martes, 24 de julio de 2012

Agartha y la tierra hueca (II)




En la “Doctrina Secreta” Helena Blavatsky menciona los dominios subterráneos de Agartha , también lo hará en otros lugares de su obra, como en “Isis desvelada”, una alusión clara de la “Doctrina Secreta” es la que sigue:

“Ellos fueron los que comunicaron a los hombres los secretos más extraños de la Naturaleza, y les revelaron la “palabra” inefable, ahora perdida.

La “Isla” según se cree, existe hasta hoy día, como un oasis rodeado por las espantosas soledades del Desierto de Gobi, cuyas arenas “ningún pie ha hollado de humana memoria”.

Esta palabra, que no es palabra, ha circulado una vez por todo el globo, y todavía languidece como un lejano y moribundo eco en los corazones de algunos hombres privilegiados. Los hierofantes de todos los Colegios Sacerdotales conocían la existencia de esta isla; pero la “palabra” sólo era conocida del Java Aleim (Mahâ Chohan en otra lengua), o señor principal de cada colegio, y era transmitida a su sucesor sólo en el momento de la muerte. Había muchos de estos Colegios, y los autores clásicos antiguos hablan de ellos...

No había comunicación alguna por mar con la hermosa isla, pero pasajes subterráneos, solamente conocidos de los jefes comunicaban con ella en todas direcciones .

La tradición asegura, y la Arqueología acepta la verdad de la leyenda, que actualmente hay más de una ciudad floreciente en la India construida sobre otras varias ciudades, constituyendo así una ciudad subterránea de seis o siete pisos de altura. Delhi es una de ellas, Allahabad es otra; y hasta en Europa se encuentran ejemplos, verbigracia, Florencia, la cual está construida sobre varias ciudades etruscas y otras, difuntas. ¿Por qué, pues, no han podido Ellora, Elefanta, Karli y Ajunta haber sido construidas sobre laberintos y pasajes subterráneos como se asegura? Por supuesto, no aludimos a las cavernas que todos los europeos conocen, ya sea de visu o de oídas, a pesar de su mucha antigüedad, aunque hasta esto es discutido por la arqueología moderna; sino al hecho conocido de los brahmanes iniciados de la India y especialmente de los Yogis, de que no hay un templo-gruta en el país que no tenga pasajes subterráneos corriendo en todas direcciones, y que estas cavernas y corredores innumerables subterráneos tienen a su vez sus subterráneos y corredores”.

Agartha y el esoterismo occidental
 
Alexandre Saint-Yves d'Alveydre se encarga de hablar de Agartha en sus obra “La misión de la India en Europa”, este marqués y ocultista se acerca al tema por la vía de la revelación, solo que según nos explica en su caso no es “mediumnica” sino verbal, d’Alveydre relata que un supuesto príncipe afgano acompañado de otras dos personas hacen labores de emisarios del reino de Agartha confiándole cierta cantidad de información. La naturaleza no “mediumnica” de su conocimiento de Agartha la refiere Saint-Yves d’Alveydre en “La misión de la India en Europa”: “No debo mi iluminación sinárquica sobre el pasado y sobre el presente a la voluntad de ningún iniciado asiático actualmente vivo, sino a unas cuantas indicaciones de un augusto fallecido”. Y poco después  comienza su descripción de Agartha:

“¿Dónde está el Agarttha? ¿En qué lugar preciso se encuentra? ¿Por qué caminos hay que andar, y qué pueblos hay que atravesar para llegar hasta allí? (...) En la superficie y en las entrañas de la tierra la extensión real del Agarttha desafía la opresión y la coacción de la profanación y de la violencia.

Si hablar de América, cuyo subsuelo ignorado le ha pertenecido desde la más alta antigüedad, tan sólo en Asia, cerca de quinientos millones de hombres conocen más o menos su existencia y su extensión.

Pero no se encontrará ni un solo traidor entre ellos, para indicar la situación precisa en que se encuentran su Consejo de Dios y su Consejo de los Dioses, su cabeza pontificial y su corazón jurídico.

Si pese a todo esto ocurriera, si pese a sus numerosos y terribles defensores fuese invadida, cualquier ejército invasor, aunque estuviese compuesto por un millón de hombres, vería renovarse la atronadora respuesta del templo de Delfos a las incontables hordas de los sátrapas persas.

Pidiendo ayuda a las Potencias cósmicas de la Tierra y del Cielo, incluso vencidos, los Templarios y los confederados del Agarttha, podrían, si fuese necesario, hacer estallar parte del Planeta, y tritura con un cataclismo y los profanadores, y su patria de origen.

Por estas causas científicas la parte central de esta tierra santa nunca ha sido profanada pese al flujo y reflujo, a los choques y engullimientos mutuos de los imperios militares, desde Babilonia hasta el reino turanio de la Alta Tartaria, desde Susa hasta Pella, desde Alejandría hasta Roma.

Antes de la expedición de Ram y el dominio de la Raza blanca en Asia, la Metrópolis manávica tenía por centro Ayodhya, la Ciudad solar.

Decidiendo con buena vista el verdadero límite de Europa con Asia, nuestro Gran Antepasado céltico, situó, en los lugares más espléndidos de la Tierra, el Sagrado Colegio a cuya cabeza lo había llevado su iniciación.

Las bibliotecas anteriores permanecieron intactas, gracias a su propia ciencia, pese a todas las reformas intelectuales y sociales que su luminosa iniciativa llevó a cabo.

Más de tres mil años después de Ram, y a partir del cisma de Irshou, el centro universitario de la Sinarquía del Cordero y del Camero sufrió un primer traslado, que no me conviene aclarar más.

Finalmente, casi catorce siglos después de Irshou, poco tiempo después de Çakya Mouni, se decidió otro cambio de lugar.

Baste saber a mis lectores que, en algunas regiones del Himalaya, entre veintidós templos que representan los veintidós Arcanos de Hermes y las veintidós letras de ciertos alfabetos sagrados, el Agarttha forma el Zero místico, el que no puede ser encontrado.

El Zero, es decir Todo o Nada, todo mediante la Unidad armónica, nada sin ella, todo mediante la Sinarquía, nada mediante la Anarquía.

El territorio sagrado del Agarttha es independiente, organizado sinárquicamente y compuesto por una población que se eleva a una cifra de casi veinte millones de almas.

La constitución de la Familia, con la igualdad de sexos en el hogar, la organización de la Comuna, del Cantón y de las circunscripciones que van desde la Provincia al Gobierno central, conservan aún en toda su pureza la huella del genio celta de Ram injertado en la divina sabiduría de las instituciones de Manou”.

Tanto la obra de d’Alveydre como “Los hijos de Dios” –que también menciona Agartha- de su compatriota Louis Jacolliot son consideradas en muchas ocasiones como novelas puras y duras, es decir, obras de ficción sin pretensiones de otro tipo, eso las diferenciaría de los escritos de Madame Blavatsky que tienen como “leivmotiv” la transmisión de una gnosis determinada. Sea un caso o sea otro encontramos aquí interpretaciones o reinterpretaciones de ciertas tradiciones asiáticas, interpretaciones que, además, son llevadas a cabo por personas que acaban de entrar en contacto –directamente o de oídas- con el conjunto de creencias, leyendas y mitos del Tibet y de la India, con el lamaísmo y el hinduismo, en un contexto de total falta de referencias previas por parte de la cultura europea –en general el horizonte “mistico-misterioso” de Europa era tradicionalmente el antiguo Egipto-. En ese sentido, tanto Saint-Yves d’Alveydre como Jacolliot o como Helena Blavatsky han de elaborarlo todo a partir de sus primeras impresiones, sin referencias previas y sin conocimiento de las cosmovisiones de las culturas que “descubren”, en otras palabras: a su manera reelaboran las cosas que van escuchando y acaban por generar su propio sistema mítico. No nos hablan en sentido estricto de las leyendas o las creencias de la India y el Asia Central, nos dan su propio “corpus orientalizante” de las mismas, con indudables pinceladas sincréticas de los sistemas conocidos más secularmente por Occidente, como el cristianismo o el judaísmo.

Las alusiones explicitas o implícitas de Shambhala y el desarrollo del tema de Agartha parecen derivarse del papel de Shambala en el Kalachakra tantra propio del budismo tántrico. Kalachakra es un término sanscrito que significa “Rueda del Tiempo” o “Ciclo del Tiempo”, la palabra puede referirse a dos cosas, a la divinidad tántrica Vajrayana o bien al texto escrito del Kalachakra Laghuntantra, que reúne la filosofía y las prácticas de meditación del budismo vajrayana.

Shambhala es un punto importante en la historia del Kalachakra, según se define en los propios orígenes de esta vertiente budista el rey Suchandra de Shambhala se dirigió a Buda para pedirle una forma de la enseñanza budista que le permitiera practicar el Dharma sin tener que renunciar a sus responsabilidades y placeres mundanos.

Buda decidió atender la petición y enseñó el primer tantra raíz Kalachakra en Dhanyakataka, una pequeña ciudad en Andhra Pradesh, en el sureste de India, según los textos Gautama se apareció en ese lugar a través de una milagrosa bilocación (aparecer en dos lugares, ya que al mismo tiempo enseñaba ese primer tantra entregaba el discurso de los sutras Prajnaparamita en la montaña del Pico del Buitre en Bihar.

Recibieron esa especial enseñanza del budismo el rey Suchandra y noventa y seis emisarios y reyes menores de Shambhala. Kalachakra permaneciió en Shambhala durante siglos. Bajo los reyes Manjushrikirti y Pundarika se compilaron, condensaron y simplificaron los textos del Kalachakra y recibieron el nombre de Sri Kalachakra o Laghutantra, siendo su comentario principal el Vimalaprabha.

En el Sri Kalachakra se alude a una profecía según la cual  "El Chakravartin aparecerá al final de los tiempos en la ciudad que los dioses crearon en el Monte Kailash. Castigará entonces a los bárbaros dentro de la batalla con su cuaternaria armada sobre toda la superficie de la tierra." Lo que coincide tanto con la ubicación de la región sagrada del Bon de Tagzig Olmo Lung Ring como con el Baghavata Purana en la descripción de una batalla final entre el bien y el mal con su epicentro en Shambala.

A partir de todo esto y con todo esto los ocultistas occidentales que, como neófitos, entraron en contacto con el budismo tántrico, el hinduismo, sus formas y sus leyendas generaron un sistema mítico que, en realidad, era nuevo y propio, fruto del contacto, en definitiva, de dos culturas. En ese sentido puede decirse que lo que nos ofrecen los esoteristas clásicos y que remiten a la India o al Tibet no son creencias o conocimientos de estas culturas sino la interpretación de alguno de esos puntos por parte de los autores que las exponen muy a menudo, como se ha dicho, trufadas de elementos cristianos o judíos propios de Occidente.

Por otra parte la interpretación de alusiones más o menos apocalípticas –sean del Baghavata Purana o del Sri Kalachakra- se realiza por dos vías, una literalista que manifiesta que, efectivamente, junto a un fin de ciclo corresponderá una batalla épica entre fuerzas del “bien y el mal” –siendo en ocasiones ambivalente si Agartha y/o Shambhala representan a unas u a otras, ambivalencia que, por otro lado, a veces recae en quienes se autoidentifican como “bien” o “mal”-, siendo la otra vía la de la interpretación del texto en sentido alegórico, según la cual el combate descrito en los textos es puramente interior, espiritual y de “autocrecimiento” del individuo. En este último sentido tanto el viaje a Shambhala como la lucha de Shambhala lo serían en una dimensión puramente espiritual, no material.

Aún teniendo esto presente un entusiasta discípulo de Helena Blavatsky llamado Nikolai Roerich no dudo en embarcarse en una expedición que visitó la India, el Tibet y Asia Central entre 1928 y 1929. El objetivo oficial de la expedición era estudiar la botánica y etnología de la región así como dibujar sus paisajes, pero en realidad Roerich pretendía localizar Shambhala o, cuando menos, sus huellas. La expedición aseguró haber localizado Shambhala en los montes Altai, como mínimo identificaron con esas estribaciones un punto de conexión telúrica, podría decirse que un “lugar de poder”, un poco al estilo de los que obsesionarían al jefe máximo de las SS Heinrich Himmler –no olvidemos que el mito de Agartha también estaría omnipresente en el dirigente nazi-, esos centros de poder telúricos no se sabe excesivamente bien en que se plasmarían materialmente y, por otro lado, tampoco han sido capaces de definir eso quienes afirman sentir esas conexiones más o menos espirituales o energéticas relacionadas con esos sitios. El caso es que los seguidores teósofos de Roerich considerarán los montes Altai como centro de Shambhala o del Shambhala, sea conectándolos con éste sea considerando que Shambhala se encuentra materialmente allí aunque oculto de alguna manera.

Roerich y su esposa Helena acabarán por fundar lo que denominarán el agni yoga, que en puridad será un derivado de la Teosofía de Madame Blavatsky, la base del agni yoga serán las doctrinas teosóficas mezcladas con ciertos puntos budistas, pero el vocabulario utilizado será más bien el propio del hinduismo y el ocultismo, actuando como auténtico precedente de lo que será el New Age se formulará un sincretismo de postulados budistas y ocultistas, con terminología hinduista pero aderezado con figuras de la religiosidad tradicional de Occidente como Jesús o del islam como Mahoma, que se considerarán “guías espirituales”-

Volviendo a Agartha y Shambhala parece que Roerich acaba por inclinarse por la vía de un lugar más espiritual que material, sitio de paz por antonomasia, y que cada civilización describe un poco a su manera, su búsqueda seria la misma que la búsqueda del grial y personajes como el emperador romano Constantino I o el mítico Preste Juan habrían recibido mensajes de los maestros espirituales de “la Misteriosa Morada Espiritual y Hermandad del Corazón de Asia”, es decir, de Shambhala, con lo cual volvemos a una cierta ambigüedad sobre si Roerich considera o no éste un lugar físico, de hecho, en la obra en que expone todo esto “Shambhala: en busca de una nueva era”, publicada en 1930, llega a decir que Shambhala se encuentra “al norte de la India”. En esa misma obra y para redondear las conexiones entre tierras fabulosas Roerich insinúa una relación entre Shambhala y la nórdica tierra perdida de Thule, cosa que, por otra parte, hará también el esoterismo nacionalista alemán y que, desde él, pasará al esoterismo nacionalsocialista, que, siguiendo esa estela nórdica, enlazará con los hielos casi sagrados de la cosmogonía de Hörbiger, pero esto excede de lo presentado por Roerich, que no entrará en ninguna cuestión de hegemonías o superioridad raciales.

A partir de Shambhala tenemos, pues, múltiples conexiones, unas vinculadas totalmente con Agartha, otras parcialmente y otras en absoluto –de hecho Helena Roerich, la esposa de Nikolai Roerich, dirá que es un error identificar de alguna manera Shambhala con Agartha, diferenciando ambas ideas-. Lo cierto es que Shambhala girará en el eje de distintas construcciones míticas, por un lado la ya mencionada con la subterránea Agartha, por otro con Thule –situada en ocasiones bajo las aguas, bajo los hielos e incluso, como Agartha, bajo tierra-, por otro da pie a interpretaciones apocalípticas, por otro es lugar de benovelencia, sabiduría y paz, por otro… suma y sigue, el misterio que envuelve la idea de Shambhala da pie a todo eso y a más cosas, pero, hay que decir, que en todas esas cosas a muy poco o nada del kalachakra del budismo tántrico, todo eso son resultados espurios o sincréticos de las más o menos acertadas o distorsionadas visiones occidentales de lo más accidental del mismo.

Cabe señalar que en las obras de Saint-Yves d'Alveydre, de Helena Blavatsky, de Roerich y en las referencias de otros ocultistas las alusiones a ese reino de Agartha o Agarthi se ciñen más a la idea de “mundo subterráneo” –en el sentido de cavernas, en cierto modo es como si hablásemos del “sótano”- que de “tierra hueca”. Por esa vía se es más fiel a la letra de los mitos mongoles, tibetanos e hindúes que a las visiones de “cientifistas” y ufólogos que, en puridad, hablan de un interior de la Tierra estrictamente hueco, que contiene incluso un pequeño Sol, a escala, en el centro de la misma, luminaria que daría su luz y calor a los continentes y mares interiores.


Jorge Romero Gil


Bibliografía


Anónimo: Baghavata Purana

Ariza, Francisco: “La Historia y la Geografía Sagradas en la obra de René Guénon”

Blavatsky, Helena: Doctrina Secreta 

Blavatsky, Helena: Isis desvelada 

Guénon, René: El Rey del mundo 

Ossendowski, Ferdinand: Bestias, hombres, dioses 

Ossendowski, Ferdinand: El hombre y el misterio en Asia

Saint-Yves d’Alveydre, Alexandre: Arqueometro

Saint-Yves d’Alveydre, Alexandre: La misión de la India en Europa 

Saint-Yves d’Alveydre, Alexandre: La teogonia de los patriarcas



lunes, 23 de julio de 2012

Agartha y la tierra hueca (I)




La idea de la tierra hueca tiene como el mito de la Atlántida su origen en tradiciones o leyendas antiguas, si en el caso de la Atlántida su origen obvio deriva de los diálogos de Platón del Timeo y Critias en el tema de la tierra hueca nos encontramos con el mito de Agartha, cuyo origen es asiático, constando una versión mongola y otra hindú, amén de algunas variantes tibetanas que, como su budismo, parecen tener componentes sincréticos.

En Occidente el tema de Agartha aparece vinculado a círculos esotéricos, así, personalidades destacadas en ese campo se harán eco de ello a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Cabe citar a Saint-Yves d’Alveydre, Ferdinand Ossendowski y, sobre todo, René Guénon, que sistematiza las aportaciones de esos autores y recoge las fuentes hindúes y de Asia Central sobre esa leyenda.

La primera cosa a decir sobre Agartha o Agarthi es que es una manifestación que cae dentro del concepto de “Geografía Sagrada”, esto es, algo fundamentalmente simbólico y completamente fuera de una realidad física.

Así lo recoge Guénon en su obra “El Rey del Mundo”, cuyo título evoca el legendario soberano de Agartha, como dice Francisco Ariza en “La Historia y la Geografía Sagradas en la obra de René Guénon”: 

“Ese espacio se convierte así en el Centro del Mundo, o si se quiere en una imagen de él, pues a partir de cierto momento éste se ha vuelto invisible por la propia marcha descendente del ciclo, ocultándose en el interior de la caverna del corazón. Centro del Mundo que es también el centro del tiempo, pues en él lo sucesivo, lo histórico, lo que deviene por un impulso recibido en el Origen, pasa a ser un símbolo vivo de ese mismo Origen, siendo por tanto portador de la Memoria arquetípica, no del olvido, dándonos la posibilidad de reconocer nuestra identidad en lo universal, donde nuestro Ser verdadero se revela. Ese Centro o Corazón del Mundo ha recibido diversos nombres en distintos períodos: Tula, Paradesha (de donde provienen Pardés y Paraíso), Aztlan, Luz, Agartha, y siempre ha designado a la "Comarca suprema", si bien por imperativos de orden cíclico dicha "Comarca" haya pasado a ser "subterránea", entendiéndose esto en un sentido puramente simbólico, pues también se dice que ella no puede alcanzarse "ni por tierra ni por mar", indicando así la idea de una realidad simultánea y central que está verdaderamente "fuera" de los límites horizontales del tiempo y del espacio”.

Tenemos, pues, dos cosas, por una parte unas leyendas sacras que entroncan con un sistema de creencias y de religiosidad orientales y, por otra, la consideración de que lo anterior lo que hace es remitirse a un ámbito simbólico, no a un ámbito geográfico y espacial real.

La creencia errónea respecto a esto último, el confusionismo de pensar que las menciones de Agartha o Agarthi lo son a un espacio material, son una de las bases de la llamada “teoría de la Tierra hueca” que, como todo aquello que excita la imaginación humana, contra toda evidencia y sentido común se postula en ocasiones.

Agartha

En las tradiciones hindúes y de Asia Central aparece la referencia a un mundo oculto o extraordinario dónde moraría el “Rey del Mundo”, traducción tal vez no demasiado afortunada para el concepto de “Manu”, sobre el cual elabora una explicación René Guénon: “Este nombre, por otra parte, no designa en absoluto a un personaje histórico o más o menos legendario, lo que designa en realidad es un principio, la Inteligencia cósmica que refleja la luz espiritual pura y formula la Ley (Dharma)”. Este “Rey del Mundo” se relaciona también con el concepto de Brahma y, por tanto, con lo divino. Las menciones de su teórica intervención en asuntos humanos se relacionan con visiones apocalípticas dónde realiza un papel de restaurador del orden frente a las fuerzas del caos,  en ese sentido coincide la tradición budista y la hinduista, aunque cabe decir que no se trata de asunto alguno central en la cosmovisión budista sino, probablemente, un retazo o préstamo del entorno social y religioso que rodea al budismo.

En ese mundo separado dimensionalmente del real –y es en ese sentido en el cual no se encuentra presente en la superficie de la Tierra- juega un papel importante Shambhala, que es la residencia o “capital” que acoge a Manu, el Baghavata Purana lo menciona en su canto XII y verso 18 del capítulo 2: “El Señor Kalki aparecerá en la casa del Brahman más eminente del pueblo de Shambhala, la gran alma del Viṣṇuyaśā.  El Baghavata Purana menciona a Kalki, que es uno de los avatares de Vishnú, en un contexto apocalíptico en el que se diezmará a una humanidad degradada de la cual sólo se salvaran una serie de sabios refugiados en el Himalaya.

Tanto en las tradiciones budistas como en las hinduistas Shambhala se asocia siempre a ese entorno cataclismico, de fin del mundo, también épico, en el que una gran parte de la humanidad se ha vuelto malvada e infiel y que planta batalla a las fuerzas del “bien” que se centran en Shambhala.

Ferdinand Ossendowski nos da su versión de las leyendas que, según él, las tribus mongolas contaban sobre el tema, lo hace en los últimos capítulos de su obra “Bestias, hombres, dioses”, que recoge las peripecias del autor en su viaje a Asia Central durante la guerra civil rusa, comienza a hablar del tema en el siguiente párrafo:

Ha sido durante mi viaje a Asia Central cuando he conocido por primera vez el misterio de los misterios, pues no he podido llamarlo de otra manera. Al principio no le concedí mucha atención, pero comprendí después su importancia al analizar y comparar ciertos testimonios esporádicos y frecuentemente sujetos a controversia. Los ancianos de la ribera del Amyl  me refirieron una antigua leyenda, según la cual una tribu mongola, intentando huir de Gengis Kan, se ocultó en una comarca subterránea. Más tarde un  Somoto de los alrededores del lago Nogan Kul me mostró, así que se disipó una nube de humo, la puerta que sirve de entrada al reino de Agharti. Antaño penetró por esa puerta en el reino un cazador, y a su vuelta empezó a contar lo que había visto. Los Lamas le cortaron la lengua para impedirle hablar del misterio de los misterios. Ya viejo, volvió a la entrada de la caverna y desapareció en el reino subterráneo cuyo recuerdo tanto encantó u regocijó su corazón de nómada. Obtuve informes más detallados de labios del Hutuktu Jelyl  Dyamsrap de Narabanchi Kure. Este me narró la historia de la llegada del poderoso rey del mundo a su salida del reino subterráneo, su aparición, sus milagros y profecías, y entonces solamente empecé a comprender que esta leyenda, esta hipnosis, esta visión colectiva, de cualquier modo como se la interprete, encierra, más de un misterio, una fuerza real y soberana, capaz de influir en el curso de la vida política de Asia”.

Ossendowski habla claramente aquí de “leyenda” e “hipnosis”, el mito parece surgir de las tradiciones chamánicas que impregnan el lamaísmo mucho más que del corpus budista, en ese sentido, no se consideraría el mito propiamente budista sino, como se ha dicho, propio del entorno que rodea a algún budismo, como el lamaismo tibetano, junto al cual el hinduismo recoge también la leyenda dándole sus propios perfiles.

Hay que decir que lo que recoge Ossendowski fue muy cuestionado, y que el explorador sueco Sven Hedin, que conocía el Tibet, descarta esas leyendas de boca de lamas mongoles en su obra “Ossendowski y la verdad”, atribuyendo su autoría al ocultista Alexandre Saint-Yves d’Alveydre, del cual, según Hedin, Ossendowski habría cogido en “préstamo” la cuestión de Agartha para adornar el relato de sus viajes. No obstante Hedin sí admite que el Dalai Lama en el Tibet era custodio de diferentes “secretos”.

El mito de Agartha o Agarthi dentro de su forma budista lo encontramos vinculado al lamaísmo, derivado sincrético del budismo mahayana que se extiende por el Tibet, Mongolia, Butan y Sikkim, valga recordar que los relatos de Ferdinand Ossendowski provienen de tribus mongolas que profesan el lamaísmo. El lamaísmo se forma a partir del budismo tántrico mahayana del lado derecho y de la religión Bon, culto nativo tradicional del Tibet de carácter chamánico y animista, a los que cabe añadir influencias del taoísmo y de otras religiones –aunque más vagamente- como el maniqueísmo o el cristianismo nestoriano.

En el culto Bon nos encontramos, precisamente, con la presencia de una región sagrada, especial y mágica, llamada Tagzig Olmo Lung Ring, esta tierra no se encuentra en el mismo plano de la realidad física, y solo se puede acceder a ella a partir de cierto desarrollo espiritual. Como lugar especial tiene también unas características especiales. El reino de Tagzig Olmo Lung Ring se sitúa al oeste del Monte Kailash –pico del Transhimalaya tibetano- y tiene la forma de un loto de ocho pétalos, dividiéndose en cuatro regiones: interior, media, exterior y zona de frontera .

El cielo de este reino se parece a una rueda de ocho radios y su suelo es fragante, de hermosos colores, con abundante flora y un paisaje de montañas nevadas.

En el centro de Tagzig Olmo Lung Ring se alza el Yungdrung Gutsek, es una montaña de forma piramidal que sirve como eje del mundo con nueve Yungdrungs –símbolos del dharmakaya, que personifica lo inconcebible y no manifestado y que, sin embargo, constituye la verdadera realidad, los Yungdrungs, como ejes, se relacionan con el símbolo de la esvástica-. El Yungdrung Gutsek representa una escalera ascendente que evoca las nueve formas o etapas del Bon. Las cuatro caras de la montaña piramidal se sitúan frente a los cuatro puntos cardinales. Junto a cada esquina del Yungdrung Gutsek  se encuentra un río diferente, estos cuatro ríos son representaciones símbólicas de arquetipos del pensamiento, cada uno se identifica con un animal:

Desde el león de invierno el río Narazara fluye al este
Desde el caballo el río Pakshi fluye al norte
Desde el pavo real el río Gyim Shang fluye al Oeste
Desde el elefante el río Sindhu fluye al sur.

A partir del Bon, de extraordinaria importancia en el lamaísmo de origen tibetano, vemos pues la configuración de una región especial y mística, que se encuentra fuera de la materialidad pero, sin embargo, se vincula a “lugares de poder” específicos –de hecho el Bon identifica un punto concreto del Transhimalaya, el mito de Agartha es más esquivo y multiforme-. Ese estar separado o fuera del alcance humano –al menos para la inmensa mayoría de los humanos- hace que se ubique en un supramundo o en un inframundo, es decir sea por encima de la Tierra o bajo ella se sitúa oculto y separado de los espacios cotidianos.

Además del Bon se cruzan en la configuración de Agartha algunas de las epopeyas hinduistas, a eso responde Shambhala, lugar de aparición de Kalki el avatar de Visnhú, Shambhala es también un refugio de sabios –luego un lugar de sabiduría- que serán los que se salvarán de la lucha titánica entre Kalki y el demonio Kali –que no es el mismo que la diosa Kali-, mientras que perecerá la mayor parte de la humanidad que, habiendo degenerado, apoyaba a Kali. Digamos que el “restablecimiento de la pureza” vendrá acompañado de un nada agradable “llorar y crujir de dientes”.

Agartha y Shambhala reúnen así características ambivalentes, son un lugar de refugio, de sabiduría, situado fuera del alcance humano –al menos por vías normales- dónde o bien reside un poder superior o bien aparecerá uno, pero también son un punto de riesgo, digamos que su manifestación “pública” a nuestra realidad –su irrupción en la realidad- lleva aparejado el Apocalipsis con lo que éste significa, se diría que estallado el mismo convendría estar entre la minoría que protege Kalki, el Rey del Mundo o los Superiores Desconocidos…

Cabe destacar que en las versiones en los que estos fabulosos reinos o regiones se sitúan en el interior de la Tierra, como la que recoge Ossendowski de boca de los nómadas de Asia Central, no se habla de la “tierra hueca” sino más bien de un lugar subterráneo o inframundo, curiosamente concomitante con el subterráneo País de las Maravillas de la Alicia de Lewis Carroll. Es muy diferente eso –un mundo cavernoso y troglodítico, paralelo pero no opuesto a la superficie- que algo que ocupe todo el interior de la Tierra y que, además, tiene su propio Sol –que, en puridad, haría las veces de núcleo terrestre- y otras características paradójicamente similares a las de la superficie de la corteza terrestre. 

El inframundo “agarthiano” derivado o deducido de los mitos asiáticos tiende a ser, sencillamente, una gran caverna, en ocasiones tan grande como nuestros continentes pero… caverna a fin de cuentas, lo que no es exactamente lo mismo que la idea de una “tierra hueca” que saltará a cierto esoterismo occidental y, desde él, a postulados apócrifos y fantásticos al estilo de “Viaje al centro de la Tierra” de Julio Verne, en ocasiones adornados con personas reales que devendrán a pesar suyo en personajes, como sucede, por ejemplo, con el almirante Byrd, militar y explorador estadounidense.


Jorge Romero Gil


Bibliografía

Ariza, Francisco: “La Historia y la Geografía Sagradas en la obra de René Guénon”

Blavatsky, Helena: Doctrina Secreta

Blavatsky, Helena: Isis desvelada

Guénon, René: El Rey del mundo

Ossendowski, Ferdinand: Bestias, hombres, dioses

Ossendowski, Ferdinand: El hombre y el misterio en Asia

Saint-Yves d’Alveydre, Alexandre: La misión de la India en Europa

Verne, Julio: Viaje al centro de la Tierra