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martes, 20 de agosto de 2013

La Goecia



La goecia es magia occidental propiamente dicha, es decir, en origen no hay componentes exóticos ni procedentes de Oriente ni, tampoco, añadidos chamánicos o similares procedentes de América ni formulas animistas africanas.

Eso no significa que en las versiones más modernas alguno de esos elementos se haya podido introducir, pero en origen su esencia es Europea y Mediterránea, esos serían los entornos geográficos y culturales en los que se desarrolla.

Goecia, pragmatismo e intrumentalismo

Se trata de una magia ceremonial, ritual y formal, por lo cual aquí no entra demasiado los estados anímicos del “magus” ni ningún tipo de supuesta capacidad de “medium” o “canalización”, en todo caso entraría en juego la habilidad y la destreza para llevar a cabo las formulas y los rituales necesarios sin “defecto de forma”. La teoría es, pues, que funcionará o no en relación a que se ejecute bien o no, sin tener nada que ver en ello una cualidad intrínseca del ejecutante ni el que ponga o deje de poner fe en ello.

De hecho es contrario a la propia esencia de la goecia que el “magus” vaya a quedar expuesto a la “posesión” de nadie ni al dominio de nadie, ni temporal, ni periódica, ni permanentemente, por una sencilla razón: una de las bases teóricas de la goecia es que el “magus” es “quién manda”. Dicho de otro modo, en todo momento ha de controlar los entes, energías o fuerzas que vaya a utilizar, que invoque o evoque. El “magus” no es siervo de nadie más que de sí mismo así que no se pondrá al servicio de nadie. Si precisa invocar un poder para controlar a otro al que está llamando lo hará, le dará totalmente igual que poder sea éste, no estará sometiéndose a él o adorándolo, solo lo estará utilizando de la misma manera que estará utilizando al convocado -pues se convoca, invoca o evoca para un fin funcional e instrumental, el que sea-.

Por ello encontramos en los grimorios -que es dónde básicamente se recoge la goecia, en realidad no hay ningún “tratado” específico de la misma, hay diferentes obras de diferente tipo, con patrones comunes de las que se pueden inferir cosas- constantes referencias a entidades ángelicas, la propia divinidad -normalmente la judía o cristiana, porque normalmente la mayoría de grimorios son de época medieval y algo posteriores, es decir, poca cosa hay, aunque alguna de una época en la que el cristianismo no era la religión dominante, cultual, cultural y socialmente en Europa- o demonios de diferentes tipos, categorías y supuestos poderes. La cuestión es que el “magus” usa a unos y a otros y no reconoce a ninguna de esas teóricas potestades como “señor” -por eso mismo se equivoca Lavey cuando al comienzo de su “Biblia Satánica”en el prefacio dice lo siguiente de los grimorios:

Este libro fue escrito porque, con muy pocas excepciones, todo tratado o libro, todo "grimoire" secreto, todas las "grandes obras" del pasado sobre el tema de la magia, no son otra cosa que fraudes santurrones - desvaríos culpabilizados y farfulleos esotéricos de los cronistas de la tradición mágica, incapaces, o bien no dispuestos a presentar una visión objetiva sobre el tema.”

Es injusto con ello si se refiere a los auténticos grimorios -los realizados entre la Edad Media y el siglo XVII, poco más o menos- porque en realidad, estos, muestran lo que Nietzsche hubiera llamado una “subversión total de los valores”, los grimorios no se escriben para rendir pleitesía a ente alguno, ni malévolo ni benévolo -de hecho no se les considera ni una ni otra, ese es un factor que no se tiene en cuenta, se les considera más o menos energías o fuerzas a utilizar, nada más, las personificaciones en el fondo, son puramente alegóricas y simbólicas-, no “se quedan a medias”, y si se menciona en ellos a Jesucristo, el Dios cristiano o el D_os de Israel es única y exclusivamente con la finalidad de utilizarlos, de usar su poder -de intimidación, de salvaguarda del “magus” e incluso para coaccionar, como detalladamente explican ciertas fórmulas-. Eso es altamente subversivo en su fondo, porque el dominio no se reconoce a esos “dominus” sino que el “dominus” real es el “magus” que los usa. De la misma manera tampoco se por al servicio de ningún ente más o menos demoníaco invocado o evocado, lo que se hace es servirse también de él, en este caso y generalmente para conseguir cosas o que éste proporcione cosas o se constituya en una fuente de poder para el celebrante.

Goecia: un ejmplo de fórmula

Esto se observa en todo formulario de “contrato con el Diablo” -que los hay, y curiosamente adoptan las formas jurídicas de Occidente, casi podríamos ver en ellos un tipo muy especial y particular de arcaico contrato “civil”, se ajusta bastante a formas que hubiera aceptado sin mayores problemas el Iuris Civilis de Roma-. En el ritual previo a esos contratos y en las formulas que se presentan se prevé que el ente pedirá el alma del convocante -es decir, que le reconozca como señor y el “magus” se convierta en su siervo-, pero... se da la fórmula ritual por la cual se rechazará tal pretensión primero y, después, se someterá al ente en cuestión... al poder del “magus”, estos entes acaban claudicando -si hemos de hacer caso a los grimorios- con estas palabras -u otras muy parecidas-:
“¿Por qué vuelves a atormentarme? Si me dejas en reposo, te daré el tesoro* más precioso (*o lo que se haya pedido)”. Es decir, primero quieren “mandar” y tener al “magus” como siervo -generalmente pidiendo el alma- y al final son ellos quienes solicitan que a cambio de no ser “atormentados” con el poder que exhibe el “magus” se pondrán al servicio de éste. Se pactan al final unas condiciones -es decir, hay también contraprestación- pero estas son muchísimo más favorables al “magus”, menos “draconianas” y, en el fondo, es un reconocimiento de la sumisión del ente en cuestión. La contraprestación suele ser simbólica, del tipo “me consagres una moneda todos los primeros lunes de cada mes y que no me llamarás sino un día de cada semana”, con esa cesión del espíritu, ente o fuerza invocada o evocada se cierra el pacto y el “magus” pronuncia una fórmula parecida a ésta: “Contento estoy de ti por el presente; te dejó en reposo y te permito que te retires adonde mejor te plazca, sin hacer ruido ni dejar el más mínimo hedor. Piensa también en tu compromiso a mi pacto, porque si faltas a él un momento, puedes estar seguro de que te atormentaré eternamente”.

Naturalmente cabe preguntarse cual es el medio por el cual el ente es doblegado, bien, en principio es el uso instrumental de los poderes rivales y superiores al del espíritu llamado -ya hemos dicho que estos adoptaran, normalmente, la forma de cualquier nombre del Dios cristiano, del D_os de Israel o de la figura de Jesús, que son las “entidades opuestas” a los entes convocados, el uso y mención de estos es completamente instrumental y es la salvaguarda del “magus”-, ahora bien, dado que estamos hablando de una magia ceremonial, formal y ritual -y en todos esos sentido obedece a una concepción absolutamente pragmática, y a su muy “sui generis” manera podríamos llamar racional- el asunto no se resume a mencionar esos “nombres de poder” y ya está, se necesita otras cosas -por ejemplo, trazar algo así como un perímetro que aisle al “magus” del ente mientras duran sus tratos y hasta que se cierra el pacto que es... de sumisión del ente- y se necesita, sobre todo, una “llave”, esa “llave” no es otra cosa que lo que realmente obligará y forzará al ente, esa “llave” está “impregnada” con los poderes que le doblegarán y que permiten decir al “magus” cosas como “puedes estar seguro de que te atormentaré eternamente”, esa llave estará presente en el grimorio, de hecho es el grimorio mismo y sus formulas, por eso es subversivo a diferencia de lo que entiende Lavey, está utilizando y sirviéndose de Dios mismo -en teoría, en el fondo el “magus” tampoco lo reconoce en condición de tal, es tan solo un poder para usar, oponer y controlar a otro poder, en ese sentido es meramente una “fuerza mayor” ante la que se ve obligada inclinarse la “fuerza menor”- DENTRO del grimorio -en sus formas y formulas- para someter y no someterse al ente convocado.

En la mayoría de ocasiones -aunque no en todas- se alude al más famoso y legendario grimorio: “Las Claviculas Salomonis”. Por ejemplo, en las formulas presentadas aquí como muestra a
“Contento estoy de ti por el presente; te dejó en reposo y te permito que te retires adonde mejor te plazca, sin hacer ruido ni dejar el más mínimo hedor. Piensa también en tu compromiso a mi pacto, porque si faltas a él un momento, puedes estar seguro de que te atormentaré eternamente” se añade “con las grandes y poderosas palabras de la Clavícula del rey Salomón, por las que se fuerza a obediencia a los espíritus rebeldes" (esta fórmula está basada en la Gran Clavícula de Salomón, aunque la que se presenta en el Gran Grimorio de Roboan es bastante parecida). Es decir, en las formas y formulas contenidas en el grimorio -aquí la Clavicula Salomonis”- reside el poder que obliga al ente llamado y subyudado -a pesar suyo-.

Diferencias entre satanismo y goecia


Por eso mismo considerar a la goecia como “satanismo” o al “magus” como satanista es un error grave, conceptualmente y en su desarrollo práctico -aclaremos, “teórico desarrollo práctico”, nadie dice que eso vaya a funcionar, yo al menos no lo digo, solo describo lo que es y lo que dicen esos grimorios y esos “métodos”- la goecia no tiene nada que ver con el satanismo.

El satanismo implica ponerse al servicio de un ente teóricamente el opositor del Dios cristiano y lo que se obtenga, supuestamente, será en pago a ese servicio, de la misma manera que el cristianismo es ponerse al servicio del Dios cristiano y lo que se obtenga, supuestamente, será también en “pago” -aunque los cristianos lo llamen posiblemente de otra manera- a ese reconocimiento y servicio.

En ese sentido el “magus” y la “goecia” no solo no son “
desvaríos culpabilizados y farfulleos esotéricos” como les acusa Lavey sino que están claramente por encima de su planteamiento: al “magus” no le manda nadie ni sirve a nadie, él manda y él se sirve, no reconoce a Señor alguno, en puridad puede decirse que él mismo es su propio “dominus”, no otro.

Puede tener mayor razón Anton Szandor Lavey cuando añade al párrafo citado -también en el Prefacio de su “Biblia Satánica”- lo siguiente:
“Escritor tras escritor, en sus esfuerzos de declarar los principios de la "magia blanca" y "magia negra", lo único que han conseguido es confundir y nublar el tema hasta tal punto que el aspirante a estudiante de hechicería termina ante un tablero de Ouija, parado dentro de un pentagrama esperando a que se le aparezca un demonio, lanzando débilmente al aire fichas del I Ching como si fuesen rosquillas rancias, barajando naipes para predecir un futuro que ha perdido todo significado, dando conferencias con el fin garantizado de inflar su ego - a la vez que hace lo mismo con su cartera - y en general quedando como un tonto ante los ojos de quienes en verdad saben” Decimos que puede tener mayor razón porque aquí... ya no se describe la goecia, ni la ouija, ni el I Ching, ni el tarot, ni cualquier otro añadido orientalizante o no tienen nada que ver con la goecia, la goecia se resume, remite y mide exclusivamente por lo contenido en heterogéneo “corpus” de los variados grimorios que encontramos redactados, como se ha indicado, entre la Edad Media y el siglo XVII -y muchos de estos últimos son reelaboraciones de otros medievales-. Lavey tiene razón cuando viene a llamar falsos a esas obras, solo que eso no son grimorios y eso no es goecia, y, tampoco, la goecia es ni quiere ser satanismo -si Lavey hacia teatro o quería realmente ser satanista es otro asunto, pero la goecia ni lo quiere ni lo es-.

El aspirante a “satanista” no sé pero el aspirante a “estudiante de hechicería” y de ahí a “magus” no tiene la menor intención ni de acabar ante un tablero de ouija ni, tampoco, de asumir ningún
“pensamiento Satánico, desde un punto de vista verdaderamente Satánico" palabras con las que acaba Lavey su Prefacio. Si Lavey pensaba que la goecia era eso... se equivocaba de medio a medio. Muchísimo más que Samuel Liddell MacGregor Mathers, Aleister Crowley o Austin Osman Spare, o que autores antiguos como Johann Weyer con su "De Praestigiis Daemonum" o Jean Bodin que versiona la obra de Weyer con el título de “Démonomanie des sorciers”, todos los cuales sabían lo que era la “goecia”, que variantes se le podían añadir o introducir sin alterarla -en ese sentido destacará Spare que será el fundador de la magia del Caos- y que... nada tenía que ver con adorar o servir a nadie y menos que a ninguno a Satanás o cualquier ente a los que se va a instrumentalizar y de... los que se va servir.

La "Clavícula Salomonis"

La “Clavícula Salomonis” antes nombrada es más un mito que una realidad, y no porque no existan esos textos, sino porque hay una notable variedad de textos que se acogen a esa denominación. Textos que a veces son coincidentes y otras no ¿Pueden ser complementarios? Es posible, pero el caso es que no son los mismos, por ejemplo, no dice lo mismo la edición en castellano de “Iroe el mago”, publicada en Amberes en 1721 que la versión reconstruida a principios del siglo XX de la “Clave Mayor del rey Salomón” por MacGregor Matthers o que el “Goetia” o “Clave Menor del rey Salomón” comenzada por MacGregor Mathers y terminada por Crowley -que, sin embargo, sí se asemeja notablemente a la "Pseudomonarchia daemonum" de Weyer que es un apéndice del "De Praestigiis Daemonum"-.

No cabe equivocarse, las evocaciones al rey Salomón son falsas, es decir, todo texto que se incluye bajo el título “Clavícula Salomonis” -sea la mayor, sea la menor, sea su conjunto- no provienen del famoso y tal vez mítico rey, son integramente de factura medieval y de retoque renacentista y de los siglos siguientes pero... no van más allá del medioevo europeo. Sencillamente se acogen a la leyenda que supone que la sabiduría de Salomón y el favor divino le permitía servirse a voluntad de espíritus y demonios si, por ello, que estos le dominasen a él sino al revés -curioso eco del aparente hecho de que en la corte salomónica se permitía sin mayor problema el culto a Baal lo mismo que al D_os de Israel, cosa que se sigue del texto bíblico, como decimos la figura de Salomón pudiera ser o no ser real, a día de hoy se busca confirmación arqueológica del mismo pero aún no se ha encontrado, en concreto se buscan sus posibles caballerizas o establos, pero eso es otra historia-, en la versión islámica Salomón tendrá fama de tener genios a su servicio -y por genios no nos referimos a brillantes consejeros reales sino literalmente a los entes mágicos descritos en el Corán y en la literatura islámica-.

En cualquier caso el conjunto de grimorios -parecidos, iguales o complementarios- que se acogen al nombre “Clavícula Salomonis” no provienen del celebre rey -ni de su entorno y época- sino de la Europa medieval.

Citamos a continuación algunas de las más celebre de estas obras: "Pseudomonarchia daemonum", "Verus Jesuitarum Libellus", "Le Petit Albert", "Grimorium Verum", "L'art de commander les esprits du Grand Grimoire", "Le Grand Grimoire", "Douze Anneaux (Lansdowne MS 1202)", "Oedipus Aegyptiacus", "De Heptarchia Mystica", "Heptameron", "Liber Juratus", "Goetia", "Anecdota Atheniensia", "Lemegeton", "Ars Notoria", "Archidoxis of Magic", "Theosophia Pneumatica", "Grimorio de Armadel", "Livre Troisieme. Concernant les Esprits & leurs pouvoirs", "Chyromantie ac phisionomie anastasis", "Steganographia", "Liber Consecrationum", "De Praestigiis Daemonum et Incantationibus ac Venificiis", "Livre des esperitz", et al.

Características de la goecia

Se ha dicho al comienzo que la goecia tenía un carácter ceremonial, ritual y formal -esto último en el sentido de fórmulas a pronunciar de determinada manera y no otra, es decir, se trata de “pronunciar o realizar una fórmula sin defecto de forma”-, aquí no entra ninguna capacidad “extrasensorial”, “mediumnica” o “especial” de cualquier otro tipo similar del “magus”, solo entra su conocimiento de la materia que trate, su capacidad y … sus instrumentos -el básico, naturalmente, es el grimorio o su equivalente, es decir, allí donde se encuentren las fórmulas a realizar-.

El conjunto puede definirse como “litúrgico” porque en realidad es el mismo concepto el que se maneja -una fórmula ritualizada más o menos concreta, fija y estereotipada para establecer contacto con determinados entes, fuerzas o energías-. Entendemos que es ceremonial en el sentido de que contempla un conjunto de ritos o rituales, es ritual en el sentido de que hay ritos específicos para acciones específicas y es formal porque siempre se materializa -en el sentido de llevarse a cabo- a través de fórmulas realizadas “sin defecto de forma” -por lo cual la forma vale tanto o más que el fondo-. Las palabras “ceremonial” y “ritual” pueden ser sin mayor problemas sinónimas, pero aquí hacemos la distinción de lo ceremonial como el conjunto de ritos posibles, y reservamos “ritual” como el rito específico y concreto a realizar en cada caso, pero, en puridad, podría hacerse a la inversa, dejamos esa decisión al ánimo deconstructivo de cada cual.

 
Jorge Romero Gil

 
Bibliografía


Bodin, Jean:“Démonomanie des sorciers” -versión facsimil en mezcla de francés y latín del "De Praestigiis Daemonum" de Weyer-

Crowley, Aelister: “Goetia”

Crowley, Aelister: “Liber AL Vel Legis”

Dee, John: “La heptarquía mística”

Dee, John: “El jeroglífico monádico”

“Gran Grimorio del Papa Honorio”, publicado en Roma en 1760.

“Gran Grimorio o Dragón Rojo”, tr
aducción al español de la Edición de 1845 en francés editada por B. Renault

Iroe el Mago: “Clavicula Salomonis”, edición en castellano publicada en Amberes en 1721

Lavey, Anton Szandor,: “Biblia Satánica”, Ediciones Martínez Roca, 2008


MacGregor Mathers, Samuel Liddell: “Clave Mayor del rey Salomón”

MacGregor Mathers, Samuel Liddell: “El libro de la magia sagrada de Abramelin”, Editorial Kier, Buenos Aires, 1987.

MacGregor Mathers, Samuel Liddell: “El Grimorio de Armadel”

Spare, Austin Osman: “El libro del placer”, 1913 (edición en castellano de 2007)

Weyer, Johann: “Pseudomonarchia daemonum” -Apéndice del "De Praestigiis Daemonum", en latín y castellano-

domingo, 25 de diciembre de 2011

Goecia y algunas variantes




Aleister Crowley se salió de la normalidad, eso es una cuestión sobre la que se plantean pocas dudas. Pero quedan otras cuestiones, por ejemplo, una es en qué "buceo", otra sí lo creyó y aún otra qué aprendió o conoció.

Su thelema tiene un tanto de rasgo elitista, en puridad me parece más significativo que tituláse "Goetia" a su propia versión de la Clavícula Salomonis, porque "Goetia" viene a ser "Goecia" y "Goecia" significa "Magía Negra" mientras "Teurgía" significa "Magia Blanca".

La obra de Crowley

Personalmente me centró en sus escritos más que en sus otras extravagancias, no creo en absoluto que esos escritos contengan "poderes reales" pero sí transmiten un conocimiento real de esa materia -quiero decir, que un himno a Némesis del siglo I aEC, será real porque será un himno a Némesis, y será antiguo porque es de esa época, pero no significa que Némesis sea real-. En ese sentido es bastante diferente Crowley de otro personaje del que he hablado más extensamente con anterioridad: Anton Szandor Lavey (nombe "artístico", pues se llamaba de otra manera).

Crowley versus Anton Szandor Lavey

Lavey es el fundador de la llamada Iglesia de Satán a partir de un texto suyo llamado "La Biblia Satánica", de escasa originalidad y, a la que se analiza mínimamente, se observa que se trata de una amalgama mal encajada y dispersa de textos tan poco satánicos como los e Milton o Nietzsche y otros varios. Lavey trabajó en un cabaret y...siguió trabajando en un cabaret: el suyo. Del que se proclamó Papa Negro, sencillamente organizó un negocio conectó bien con parte de la cultura pop de su época y generó una leyenda a su alrededor muy expresamente buscada. Acabando de cimentarse en...otra leyenda urbana alrededor de la música de The Eagles y su magnífica (porque la canción lo es "Hotel California". Desde cual es el "Hotel California" del que se habla hasta el significado de la letra ayudan a reforzar la imagen de Lavey, no sé si voluntariamente o no por parte de The Eagles.

Pero Crowley es otro asunto, Crowley no hace batiburrillos, sabe lo que escribe y sabe lo que significa aquello que escribe, su idea del "thelema" no es incompatible ni encubre la "goecia". Es, sin duda, un personaje extraño y oscuro, pero, a diferencia de Lavey, es un personaje que tiene su propia "gnosis" (conocimiento). Sus escritos en inglés, por ejemplo son expresa y voluntariamente arcaizantes en gran medida, por ejemplo, utiliza la palabra "thou" en muchas ocasiones, que es forma inglesa antigua de "you" y que se acerca a la forma griega "του", que significa "de", un ejemplo de la Invocación preliminar del Goetia:

Thou art Osorronophris: Whom no man has seen at any time.
Thou art Jäbas
Thou art Jäpos:
Thou hast distinguished between the Just and the Unjust.
Thou didst make the Female and the Male.
Thou didst produce the Seed and the Fruit.
Thou didst form Men to love one another, and to hate one another.


Así la primera estrofa tanto pudiera decir -y dice en inglés- "Tú eres Osorronophris: A quién ningún hombre ha visto en tiempo alguno", pero también pudiera ser "De arte de Osorronophris: a quién ningún hombre ha visto en tiempo alguno".

Esa invocación preliminar -que se llama el "Ritual del no nacido"- se basa, casualmente, en un rito de exorcismo greco-egipcio -cuando la influencia helénica se había establecido ya en Egipto y dio lugar a diversos sincretismos-.

El caso es que Crowley sabe jugar y juega con las palabras, a veces no da dobles sino muy diversos sentidos a una misma cosa. Uno, cuando aborda uno de sus escritos, se ha de plantear los límites de la interpretación, porque Crowley favorece, a partir de una misma cosa, la extensión de un argumento o de...todo su contrario. El hermetismo de Crowley lo es de palabras y lenguaje -esencialmente- y mucho menos de hacer creer que tiene "conocimientos" ocultos o "misteriosos arcanos" que no desvela -si los tenía no los dijo, dijo...aquello que escribió-.

Nacimiento del moderno esoterismo Occidental

En el fondo todo esoterismo actual nace hacia finales del siglo XVIII EC, vaya, con la Ilustración y, digamos, la "apertura de miras" que ésta conlleva y que genera una multitud de especulaciones en todo campo imaginable -la teórica "magia" de las cartas del tarot se la inventa Court de Gebelin a finales del XVIII y principios del XIX, desde ese momento surgen figuras peculiares unas con más base -en el sentido de buscar realmente textos "mágicos" que eran antiguos, pero...de una antigüedad no mayor a la de la Edad Media, no existe grimorio alguno que sea anterior a esa época- que otras -cabe citar a Eliphas Levi, que tampoco se llamaba así, era "nombre artístico"- y algún otro.

Los precedentes anteriores son más renacentistas que medievales seguramente los más conspicuos y famosos sean John Dee y Edward Kelly, a su vez integrados en la corte de Isabel I de Inglaterra-, Michel de Nostradamus pese al bombo y platillo de sus centurias...poca cosa en realidad. Lo que es cierto es que ningún grimorio viene de más atrás de la Edad Media, tirando a largo pueden encontrarse mezclas de religiones antiguas y extinguidas -como el gnosticismo- cuyos ideas -que ni siquiera textos- fragmetariamente y mal recogidas y peor entendidas se suman al bagaje medieval de los grimorios -por cierto, un epígono fiel del gnosticismo fue el catarismo-. La Clavícula Salomonis, sin ir más lejos, pese a su pretensión e remontarse y aún haber sido escrita por el rey Salomón es medieval.

Es posible que de lo más antiguo y original que haya en ese campo de los libros mistéricos sea el Codex Gigas, del siglo XIII EC y posiblemente escrito entre 1204 y 1230. No es propiamente un "grimorio", pero es un libro...muy raro -al menos partes del mismo-. Lo cual contribuye a hacerlo mistérico y a generar su propia leyenda.


Jorge Romero Gil


Bibliografía

Goetia. Compiled and translated by S.L. MacGregor Mathers Editing and Additional Material by Aleister Crowley

Lavey, Anton Szandor: La Biblia satánica, Editorial Martínez Roca, 2008

Rabelais, François: Gargantúa

Regardie, I., La Aurora Dorada. Un Compendio de las enseñanzas, ritos y ceremonias de la Orden de la Aurora Dorada. Revisada y aumentada. Editada en cuatro volumenes. Luis Carcamo Editor, Madrid.

Spare, Austin Osman: El libro del placer



jueves, 22 de diciembre de 2011

Thelema. Algunas variantes




Nietzsche no necesita el cristianismo, lo que quiere es que éste desaparezca y olvidarse de él. Lavey, sin embargo, lo necesita, básicamente al Dios cristiano -tal vez con otro deidad enfrente funcionase, pero precisa un Dios al que enfrentar a su Señor-, porque Lavey basa su culto en una dualidad, en unos opuestos.

La postura de Nietzsche no precisa nada del cristianismo, solo desea su eliminación, una vez desaparecido las bases de su filosofía incluido el elitismo siguen no solo intactas sino que saldrían reforzadas en ciertos aspectos. Sin embargo, Lavey, resulta que...se quedaría sin base alguna en la que sostener la postura de su Señor, sin enemigo ¿como va a haber guerra? ¿como sostener una perpetua dualidad sobre uno? Es imposible.

Thelema

Quería comentar un poco el lema de "haz lo que quieras" -utilizado por Rabelais, Crowley y Lavey entre otros-, y sobre el que he estado dándole algunas vueltas. Eso tiene relación con el término "thelema" que significa, en griego, "voluntad", cabe traducirlo, también, por "hacer tu voluntad" y, por eso, la derviación a "haz lo que quieras" o "hacer lo que se quiera".

Pero, a partir de eso, y entre otras muchas, se pueden mencionar las tres derivaciones –por orden cronológico- de Rabelais, Crowley y la de Lavey,

Rabelais

El "thelema" de Rabelais se expone a partir del capítulo LII de Gargantúa, ese "thelema", es un canto a la libertad individual y...colectiva, libertad dentro de una sociedad -por eso imagina una abadia de thelema y unos thelemitas, una y otros muy peculiares para su época, los siglos XV y XVI EC-. Aquí reproduzco un fragmento de esa obra:

“Tenían empleada su vida, no según leyes, estatutos ni reglas, sino según su franco arbitrio.

Se levantaban de la cama cuando buenamente les parecía; bebían, comían, trabajaban, dormían cuando les venía en gana; nada les desvelaba y nadie les obligaba a comer, beber ni hacer cosa alguna; de esta manera lo había dispuesto Gargantúa. En su regla no había más que esta cláusula: «Haz lo que quieras».

Porque las gentes bien nacidas, libres, instruidas y rodeadas de buenas compañías, tienen siempre un instinto y aguijón que les impulsa a seguir la virtud y apartarse del vicio; a este acicate le llaman honor. Cuando por vil sujeción y clausura se ven constreñidos y obligados, pierden la noble afición que francamente los inducía a la virtud y dirigen todos sus esfuerzos a infringir y quebrantar esta necia servidumbre, porque todos los días nos encaminamos a lo prohibido, y constantemente ambicionamos lo que se nos niega.

Por efecto de esta libertad, llegaron a la plausible emulación de hacer todos lo que a uno le fuera grato; si alguno o alguna decía bebamos, todos bebían; si decían juguemos, todos jugaban; si decían vamos a pasear por el campo, todos paseaban. Si decían vamos a cazar, las damas, montadas en sus bellas hacaneas, con su palafrén y su guía, llevaban cada una en su mano enguantada delicadamente un esmerillón o un alcotancillo; los demás pájaros los llevaban los hombres.

Tan noblemente estaban educados, que entre ellos no había uno solo que no supiera leer, escribir, cantar, tocar instrumentos de música, hablar cinco o seis idiomas y componer en prosa o verso. Jamás se han visto caballeros tan discretos, tan galantes, tan ágiles a pie y a caballo, tan fuertes para remar y para manejar todas las armas, como los que allí había.

Cuando para alguno, por llamamiento de sus deudos o cualquiera otra causa, llegaba la hora de salir fuera, llevaba consigo una de las damas que de antemano le había escogido por suyo, y por consecuencia, estaban ya juntos y casados; si en Theleme habían vivido en inclinación y amistad mutua, las continuaban con aumento en el matrimonio, tanto que llegaban hasta el fin de sus vidas habiéndola pasado toda como el primer día de novios.

(François Rabelais, “Gargantúa”, Capítulo LVII)

Otras visiones de “haz lo que quieras”

El Thelema descrito anteriormetne, el “haz lo que quieras” de Rabelais, es muy diferente ese concepto de 
"thelema" del de Crowley y del de Lavey.

Aleister Crowley genera una religión -diría que por mera estética- y su "thelema" es un "haz lo que quieras" del todo individualista, elitista y aristocrático.

Siguiendo su estela nos encontramos con otro personaje notable, que no es Lavey, sino Austin Osman Spare, que profundiza -aparcando el estilismo egipcio de Crowley- en la idea elitista y aristocrática pero… desde una vía caótica, digamos que si Crowley –aunque sea por cuestión de estilo- “adorna” sus propuestas y las viste a partir de Aiwass, Spare deja claro en su “El libro del Placer” que no hay nada preestablecido que seguir, que todo fluye, que el fluir es caótico y que toda construcción es una artificio, a partir de eso propone sus sigilos: del reconocimiento de la pura creatividad humana –con independencia de que ésta pueda pulsar determinadas cosas y causar determinados efectos, pero en última instancia, el elemento causal, en Spare, es humano-. Austin Osman Spare es el creado de la Zos Kia, que es la base de la llamada “magia del Caos” –que prescinde de religión alguna, ni siquiera por necesidades estéticas o elitistas genera nada en ese campo, cosa que sí intentó hacer Crowley.-

Anton Szandor Lavey también genera una religión, pero no a partir del "haz lo que quieras" sino integrando a éste en ella. Su "thelema", ya no es siquiera individualista sino del todo egótico. Pero en el sentido más absurdamente “malo” del término –es que Lavey no sabe siquiera ser malvado, no es más que un vendedor, eso sí: muchos compraron su producto-.

Lavey da carta de naturaleza al Dios del que dice abominar, en el fondo, además, sin enterarse, es cristiano, su Satanás es cristiano, igual que su oponente

"Thelema", pues,  puede entenderse de diversas maneras, no es la misma la de Rabelais, que la de Crowley o la versión de vodevil de Lavey.

El indirecto “thelema” de Nietzsche

Pero nos queda una versión del “haz lo que quieras” esbozada pero no mencionada explícitamente, porque en la obra a la que nos hemos referido aquí –y por ahora- de este autor, El Anticristo, no formula textualmente la idea pero la presenta implícitamente, veamos un fragmento que deja poco espacio a la duda:

"¿Se comprende fácilmente, se quiere comprender qué fue el Renacimiento? Fue la transmutación de los valores cristianos, fue una tentativa, hecha por todos los medios, con todos los instintos, con todo el genio, para conducir a la victoria los valores contrarios, los valores nobles... Hasta ahora no ha habido mas que esta gran guerra, hasta ahora no ha habido posición de problemas más decisiva que la obrada por el Renacimiento, mi problema es su problema...: ni tampoco ha habido una forma de asalto más sistemática, más derecha, más severamente desencadenada sobre todo el frente así como contra el centro. Atacar en el punto decisivo, en la sede del cristianismo, poner allí en el trono los valores nobles, o sea introducirlos en los instintos, en las más profundas necesidades y deseos de los que tenían allí su sede... Yo veo ante mí una posibilidad de fascinación y de encanto de aquellos, completamente subterránea: me parece que esta posibilidad resplandece en todos los estremecimientos con una belleza refinada, que en ella obra un arte, tan divino, tan diabólicamente divino, que en vano se encontraría a través de milenios una segunda posibilidad semejante: veo un espectáculo tan rico de sentido, y, al mismo tiempo, tan maravillosamente paradójico, que todas las divinidades del Olimpo habrían prorrumpido en una carcajada inmortal: “¡César Borja papa!” ¿Se me entiende? Pues bien: ésta habría sido la victoria que hoy yo solo deseo...; ¡con ésta, el cristianismo quedaba abolido!..."

(Friedich Nietzsche, "El Anticristo", página 89)

La anterior es una visión aún más aristocrática que la de Crowley del “haz lo quieras”, lo es más porqué la de Crowley es, ante todo, particularista, y la de Nietzsche, pese a proclamar su soledad, es generalista, podríamos llamarla sociológicamente aristocrática, lo cual, de paso… genera una paradoja en Nietzsche que Crowley resuelve… no planteándola.

¿Y Lavey? Pues Lavey toca el piano, pura y simplemente eso.


Jorge Romero Gil


Bibliografía

Lavey, Anton Szandor: La Biblia satánica, Editorial Martínez Roca, 2008

Nietzsche, Friedich: El Anticristo, Edimat Libros, Madrid

Rabelais, François: Gargantúa

Spare, Austin Osman: El libro del placer

Urbano Calle, Emilio: Adoradores del diablo: De la Biblia a las sectas satánicas, Editorial Oberon, 2003.




miércoles, 21 de diciembre de 2011

Sobre el "Libro de Satán (Fuego)" de la Biblia Satánica



 
Hemos dejado a Lavey entre sus prefacios, introducciones y diatribas, démosle una oportunidad más, veamos que dice en el "Primer Libro" de su "Biblia Satánica". No es muy original el comienzo: lo dedica a Satán.

(FUEGO) EL LIBRO DE SATÁN -I-

1. En este árido desierto de acero y piedra, elevo mi voz para que puedas oírla, Al Este  y al Oeste hago una seña. Al Norte y al Sur muestro un signo que proclama: ¡Muerte a los débiles, salud para los fuertes!

2. ¡Abrid los ojos para que podáis ver, oh, hombres de mente enmohecida, y escuchadme bien, vosotros, la multitud de seres desorientados!

3. ¡Pues yo me alzo para desafiar a la sabiduría del mundo, para pedir explicaciones a las   «leyes» del hombre y de «Dios»!

4. Yo exijo razones de vuestras reglas doradas y pregunto el porqué de vuestros mandamientos  
5. No me inclino en señal de sumisión ante ninguno de vuestros ídolos pintados, y el que me diga «tú lo harás» es mi enemigo mortal.  

6. Hundo mi dedo en la sangre aguada de vuestro impotente y loco redentor, y escribo en su frente desgarrada por las espinas: «el verdadero príncipe del mal; ¡el rey de los esclavos». 

7. Ninguna vetusta falsedad será para mí una verdad; ningún dogma sofocante entorpecerá mi pluma.  

8. Me aparto de todos los convencionalismos que no me lleven al éxito y a la felicidad en la Tierra. 

9. Elevo con severa energía el estandarte de los fuertes.  

10. Clavo mi mirada en los ojos vidriosos de vuestro espantoso Jehová, y le tiro de la barba. Alzo un hacha y abro en dos su cráneo devorado por los gusanos,  

11. Hago estallar el horrible contenido de los sepulcros filosóficos marchitos, y río con ira sardónica

Bien, aquí tenemos el comienzo del comienzo. Por comenzar comienza mal: le tira de la barba a un acrónimo y se ríe cual actor de película de terror de "serie B".

Así nuestro actor lanza el guante a la cara de Dios, y, curiosísimamente, al Dios de los cristianos. ¿Por qué? Pues porque, a fin de cuentas, sin ese Dios concreto el de Lavey...no existe -no puede recurrir al judaísmo, por ejemplo, porque allí Satanás no es un ángel caído es sólo un "fiscal" al servicio de D_os (véase especialmente para esto el libro de Iyov/Job)-.
Por tanto el Dios de Lavey necesita tanto a su contrincante como éste...a su derrotado enemigo.

Nuevamente Milton

¿A qué nos recuerdan también esos puntos? Por lo pronto a mi me recuerdan a algún fragmento de Milton, una vez más el "original" Lavey se mueve en la "originalidad". Veamos el desafío demoníaco que imagina John Milton en "El Paraíso Perdido":

"Con esta voluntad inflexible, este deseo de venganza, mi odio inmortal y un valor que no ha de someterse ni ceder jamás ¿cómo he de tenerme por subyugado? Ni su cólera ni su fuerza me arrebatarán nunca esta gloria: humillarme y pedir gracia doblada la rodilla y acatar un poder cuyo ascendiente ha puesto en duda, poco ha, mi terrible brazo. Y pues según ley del destino no pueden perecer la fuerza de los dioses ni la sustancia empírea, y por la experiencia de este gran acontecimiento vemos que nuestras armas no son peores, y que en previsión hemos ganado mucho, podremos resolvernos a empeñar con más esperanza de éxito, por la astucia o por la fuerza, una guerra eterna e irreconciliable contra nuestro gran enemigo triunfante ahora, y que en el colmo de su júbilo impera como absoluto ejerciendo en el cielo su tiranía."

"Humillado Querubín, vileza es mostrarse débil, bien en las obras, bien en el sufrimiento. Ten por seguro que nuestro fin no consistirá nunca en hacer el bien; el mal será nuestra única delicia, por ser lo que contraría la Suprema Voluntad a que resistimos. Si de nuestro mal procura su providencia sacar el bien debemos esforzarnos en malograr su empeño, buscando hasta en el bien los medios de hacer el mal; y esto fácilmente podremos conseguirlo, de suerte que alguna vez lo enojemos, si no me engaño, y nos sea posible torcer sus profundas miras del punto a que se dirigen. Pero mira irritado el vencedor, ha vuelto a convocar en las puertas del cielo a los ministros de su persecución y de su venganza. La lluvia de azufre que lanzó contra nosotros la tempestad, ha allanado la encrespada ola que desde el principio del cielo nos recibió al caer; el trueno, en alas de sus enrojecidos relámpagos y con su impetuosa furia, ha agotado quizá sus rayos, y no brama ya a través del insondable abismo. No dejemos escapar la ocasión que nos ofrece el descuido o el furor ya saciado de nuestro enemigo"

"Así hablaba Satán; y Belcebú le respondió así: «¡Caudillo de los ínclitos ejércitos, que por nadie sino por el Todopoderoso podían ser vencidos! Si otra vez oyen esa voz, seguro vaticinio de su esperanza en medio de sus temores y peligros, esa voz que ha resonado con tanta frecuencia en los trances más apurados, ya en el crítico momento del combate, o cuando arreciaba la lucha, y que era en todos los conflictos la señal indudable de la victoria, recobrarán de pronto nuevo valor y vida".

Bien, creo que con esto basta y sobra tampoco es cuestión de reproducir por entero la obra de Milton, pero vemos como el poeta inglés -eso sí, "desde el otro lado teórico" respecto a Lavey-, pone en boca de Satán justo...el desafío que plantea Lavey. Nuestro hombre mucho tampoco se esforzó. 

Un entorno sociológico favorable

Pero sigamos con el muy convencional -aunque pretenda ser todo lo contrario- Lavey. Ya he aludido al entorno sociológico de Lavey, ese entorno precisa -o, cuando menos, considera altamente aconsejable- la existencia de una religiosidad ¿cual? La que sea, pero religiosidad, los Estados Unidos se consideran "el país de Dios", ahora...nunca han especificado demasiado de que Dios se trata. Y eso se debe a un aspecto fundacional: los colonos ingleses que fundaron las colonias iniciales en la costa Este tenían una cosa muy clara: regirse por la libertad de culto.

Ciertamente en aquella época esa libertad se pensaba y se restringía a la libertad de culto...cristiano, es decir, a la convivencia y respeto mutuo de los diferentes tipos de protestantismo que representaba el conglomerado de colonos.

Pero fuera de esa notación histórica lo que aquí nos interesa es otra cosa, los siguientes principios establecidos y que arraigarán en la esencia de la sociedad norteamericana, que evolucionarán con ella pero que...siempre estarán presentes: libertad de culto y adoración a Dios ¿cual Dios? Pues...cualquiera. Se considera a la religión benéfica por sí misma.

¿Por qué es aceptado Lavey? Pues porque a pesar de sus aparentes extravagancias y desafíos...no cuestiona nada básico, por el contrario, cumple punto por punto todas las convenciones que exige la sociedad estadounidense. Por ser convencional...hasta escribe una Biblia, crea una Iglesia, se viste de clérigo y... se nombra Sumo Sacerdote de su "nueva" religión. Así que tal credo se apunta en el catálogo y... ya está. No cuestiona nada, absolutamente nada, del sistema social que le rodea, en el que se inscribe y al que se ajusta perfectamente -incluido el muy estadounidense y puritano culto a los negocios, véase al respecto la obra de Max Weber "La ética protestante y el espíritu del capitalismo"-.

Lavey y Nietzsche

Hemos dejado a Lavey de portavoz de Satán en la parte primera del "Libro de Satán (Fuego)" de su Biblia -la que según otra leyenda escribió en el Hotel California de Todos los Santos, realmente por leyendas en ese establecimiento que no queden-. Bien, volvamos a otro viejo conocido -como Milton, muchísimo más serio que Lavey, también...muchísimo menos convencional-, se trata de Friedich Nietzsche, ya que aún seguimos al comienzo con Lavey y sus desafios, veamos el comienzo de uno de los desafios de Nietzsche: su prólogo de "El Anticristo", prólogo que titula "Inversión de todos los valores":

Este libro está hecho para muy pocos lectores. Puede que no viva aún ninguno de ellos. Esos podrán ser los que comprendan mi Zaratustra; ¿acaso tengo yo derecho a confundirme con aquellos a quienes hoy se presta atención? Lo que a mí me pertenece es el pasado mañana. Algunos hombres nacen póstumos.

Las condiciones requeridas para comprender y para comprenderme luego con necesidad, las conozco demasiado bien. Hay que ser probo hasta la dureza en las cosas del espíritu para poder soportar sólo mi seriedad y mi pasión. Hay que estar acostumbrado a vivir en las montañas, y ver a nuestros pies la miserable locuacidad política y el egoísmo de los pueblos que la época desarrolla. Hay que hacerse indiferente; no debe preguntarse si la verdad favorece o perjudica al hombre... Hay que tener una fuerza de predilección para las cuestiones que ahora espantan a todos; poseer el valor de las cosas prohibidas, es preciso estar predestinado al laberinto. De esas soledades hay que hacer una experiencia. Tener nuevos oídos para una nueva música: nuevos ojos para las cosas más lejanas; nueva conciencia para verdades hasta ahora mudas, y la voluntad de la economía en grande estilo; conservar las propias fuerzas y el propio entusiasmo... hay que respetarse a si mismo, amarse a sí mismo; absoluta libertad para consigo mismo...

Ahora bien; sólo los forjados así son mis lectores, mis lectores predestinados; ¿qué me importan los demás? Los demás son simplemente la humanidad. Se debe ser superior a la humanidad por la fuerza, por el temple, por el desprecio...

Friedich Nietzsche

Bien, eso diríamos que también ayuda a entender la "originalidad" de Lavey, quede claro que Nietzsche no es satanista, de hecho en la obra citada no le presta la menor atención -o escasísima, pero de memoria diría que ninguna- a la figura de Satán. A Nietzsche le importa un bledo Satán, Nietzsche se declara pura y simplemente anticristiano, pero, a diferencia de Lavey, no lo hace para oponerse -y, por tanto, reconocer- al Dios de los cristianos, lo hace porque niega los valores del cristianismo y los considera corruptores del espíritu humano. Ese es Nietzsche.

Lavey es otra cosa...un pianista de cabaret, eso sí: con visión de negocio.

Ya seguiremos.


Jorge Romero Gil


Bibliografía

Lavey, Anton Szandor: La Biblia satánica, Editorial Martínez Roca, 2008.

Milton, J.: El Paraíso Perdido, colección "Letras Universales", Editorial Cátedra.

Nietzsche, Friedich: El Anticristo, Edimat Libros, Madrid

Urbano Calle, Emilio: Adoradores del diablo: De la Biblia a las sectas satánicas, Editorial Oberon, 2003.