacimiento, cuando la Hermética –el conjunto de textos que se atribuían o relacionaban con Hermes Trimegisto, adquieren prestigio y comienzan a usarse por los alquimistas, no sólo por ellos sucesores suyos en la investigación y de gran prestigio científico, como Isaac Newton, se harán eco de ellos; de hecho Newton traduce del latín al inglés la “Tabla de la Esmeralda”.

La tradición hermética se asocia así con la alquimia, la magia, la astrología y otros temas que no se distinguirán demasiado de los científicos hasta la institucionalización –más que establecimiento- académica del método científico en el siglo XIX, a partir de ahí será el ocultismo el que pase a ocuparse de dicha tradición.

Los textos herméticos se pueden clasificar en dos categorías. Los que se dedican a la teoría y componen la «filosofía hermética», basada en el pensamiento mágico y, la segunda categoría, es aquella que trata de aplicar la teoría a la práctica, es la «técnica hermética». Hay que remarcar que esas aplicaciones “prácticas” se rigen por el pensamiento mágico, es decir, se trata de rituales, fórmulas y hechizos, una vez más encontramos aquí conexión con los grimorios-

Siendo el “súmmum” de la “moderna antigüedad” –si hiciésemos una palabra maleta al estilo de Lewis Carroll podríamos denominarlo “modegüedad”- el "Kybalión", obra, sin la menor duda, de finales del siglo XIX o comienzos del siglo XX EC. y cuya autoría asumen unos redactores anónimos denominados los “Tres Iniciados” –tratándose de Trimegisto parece un número casi lógico-.

Toda apunta a que el "Kybalión" –no otros textos herméticos- es obra de tres ocultistas estadounidenses: Paul Foster Case, Michael Whitty y William Walker Atkinson.

No resulta demasiado sorprendente que Paul Foster Case tenga relación con la “Golden Dawn” de Samuel Lidell MacGregor Mathers y, a partir de ahí, también con Aleister Crowley y la “Astrum Argentum”.

En ese sentido, cabe más vincular el hermetismo moderno a ese tipo de esoterismo que podríamos denominar “mágico” que, por ejemplo, a las tendencias teosóficas de Helena Blavatsky.


Jorge Romero Gil


Bibliografía

Eco, Umberto, El Péndulo de Foucault, Ed. Círculo de Lectores, Barcelona

Levi, Eliphas, Historia de la Magia, Editorial Kier, Buenos Aires

Mead, G. R. S., La gnosis primitiva del cristianismo 

Tres Iniciados, El Kybalión



Las fuentes de la magia occidental



Algunas de las obras de Samuel Liddell MacGrebor Mathers, fundador de la “Golden Dawn” o “Aurora Dorada”, son, según declaración del propio autor, recopilaciones e interpretaciones a partir de diferentes fuentes que, en su mayor parte, él indica.

Una reconstrucción a partir de diversas fuentes

Sucede eso en el “Goetia” o la “La Clave Menor de Salomón” –también conocida por “Lemegeton”- y, también, con “La Clave Mayor de Salomón rey”.

Es decir, ambas obras son reconstrucciones siguiendo el criterio interpretativo de MacGregor Mathers -y, en el caso del "Goetia" de Aleister Crowley, que lo finalizó tras la muerte de MacGregor- de fuentes distintas, que no forman ningún “corpus” completo sino que su nexo de unión es un tema o, más bien, una referencia legendaria a una obra no menos legendaria supuestamente relacionada con el rey Salomón.

En el prefacio de “La Clave Mayor de Salomón rey” el mismo MacGregor Mathers ya indica que, tirando a largo, lo más parecido a “textos unitarios” en sus fuentes es algún que otro texto francés, cuya antigüedad no pasa del siglo XVII:

“La Clave del Rey Salomón, salvo por algunas copias incompletas y mutiladas publicadas en Francia en el siglo XVII, nunca ha sido publicada, sino que ha permanecido por siglos en manuscritos inaccesibles salvo para pocos investigadores afortunados, para quienes se abrieron los nichos más recónditos de las bibliotecas. Por esto me considero altamente honrado al ser el individuo que tuvo la fortuna de presentarla a la luz del día.”

(S.L. MacGregor Mathers, “La Clave Mayor de Salomón rey”, Londres, 1888)

Eso significa que, en puridad, no existe ninguna obra concreta u original que pueda considerarse, en sí misma, cualquiera de las dos claves del rey Salomón, sino diferentes obras basadas en una temática, que, muy probablemente, tiene un origen absolutamente mítico en cuanto a la relación de su supuesta autoría original.

La datación de las fuentes de la magia occidental


Es complicado alcanzar una definición que referir al concepto “magia occidental”, dado la variedad de sus componentes, tanto temporal como materialmente; los precedentes se remontan posiblemente a ciertos sincretismos entre ritos religiosos y creencias precristianas, con una fortísima influencia del cristianismo. Sino en cuanto a creencia sí en cuanto a su Universo y, sobre todo, al factor sociológico que imprime esa creencia y que podemos reducir al concepto “Cristiandad”, que comienza a generarse en la Alta Edad Media y se estabiliza y concreta durante el conjunto de la Edad Media o, lo que podríamos llamar, la “Edad Media plena”.

De ello se derivan todas las alusiones a figuras propias del cristianismo, desde Dios Padre hasta Lucifer, en los diferentes textos, más o menos, fragmentarios y, más o menos copiados.

Así no hay grimorio ni parte de grimorio que no incluya una invocación protectora a la divinidad cristiana, eso sí, curiosamente, puesta al servicio del “Magus”, de la misma manera que lo son los entes o poderes evocados. En ese sentido, podemos considerar a la magia occidental “estandarizada” de la Edad Media “magia cristiana”, pues su cosmovisión se funde con la cristiana –aunque sus finalidades sean diferentes-.

Esa fusión se produce en mayor medida cuanto más actual es el documento, por ejemplo, resultan menos "cristianos", menos claros y más intrigantes los conjuros que figuran en parte del “Codex Gigas”, que los fragmentos o versiones que tenemos de grimorios impresos o escritos del siglo XVI en adelante.

La conexión hebrea

Todo grimorio muestra –como se ha dicho, más cuanto más moderno es- una conexión con el cristianismo, pero no solo con él, cabe recordar que las dos reconstrucciones de MacGregor Mathers –la Clave Mayor y la Menor de Salomón-, se refieren a un monarca de Israel, notablemente legendario y con una curiosa fama, pues sin perder la santidad o el favor de la divinidad se le considera tan sabio que es capaz de manejar a su servicio “espíritus impuros” –en el cristianismo- o de difícil ubicación –como es el caso de los “genios” que figuran en el Corán, y que el Islam sitúa al servicio o bajo control del rey-.

Ese rastro es, sin duda más antiguo, y se remonta a una época –es el recuerdo mitificado de eso- en el que el reino de Israel disfrutó de cierta tolerancia religiosa, aceptando sin demasiados problemas la versión cananea de cultos mesopotámicos – a Baal o a Isthar/Astarte/Inanna-.

Por otra parte, sin tener nada de mágico pero sí de conocimiento iniciático, nos encontramos que justo es durante el siglo XIII cuando se alcanza, por la mística judía, el punto de plenitud de la cábala, con la elaboración del "Zohar", que viene a complementarse con el algo más antiguo "Sepher Yetzirah".

Desde la “magia occidental” o “magia cristiana” nunca ha acabado de entenderse que eso no era magia, sino una forma muy concreta de mística, a partir, curiosamente de un exhaustivo y particular empleo de la semántica, centrada básicamente en el análisis cabalístico de la Torá.

La magia occidental que aparece en los grimorios suele referirse a “manuscritos latinos traducidos del hebreo” y se inventa para ello fuentes de conexión imaginaria, con supuestos “magos” o “rabinos” hebreos que habrían traducido esos teóricos textos hebreos más antiguos al latín o cualquier otra lengua occidental, sin ir más lejos eso pasa con las dos claves de Salomón y otros grimorios.

Ese tipo de equivoco sigue presente en autores y recopiladores decimonónicos, importantes figuras dentro del ocultismo, especialmente sucede con Eliphas Levi; no nos atrevemos a decir si en figuras algo más modernas como Samuel Lidell MacGregor Mathers o Aleister Crowley sucede eso, uno y otro con mayor distancia del cristianismo como para ver, tal vez, lo espurio de la “conexión hebrea”.

No obstante, en sus reconstrucciones de esas recopilaciones mágicas respetarán las formulas encontradas, aunque, en ocasiones, se irán a buscar fuentes también teóricamente antiguas –aunque desprendidas de la relación con el cristianismo o el judaísmo-, como es patente en el caso de Crowley, su “thelema” y el “Libro de la Ley” y Egipto. 


Jorge Romero Gil


Bibliografía

Anónimo, Clavícula Salomonis, Edición en castellano de 1721

Codex Gigas, Edición digital en formato pdf y, también, disponible online en el sitio web de la National Librery of Sweden

Crowley, Aleister, El Libro de la Ley

Goetia. Compiled and translated by S.L. MacGregor Mathers Editing and Additional Material by Aleister Crowley

Levi, E., Dogma y Ritual de la Alta Magia

MacGregor Matthers, S.L., La Clave Mayor de Salomón Rey.
 
MacGregor Matthers, S.L. y Crowley, A., Goecia. La Clave Menor del Rey Salomón. El Libro de los Espíritus, Editora y Distribuidora Yug, 1992.

Moshé, de León, El Zohar, Ediciones Obelisco, Barcelona (publicado hasta el volumen XII)

Regardie, I., La Aurora Dorada. Un Compendio de las enseñanzas, ritos y ceremonias de la Orden de la Aurora Dorada. Revisada y aumentada. Editada en cuatro volumenes. Luis Carcamo Editor, Madrid.

The History of Codex Gigas, online en el sitio web de la National Librery of Sweden
 
 
 

jueves, 2 de febrero de 2012

Los orígenes del tarot



La idea del origen egipcio de las cartas del tarot no es más que una fábula surgida a finales del siglo XVIII de la Era Común. A partir, curiosamente, de la Ilustración y del caldo de cultivo que ésta significó para el pensamiento y todo tipo de especulaciones, es, igualmente, en ese momento, cuando todo lo legendario y "exótico" se remitía al antugo Egipto, digamos que aún no había llegado el momento de la India y el Tibet, del karma, el nirvana y los dharmas, eso sucederá con posterioridad.

Origen del tarot

Se podría discutir alrededor del origen italiano o francés de la baraja -que, durante la Edad Media, era simple y llanamente un juego de naipes, no en vano los llamados "arcanos menores" son prácticamente idénticos a la actual baraja española, en absoluto se usaba como forma o técnica de mancia-. 

Así se pueden mencionar a ciertas versiones italianas del siglo XV que pueden disputar a la Francia medieval la base de esas cartas, pero la versión sobre procedencias egipcias y, desde ahí, a otros orígenes más antiguos, míticos y extravagantes es, sencillamente, una leyenda generada alrededor del primer esoterismo moderno que, como tantas otras cosas, surgió al calor de la Ilustración y las inquietudes especulativas que ésta despertaba.

Con propiedad se puede decir que, históricamente hablando, tirando a largo, el tarot tiene orígenes medievales. Y se puede decir eso a partir de la evidencia documental, es decir: de los hechos -pruebas- no de las especulaciones.

De la existencia de juegos de naipes italianos hay evidencia documental, así en “Sermo perutilis de ludo” o “Ludis inductio” (manuscrito italiano en latín, fechado entre 1450 y 1470) se habla de los tipos de juegos y la descripción de los naipes:

“Ad cujus evidentiam queritur, quis invenit ludum? Respondeo quod tria sunt genera ludorum fortunae, viz.: Taxillorum, Cartularum, et Triumphorum (…) “Altare erit banchum. Lapis consecratus erit tabulerium. Calix erit cyathus vini. Hostia erit ducatus aureus. Missale nostrum erit taxillus: carte hujus missalis erunt cartule et triumphi (…) “Primus dicitur El bagatella (et est omnium inferior). 2, Imperatrix. 3, Imperator. 4, La papessa (O miseri quod negat Christiana fides). 5, El papa (O pontifex cur, &c. qui debet omni sanctitate polere, et isti ribaldi faciunt ipsorum capitaneum). 6, La temperantia. 7, L'amore. 8, Lo caro triumphale (vel mundus parvus). 9, La forteza. 10, La rotta (id est regno, regnavi, sum sine regno). 11, El gobbo. 12, Lo impichato. 13, La morte. 14, El diavolo. 15, La sagitta. 16, La stella. 17, La luna. 18, El sole. 19, Lo angelo. 20, La justicia. 21, El mondo (cioe Dio Padre). 0, El matto sie nulla (nisi velint)”.

Siendo casi de la misma época el tarot de Visconti-Sforza. La datación de este tarot es cercana al año 1450. Por ello se sostiene que se trata de la baraja más antigua de todas las existentes -en cuanto baraja propiamente dicha, referencias las hay más antoguas-. Se trata de un tarot cortesano y de lujo, y en su confección se utilizó la fibra de oro.

El tarot más clásico es el de Marsella -que, a pesar de su nombre, posiblemente tenga su origen en los maestros carteros de Toulouse y usa los palos de la baraja española para los arcanos menores-.

Las figuras del tarot de Marsella se fijan en el siglo XVIII-XIX, no antes, y se basan en otras versiones del siglo XV. Aunque hay referencias anteriores a barajas de naipes, por ejemplo, la prohibición en los estatutos de 1337 de la abadía de Saint Victor, cercana a Marsella, del uso de cartas por parte de los religiosos. Lo demás deriva de eso, como indica Jodorowsky en “La vía del Tarot”.

Especulaciones que en sus aspectos míticos -tales como orígenes, atlantes, lemures, de Thule o de Agartha- han sido corregidas y aumentadas por el esoterismo de corte New Age. Esoterismo que surge a partir de fundamentos muy vagos -prácticamente nulos fuera del campo de la fe- , y, generalmente realizando una mezcla extrañísima de formas orientalizantes y occidentales. Formulaciones que en sus aspectos orientales -lo tomado del budismo o el hinduismo- denotan un profundísimo desconocimiento, tanto del Canon Pali como de los textos védicos e hinduistas. Con todo lo cual realizan un cóctel realmente extraño y, en no pocas ocasiones, de escasa coherencia.

A partir de aquí, y en lo relacionado con el tarot, comienzan a mencionar la existencia de documentos secretos y saberes herméticos que mostrarían ese remoto origen. Sucede que los documentos son tan secretos y los saberes tan herméticos que resulta que...no aportan una sola prueba, es decir, dar alguna validez a esas versiones es -como en el resto de sus creencias, cuestión de fe.

Court de Gebelin y "Le Monde Primitif"

Las relaciones con el antiguo Egipto o con la cábala -otra cosa que se suele decir- son pura fantasía. El llamado "tarot egipcio" actual no es más que una derivación de las figuras del tarot clásico de Marsella, derivación que tiene su origen en la obra de Court de Gébelin "Monde Primitif" (1781), quién realiza especulaciones gratuitas y sin fundamento acerca de un supuesto Libro de Thot "salvado de las ruinas de un templo milenario"...

Así quién barajó -nunca mejor dicho- lo del supuesto "Libro de Thot" fue Court de Gébelin, mientras que Waite intentó relacionarlo con la cábala. Una y otra cosa especulaciones completamente gratuitas

Ciertas hipótesis ocultistas sobre que los gitanos llevaron esas cartas al antiguo Egipto -cuando, por otro lado, el origen de los gitanos no es Egipto, sino la India- y que supuestas ordenes secretas guardan esas "versiones originales", no es que mueva a escepticismo, es que darles crédito -cuando todo dato comprobado y comprobable dice otra cosa- viene a ser como pensar que lo escrito  por Tolkien sucedieó realmente en un remotísimo pasado. O caer en lo mismo que los que se dedican a buscar el "auténtico Necronomicon", cuando es una ficción literaria de H. P. Lovecraft.

Sin embargo, lo de Court de Gébelin o lo de Waite no son "saberes secretos" sino datos públicos. En ese sentido sí es gnosis (en cuanto conocimiento) y no lo "hermético", que, justamente, especula con lo desconocido.

Elementos del tarot

El tarot esta trufado de elementos cristianos, junto a otros que no lo son, muy propios del imaginario medieval de la Europa Occidental o “Cristiandad” -como  a veces se la conoce-. Sí alguna de sus figuras evoca algo “mágico”, en lo simbólico, es magia occidental y alquimía – la rueda de la Fortuna, la Muerte, el Diablo, etc.- y eso en los arcanos mayores, los menores son, simplemente, los palos de la baraja.

Baraja que se utilizaba como juego de naipes y en absoluto como medio de adivinación. Por ejemplo, la prohibición, recogida por Jodorowsky, en relación a los estatutos de 1337 de la abadía de Saint Victor, esta dirigida a “jugar a cartas”, no a la realización de mancia alguna. Tanto los datos como la simbología del tarot son bastante significativos acerca de sus orígenes en la Europa medieval.

Centrándonos en los símbolos de los arcanos mayores, lo que hay son huellas de cristianismo -ya mencionadas- y, tal vez, de catarismo -no olvidemos a Tolouse en la génesis de los naipes-, pero eso último también nos vuelve a situar en la Edad Media europea, respecto a esa posibilidad, curiosamente, Court de Gébelin, arroja algún dato en su “Le Monde Primitif”: “ En Provence, on en appella les Valets Tuchim. Ce nom désignoit une race de voleurs qui, en 1361, avoient causé dans ce Pays & dans le Comtat Venaissin, un ravage si horrible, que les Papes furent obligés de faire prêcher une Croisade pour les exterminer. Les Cartes ne furent introduites dans la Cour de France que sous le Successeur de Charles V” . On craignit même en les y introduisant, de blesser la décence, & on imagina en conséquence un prétexte: ce fut celui de calmer la mélancolie de Charles VI. On inventa sous Charels VII le Jeu de Piquet. Ce Jeu fut cause que les Cartes se répandirent, de la France, dans plusieurs autres parties de l'Europe."

Cierto es que los últimos registros de procesos inquisitoriales contra los cátaros en Occitania se datan hasta 1330 e.c. Pero, obviamente, la larga trayectoria del catarismo occitano, de más de trescientos años, alguna impronta pudo dejar también los naipes. Muy poco se sabe de sus doctrinas -digamos que el Santo Oficio trabajó a fondo-, pero en sus jerarquías no había diferenciación de sexos, en ese sentido, la carta de “La Papesse”, pudiera ser significativa. Como también el color del personaje: blanco. De todas maneras, esto sería muy especulativo.

Los naipes en la literatura medieval francesa

Por otra parte al inicio del capítulo XX de su “Gargantúa”, François de Rabelais, da un exhaustivo detalle de todo tipo de juegos, incluyendo los naipes, cuando habla de los juegos de Gargantúa:

“Puis tout lordement grignotant d'un transon de graces, se lavoit les mains de vin frais, s'escuroit les dens avec un pied de porc et devisoit joyeusement avec ses gens; puis, le verd estendu, l'on desployoit force chartes, force dez et renfort de tabliers. Là jouoyt:

(Puis marmottant, tout alourdi, une bribe de prière, il se lavait les mains de vin frais, se curait les dents avec un pied de porc et devisait joyeusement avec ses gens. Ensuite, le tapis vert étendu, on étalait force cartes, force dés, force tablettes et alors il jouait:)”

au flux (au flux),
à la prime (à la prime),
à la vole (à la vole),
à la pille (à la pille),
à la triumphe (à la triomphe),
à la picardie (à la Picardie),
au cent (au cent),
à l'espinay (à l'épinet),
à la malheureuse (à la malheureuse),
au fourby (au fourbi)...(...)”

Rabelais el Thélème y el esoterismo
 
Curiosamente existe un vínculo entre Rabelais y Crowley: la idea y la palabra “Thélème” -”Thelema” en la versión de Aleister Crowley-, amén de las propias cartas de las que hablamos, podría decirse que Crowley no podía faltar a esa cita.

En cuanto al origen definible del tarot, se puede seguir a Jodorowsky, con independencia de como se valore el tarot y su funcionalidad como mancia o, cuando menos, instrumento que muestra cosas de la psique humana,. Alejandro Jodorowsky realiza una labor de investigación, que demuestra  que esas cartas no va más allá de la Edad Media. No hay otras pistas más antiguas de los naipes en sí, de los que ni siquiera puede deducirse, de esas fuentes, su utilización en mancias o meramente lúdica.

Lo único que consta en atribuciones esotéricas a los naipes o bien orígenes remotos son las infundadas especulaciones de Court de Gébelin y de Waite y eso situan a esas hipótesis entre lo mistérico y lo legendario, pero en el siglo XVIII e.c. y en el marco especulativo del Siglo de las luces,. Eso sí, en la vertiente del pensamiento especulativo irracional.

Así, en 1772, Antoine Court de Gébelin comenzó a publicar Le Monde primitif (el Mundo Primitivo), obra que queda inacabada, en su octavo tomo dice lo que sigue:

«Si anunciáramos que en nuestros días existe una Obra de los antiguos Egipcios que ha escapado de las llamas que destruyeron sus bibliotecas formidables, una obra que contiene la doctrina más pura de los Egipcios sobre algunos argumentos interesantes, ¿quién no estaría impaciente por conocer un libro tan precioso y extraordinario?

»Y si añadiéramos que este libro está muy difundido por toda Europa y que desde hace siglos va de mano en mano, estamos seguros de que la sorpresa aumentaría y probablemente llegue a su máximo si dijéramos que nadie ha sospechado jamás que este libro —que tenemos como si no lo tuviéramos, y del que nadie ha intentado descifrar ni una sola hoja— es egipcio y que el resultado de tanta sabiduría exquisita se mira como una baraja de figuras extrañas privadas de sentido, ¿quién no pensaría que estamos bromeando o que nos queremos aprovechar de la credulidad de los lectores?

»Sin embargo, este hecho es cierto: este Libro Egipcio, el único superviviente de sus magníficas bibliotecas, existe en nuestros días. Es tan conocido que ningún erudito se ha preocupado de él, nadie antes que nosotros ha sospechado su ilustre origen (…) Este Libro tiene un nombre: el juego del tarot»
 

(Antoine Court de Gébelin, Le Monde primitif)

En su  ensayo, Court Gébelin, sigue explicando su hipótesis egipcia del origen del tarot, y de que modo este había sido preservando, ocultando sus auténticas capacidades bajo el aspecto de un simple juego. Gébelin, en otro artículo, hace una referencia enigmática -ya comienzan los secretismos-, en relación un tal M. le C. de M. que insistía en la origen egipcio, y sostenía que el juego tenía capacidades adivinatorias.

Según ese M. le C. M., el tarot  era el libro secreto de Ta-Rosh, en el que Athothes, supuesto hijo de un supuesto faraón egipcio llamado, habría encriptado y escondido algunas bases de más antiguos saberes ocultos.

Lo interesante del asunto es que, el propio Court de Gébelin, confesaba que no había investigado nada en absoluto, ni fuentes documentales, ni libros, ni siquiera las cartas, decía que sólo había necesitado tomar vino, durante una fiesta de la nobleza, para que en unos quince minutos se produjese tamaña y tan notoria iluminación.

El  supuesto libro de Thot es, una simple especulación sin ninguna base de Court de Gébelin, cosa que reconoce tranquilamente él mismo. Igual ocurre con Waite y la cábala, que nada tiene que ver con naipes o el tarot y, cuyo origen,  se encuentra en una vertiente del misticismo del judaísmo rabínico. El Zohar, que es uno de sus pilares, pese a pretender remontarse al siglo II e.c. es, casi con seguridad, del siglo XIII  e.c..
Más allá de Court de Gébelin y Waite, conforme ha pasado el tiempo, la escalada de cierto ocultismo -más serio y menos serio- ha ido conformando pandemoniums aún mayores, casi recordando el muy literario episodio del final de “El Péndulo de Foucault” de Umberto Eco:
 
“Conclusión, nosotros inventamos un Plan inexistente y Ellos, no sólo se lo tomaron en serio, sino que también se convencieron de que hacia mucho tiempo que formaban parte de él, o sea que tomaron los fragmentos de sus proyectos, desordenados y confusos, como momentos de nuestro Plan, estructurado conforme a una irrefutable lógica de la analogía, de la apariencia, de la sospecha.
Pero si se inventa un plan y los otros lo realizan, es como si el Plan existiese, más aún, ya existe.

A partir de ese momento, enjambres de diabólicos recorrerán el mundo en busca del mapa”

 
(Umberto Eco, “El Péndulo de Foucault”, págs 560-561)

“Ellos”, en diferentes enjambres, se van moviendo en un paroxismo de especulación y fantasía, así,  resulta que el tarot era de ¡Agharta, Lemuria, Thule o la Atlántida! Unos dicen que habían dos barajas, una "blanca" y otra "negra". Vaya, la versión en naipes de la teurgia y la goecia.
 
Invocando tales magias no podía faltar Eliphas Levi, que ve al tarot por todos lados en su  “Dogma y Ritual de la Alta Magia”:
 
“En las letras de las palabras AZOTH E INRI escritas cabalísticamente, y en el monograma de Cristo, tal y como estaba bordado sobre el lábaro, y que el cabalista Postel interpreta por la palabra ROTA, de la que los adeptos han formado el TARO O TAROT, repitiendo después la primera letra para indicar el circulo y dar a comprender que la palabra está invertida.”
 
Ni, por supuesto, el muy notable Aleister Crowley, que elabora su propia versión en colaboración con la pintora Frieda Harris, al que llaman el “tarot de Thot”, volviendo con ello a los orígenes invocados por Court de Gébelin.
 
Todo argumento al respecto de esas fantasías es siempre nulo -cuando menos Gébelin confiesa, ingenuamente, que su “iluminación” se produce en quince minutos, en una fiesta y mientras ingiere vino...no deja de ser una explicación-. Las “pruebas” siempre se remiten a los rosacruces o alguna secta hermética que, en definitiva, ni pueden mostrar ni demostrar nada -el argumento es circular: las “pruebas” existen, pero como son “secretas” y las tienen “organizaciones secretas”, pues, no se pueden enseñar-. Obviamente tal argumentación no se sostiene fuera de la fe, en este caso en un determinado y un tanto extravagantes origen del tarot.
 
Juego de cartas del que todo apunta su origen occidental, medieval y, si acaso hay mezcla de algo más allá del juego mismo, serían motivos cristianos, alquímicos y fruto de cultos o creencias locales o regionales apenas teñidas por un leve matiz cristiano, cuando no abiertamente “heréticas” como el catarismo.
 
Sea como sea, fruto de Occidente y, sea como sea...de su imaginación. A fin de cuentas, si se tiene en las manos una lista de la lavandería, lo más probable, es que sea una lista de la lavandería. Por analogía, si se tiene un juego de cartas, lo más probable, es que se trate de un juego de cartas. Después, la acción humana, podrá convertir lo primero en una conspiración templaria y lo segundo en una mancia. ¿Acaso importa lo que fuesen en origen?


Jorge Romero Gil


Bibliografía

Eco, U., El Péndulo de Focault, Ediciones Círculo de Lectores

Court de Gebelin, A., Le Monde Primitif

Jodorowsky, A., La vía del tarot

Levi, E., Dogma y Ritual de la Alta Magia

Rabelais, F., Gargantúa