martes, 13 de diciembre de 2011

Crowley y Rabelais: un tronco y unas ramas





Si hay alguien que haya llevado a la práctica el buscar los límites es Aleister Crowley, quedó para él si los encontró –o si encontró que no había límites sino una transición dentro de un continuum, pero no hay duda que los buscó.

Leyenda, teatro y gnosis

Este es uno de esos casos en los que la leyenda se suma al teatro -pues Mr. Crowley era y gustaba ser sumamente teatral- y, también uno de los ya más escasos casos, en los que al teatro se suma un fondo de conocimiento –de tipo esotérico, entendiendo por tal un conocimiento iniciático, intelectivo y obtenido gradualmente, digamos que paso a paso-.

Esa gnosis –del tipo especificado, porque hay muchos tipos de gnosis, tengamos eso siempre en cuenta-  de la que apenas se puede dudar que Crowley poseía, la revestía de una notable cantidad de teatralidad, para muestra baste un botón –bueno, mejor si son dos-, el testimonio fotográfico de los retratos de Crowley y… la muy teatral ornamentación egipcia –un poco al estilo de la zarzuela “La Corte del faraón”, con la que concuerda bastante más que con la opera “Aida” de Verdi- con canalización de Aiwass –un supuesto ente- incluida, para presentar su doctrina –o idea, no estaría muy seguro de cómo calificarla, porque lo uno lleva lo otro, pero lo otro no tiene porque llevar lo uno, lo siento, cosas de la “epoché”-  del Thelema que, en el fondo, no es sino una toma en préstamo de la utopía que Rabelais nos presenta en su “Gargantúa”, como, en un arranque de sinceridad –casi extraño, debiéramos pensar que eso sí fue algo fenomenológico, teniendo en cuenta los disfraces de Crowley- reconoció el propio autor de “El libro de la Ley” o “Liber Al Vel Legis”, en el que expone las bases de su Thelema, en puridad son sencillas, se remiten –como en el caso de Rabelais- a la etimología griega de la palabra, esto es: haz tu voluntad.

El Thélème de Rabelais

Ciertamente hay considerables diferencias en la forma de materializar –teóricamente, en puridad la puso más en práctica Crowley que Rabelais o… no, si pensamos que Rabelais solo quería exponer un modelo, no realizarlo- esa idea de “haz tu voluntad”.

Tal vez, lo mejor, para mostrarlo, sea exponer un fragmento de Rabelais y otro de Crowley. Rabelais ve así su idea de “Thélème”:

“Cómo tenían los thelemitas su manera de vivir

Tenían empleada su vida, no según leyes, estatutos ni reglas, sino según su franco arbitrio.
Se levantaban de la cama cuando buenamente les parecía; bebían, comían, trabajaban, dormían cuando les venía en gana; nada les desvelaba y nadie les obligaba a comer, beber ni hacer cosa alguna; de esta manera lo había dispuesto Gargantúa.En su regla no había más que esta cláusula: 

«Haz lo que quieras».

Porque las gentes bien nacidas, libres, instruidas y rodeadas de buenas compañías, tienen siempre un instinto y aguijón que les impulsa a seguir la virtud y apartarse del vicio; a este acicate le llaman honor. Cuando por vil sujeción y clausura se ven constreñidos y obligados, pierden la noble afición que francamente los inducía a la virtud y dirigen todos sus esfuerzos a infringir y quebrantar esta necia servidumbre, porque todos los días nos encaminamos a lo prohibido, y constantemente ambicionamos lo que se nos niega.”

(François de Rabelais, Gargantúa, página 183)

El Thelema de Crowley

Y ahora veamos como entiende “haz lo que quieras Aleister Crowley”:

1. ¡Had! La manifestación de Nuit.
2. La develación de la compañía del cielo.
3. Todo hombre y toda mujer es una estrella.
4. Todo número es infinito; no hay diferencia.
5. ¡Ayúdame, oh, guerrero señor de Tebas, en mi develación
ante los Niños de los hombres!
6. ¡Sé tú Hadit, mi centro secreto, mi corazón y mi lengua!
7. ¡He aquí! es revelado por Aiwass el ministro de Hoor-paarkraat.
8. El Khabs está en el Khu, no el Khu en el Khabs.
9. ¡Adorad entonces el Khabs y ved mi luz arrojada sobre
vosotros!
10. Que mis servidores sean pocos y secretos: regirán sobre las
mayorías y los reconocidos.
11. Estos son tontos que los hombres adoran; ambos sus Dioses
y sus hombres son tontos.
12. ¡Apareced, oh niños, bajo las estrellas y tomad vuestro
colmo de amor!
13. Estoy arriba de vosotros y en vosotros. Mi éxtasis está en el
vuestro. Mi goce es ver vuestro goce.
14. Arriba, el azur gemado es
El esplendor desnudo de Nuit;
Ella se dobla en éxtasis para besar.
Los ardores secretos de Hadit.
Ei globo alado, el azul estrellado.
Son míos. ¡Oh Ankh-af-na-khonsu!
15. Ahora sabrán que el escogido sacerdote y apóstol del espacio
infinito es el príncipe-sacerdote la Bestia; y en su mujer
llamada la Mujer Escarlata está dada todo el poder. Ellos
recogerán mis niños en su redil; traerán la gloria de las
estrellas a los corazones de los hombres.
16. Pues él es siempre un sol y ella una luna. Pero para él es la
alada llama secreta y para ella la luz estelar agachada.
17. Sin embargo, vosotros no sois así escogidos.
18. ¡Arde sobre sus cejas, oh serpiente esplendorosa!
19. ¡Oh mujer de azures párpados, dóblate sobre ellos!
20. La clave de los rituales está en la palabra secreta que a él le
es dada.
21. Con el Dios y Adorador soy nada: no me ven, como los que
están sobre la tierra; yo soy Cielo y no hay más dios: que yo
y mi señor Hadit.
22. Ahora, por tanto, me conocéis vosotros por mi nombre Nuit
y él por un nombre secreto que le daré cuando por fin me
conozca. Puesto que soy Espacio Infinito y de ello las
Estrellas Infinitas, haced vosotros lo mismo. ¡No enmarañéis
nada! Que no se haga diferencia en medio de vosotros entre
una cosa cualquiera y cualquier otra cosa; por eso viene el
daño.
23. Más quienquiera se aproveche de esto, ¡que sea el jefe de
todo!
24. Soy Nuit y mi palabra es seis y cincuenta.
25. Dividid, adicionad, multiplicad y entended.
26. Entonces dice el profeta y esclavo de la bella: ¿Quién soy y
cuál será el signo? Y así ella le contestó, doblándose, una
lamiente llama de azul, toda tocante, toda penetrante, sus
hermosas manos sobre la tierra negra y su cuerpo cimbreño
arqueado para el amor y sus suaves pies sin dañar las pequeñas
flores: ¡Tú sabes! Y el signo será mi éxtasis, la conciencia
de la continuidad de la existencia, la omnipresencia
de mi cuerpo.
27. Entonces el sacerdote contestó y dijo a la Reina del Espacio,
besando sus hermosas cejas y el rocío de su luz bañando su
cuerpo todo en un dulce perfume de sudor: ¡Oh, Nuit, la
continua del Cielo, que sea siempre así; que los hombres no
hablen de Ti como Una sino como Ninguna; y que no
hablen de ti siquiera, ya que eres continua!
28. Ninguna, respiró la luz, desfallecida y hádica, de las estrellas
y dos.
29. Pues estoy dividida por amor al amor, por el albur de la
unión.
30. Esta es la creación del mundo, así el dolor de la división es
cual nada y el goce de la disolución todo.
31. ¡No hagas caso siquiera de estos hombres tontos y sus
desdichas! Ellos sienten poco; la que es, es balanceado por
goces débiles; no obstante vosotros sóis mis escogidos.
32. ¡Obedeced a mi profeta! ¡llevad a cabo las ordalías de mi
conocimiento! ¡buscadme sólo a mí! entonces los goces de
mi amor os redimirán de todo dolor. Esto es así: la juro por
la bóveda de mi cuerpo; por mi sagrado corazón y lengua;
por todo la que puedo dar, por todo lo que deseo de vosotros.
33. Entonces el sacerdote cayó en un hondo trance o
desvanecimiento y dijo a la Reina del Cielo: ¡Escribenos las
ordalías; escribenos los rituales; escribenos la ley!
34. Sin embargo, ella dijo: las ordalías no las escribo: los rituales
serán mitad conocidos y mitad encubiertos; la Ley es para
todos.
35. Esto que tú escribes es el tripartito libro de Ley.
36. Mi escriba Ankh-af-na-khonsu, el sacerdote de los príncipes,
no cambiará siquiera una letra de este libro; aunque por
temor a la aberración, comentará sobre ello por la sabiduría
de Ra-Hoor-Khu-it.
37. También los mantras y los hechizos; el obeah y el wanga; la
obra del bastón y la obra de la espada; los aprenderá y
enseñará.
38. Ha de enseñar; pudiendo hacer severas las ordalías.
39. La palabra de la Ley es θέλημα.
40. Quien nos llama Tehelemitas no obrará mal, si se adentra en
la palabra. Pues allí dentro hay Tres Grados, el Eremita y el
Amante y el hombre de Tierra. Haz la que tú quieras será
todo de la Ley.
41. La palabra de Pecado es Restricción. ¡Oh hombre! ¡no
rehúses tu esposa, si ella quiere! ¡Oh amante, si tú quieres,
parte! No hay lazo que pueda unir lo dividido más que el
amor: todo la demás es una maldición. ¡Malditos! ¡Maldito
sea a los eones! Infierno.

(Aleister Crowley, Liber Al vel Legis)

Un tronco ¿dos ramas?

De la comparación de ambos textos una cosa queda clara: la enorme diferencia que al concepto de “libertad” –que es lo que late tras “haz lo que qyueras”- tienen Rabelais y Crowley. Ei uno muestra una libertad individual que lleva a una libertad comunal y solidaria, el otro una libertad individual que es otorgada –o disfrutada- por un grupo restringido y es absolutamente egótica.

Partiendo de la misma idea los fines son bien distintos, siendo eso, en el presente caso analizado, una obviedad, no deja de tener un trasfondo interesante, junto a las formas de cada exposición –la de Rabelais y la de Crowley- vemos como una misma idea inicial –pues poco espacio para la duda cabe en eso- se bifurca de manera tan radical en relación a sus objetivos declarados.

Tenemos, pues, que sobre un tronco común nacen dos ramas, tan distintas que casi se dirían opuestas, sin embargo Crowley se refirió a Rabelais como “Nuestro amado Maestro”, en concreto en The Antecedents of Thelema” (1926) –reconociendo tácitamente  de dónde recoge  la idea.

Cabe dentro de lo posible que la palabra clave no sea θέλημα (thelema) sino “disséminantion” (diseminación) e incluso...caos. A fin de cuentas de la ebullición del Caos surge la vida, o eso dicen algunos.


Jorge Romero Gil




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